Pedro Aranda/ unmundoporganar.blogspot.com
Tres
han sido los temas centrales en los medios de comunicación alemanes
después del proceso electoral del 27 de septiembre: los acuerdos para
la conformación de un gobiern neoliberal CDU(CSU)-FPD, la venta de Opel
a Magna, y la celebración de los 20 años de la desaparición del muro de
Berlin. Si bien la tercera cuestión no carece de relavancia histórica,
y la caída del muro supuso un acceso a ciertas libertades civiles para
millones de personas que vivían bajo un sistema de control burocrático
esclerotizado, la realidad es que este entusiasmo por el 20 aniversario
ha sido artificialmente espoleado desde medios de comunicación e
instituciones gubernamentales, y pretende algo más que celebrar:
esconder.
La "Ostalgia", un fantasma recorre el este alemán. La extrema derecha también se hace fuerte ante la desesperación social
Esconder
que un creciente descontento social que arrasa en la Alemania del este,
donde tras la caída del muro muchas personas ganaron en libertades
civiles individuales pero perdieron en derechos sociales -condición
fundamental de la libertad y justicia real, y de la que tanto se
olvidan los paladines del neoliberalismo. Se permitió a los burócratas
mantener la posesión las empresas estatales del anterior régimen,
enriquecerse y vender al mejor postor, destruyendo todo el sistema
productivo y la riqueza colectiva acumulada en las pasadas dédacas a
pesar de las deformaciones burocráticas de la RDA. Un ejemplo más de
que cuando la elites pactan transiciones "por arriba", quien resulta
perdedor siempre es el pueblo llano. La solución buscada por el
gobierno occidental fue un trasvase financiero oeste-este, el mayor de
la historia, en un intento de asimilar la economía de la ex-RDA a la de
la RFA, pretendiendo crear un mercado libre unificado, de consumo e
inversión privada. Se consiguió en términos relativos, pero a unos
costes sociales aberrantes, y con una hipoteca de futuro que empieza a
pasar recibo en la actulidad.
La apuesta de los últimos
gobiernos por una economía neoliberal con unos servicios sociales
debilitados para el conjunto del país, lejos de mejorar la situación
social la empeora, y fomenta un sentimiento anti-este entre las clases
bajas y medias de la Alemania occidental, que tienenden a culpar a los
orientales de parte de los problemas económicos del país. Esta idología
perversa de "separa y vencerás" ha sido programada desde las elites
económicas y culturales, y han conseguido crear un imaginario del
"Wessi" y "Ossy", términos políticamente incorrectos, pero muy usados y
con fuertes connotaciones en el imaginario popular. Mientras se suele
asociar a la idea de "Wessi" (ciudadano de la antigua RFA) las nociones
de laborioso, dinámico y exitoso, por el otro lado tenemos asociadas a
la idea del "Ossi" (ciudadano de la antigua RDA) las nociones de
pasivo, vividor de los subsidios estatales, sin iniciativa... Nada más
lejos de la realidad. Sencillamente, en las zonas del este hay más
precariedad que las ciudades occidentales, menos oportunidades
laborales y de promoción personal, y un futuro juvenil mucho más
incierto. Eso ha producido en las últimas décadas una masiva migración
juvenil y de mano de obra cualificada hacia el oeste, y un más rápido
envejecimiento poblacional y ralentización ecomómica de las zonas
orientales del país, lo que lógicamente las hace más dependientes de la
intervención estatal. No es exagerado hablar de una ciudadanía de
segunda categoría para los antiguos pobladores del la extinta RDA,
absorvidos por la Alemania occidental como un mal menor, pero sin un
intento real de integración en igualdad de condiciones, incluso con
cierto desdén y desinterés por su acervo cultural e historia reciente
propia.
Berlin es un lugar intermedio bastante ineresante en
este curioso mapa de reunificación. Durante la época de separación de
la guerra fría, ciudad de encuentro de gentes alternativas, artistas,
antiguerra... Al ser ciudad en la que se podía escapar de la obligación
de realizar el servicio militar propio de la RFA, pero sin interés para
las centrales actividades económicas por estar rodeada georáficamente
por la RDA.
Situada en el centro de la separación simbólica actual,
se presenta capital política y cultural pero no de la realidad
económica productiva y financiera (que se distribuyen entre Munich,
Stuttgart, Francfurt, Hamburgo, y algunas otras ciudades del sur y
oeste). Con un ayuntamiento en bancarrota ("Berlin es pobre pero sexy"
dijo su alcalde), una precariedad juvenil y migrante galopante, con un
nivel de desempleo reconicido oficialmente mucho mayor que en las otras
grandes ciudades alemanas, y una tasa de trabajo sumergido no
reconocida que se cifra extraoficialmente en el 30 % de la actividad
laboral, cualquier derecho laboral teórico sucumbe ante la situación de
facto en numerosos sectores económicos propios de las capas sociales
más débiles, agudizando su precariedad vital.
Ante esta
situación narrada en los párrafos anteriores, en su traducción
política, no es de extrañar el éxito del antiguo PDS y actual Die Linke
(La Izquierda) en los Bundeslaender (Estados-región) del este del país,
sin más pretensiones aparentes que gestionar la miseria en coaliciones
con el SPD (socialdemocracia), buscando la situación menos mala, pero
sin una alternativa clara al modelo económico imperante. Pero también
hay que atender a la fuerza emergente de la extrema derecha, que
aprovecha la frustración -y desorganización- social creciente para
intriducrise no solamente en instituciones (parlamentos regionales y
ayuntamientos) sino en las calles, siendo ya peligroso en determinadas
ciudades y pueblos caminar tranquilamente por la calle si se pertenece
determinados sectores sociales "minoritarios". Y consiguiendo hacerse
fuerte en lo que ya se consideran feudos propios, y desde ahí lanzarse
a dar soporte logístico a encuentros y movilizaciones de extrema
derecha a escala europea, como ocurre en Dresden con la marcha a
mediodos de febrero en un homenaje neonazi a los caídos al final de la
guerra mundial.
Después del muro de Berlin ¿El fin de la historia? No, solamente el comienzo del segundo capítulo
Quienes
se apuntaron de forma oportunista al lema del fin de la historia en
tanto lucha de clases propuganado por Fukujama no podían estar más
equivocados. Esta campaña propagandística de edulcoración y depurado de
la memoria histórica que se desarrolla con ocasión del 20 aniversario
de la caída del muro no pretende más que ocultar las problemáticas
actuales, y añadir una dosis de droga colectiva extra para ignorar
durante algo más de tiempo las consecuncias de una crisis económica que
han intentado ser puestas debajo de la alfombra durante la campaña
electoral. Nada que comparar con los países del sur europeo, pero cada
vez más familias de clase media empiezan a reducir sus aspiraciones
consumistas y la contradicciones sociales empiezan a funcionar por
debajo de una calma total aparente. Y en un nivel más profundo y
estratégico, intenta conseguir que entre la juventud pese como una losa
la idea que todos los intentos de alternativa al sistema dominante
acabaron en fracaso... Pero la partera de la historia es tozuda, y
empieza a asomar por la esquina de nuevo... y en adelante no va a
resultar fácil esconder mediante meras campañas propagandísticas que la
realidad cotidiana de millones de personas está cambiando a peor.
Los
poderosos de hoy tienen miedo de de un pasado que fue destruido,
reprimido, pero nunca superado. Porque el capitalismo en su forma
neoliberal que sufrimos hoy es la misma causa que llevó a producirse
las revoluciones socialistas pasadas, aunque estas fracasaran en sus
estrategias y chocaran con grandes traiciones y contradicciones
internas que las arrojaron al fracaso. Pero los motivos siguen
vigentes, esta crisis capitalista lo recuerda, y el fenómeno de la
ostalgia (juego de palabras: nostalgia de derechos sociales -pocos pero
seguros- de la Alemania del este, RDA) en la alemania oriental no es
sino una muestra de lo que está por venir. El horizonte de la historia
se abre de nuevo en Europa, después de 20 años de totalitarismo
neoliberal disfrazado de libertad individualista y consumista, al
redoble de unos medios de comunicación que ya no comunican sino que
desinforman y trabajan codo con codo junto a los grande intereses
privados para si perpetuación. Llegan las contradicciones reales de un
sistema económico insostenible en el tiempo, destructor de vidas
humanas y naturaleza. Vientos frescos del sur vienen de Latinoamérica
para recordarnos que vivimos en un mundo más internacionalizado que
nunca antes, y que la necesidad de cambio es global.
Cuando las
elites políticas y mediáticas de los países ricos se conjuran en llenar
los telediarios no solamente de fútbol, sino también de spots
publicitarios sobre el 20 aniversario de la caída del muro de Berlin,
no lo hacen en rechazo al estalinismo (que les vino bien al fin y cabo,
con la división del mundo en áreas de influencia) ni en defensa de las
libertades y la justicia. Lo hacen para intentar enterrar la memoria de
los logros de la Revolución de Octubre, y de la lucha de los
movimientos obreros que durante dos siglos mantuvo a la elites europas
en vilo. Lo hacen para extender el desánimo, llamar a la
desmovilización social y repetir de forma más azucarada aquello que la
Thatcher decía con voz metálica "There is not alternative" (TINA). Lo
repiten como si de un mantra se tratara, de diferentes formas y en
distintos tonos... tienen miedo.
Saben que la historia del
capitalismo en su fase neoliberal solamente tiene una final posible,
muy bien simbolizado en la escena inicial de película La haine: "Cuando
un tipo está cayendo desde la azotea piensa -por ahora todo va bien,
por ahora todo va bien- pero llegará el momento en que llegue al suelo
y eso es lo peor".
Saben que los que nada tienen que perder, que
comienzan a ser cada vez más, pueden dar sorpresas. Tienen miedo, y
contra eso que temen usan la propaganda masiva.
Los
muros de la vergüenza alrededor del mundo... ¿Por qué se olvidan de
ellos y los silencian? Quedan muchos otros por derribar y un mundo por
cambiar
Si decimos arriba que esta conjuración no se
realiza en nombre de las libertades y la justicia, es porque estos
mismos políticos, medios de comunicación e intelectuales que hablan con
una boca muy grande exclusivamente de la caída del muro de Berlin como
un problema único e incomparable del pasado, se olvidan conscientemente
de traer la cuestión al presente y de realizar comparaciones que son
obligatorias al hablar de muros políticos en el mundo actual.
¿Cómo
al hablar del muro de Berlin y olvidarse al mismo tiempo del muro de la
vergüenza que destruye al publo palestino? ¿Y el muro que bloquea a los
migrantes mexicanos en camino al "libre" mercado laboral estadounidense
que al mismo tiempo se permite vender sus productos en México y toda la
región? ¿Y el muro de Europa en su forma de sistema Frontex de control
de fornteras y centros de internamiento (Guantánamos) para migrantes
que buscan escapar de la miseria de países esquilmados por los
intereses de esas potencias económicas que los rechazan? ¿Y los nuevos
muros como los de Ostrovany en Eslovaquia o los campos italianos para
gitanos? Estos son los muros del silencio. Construidos contra
trabajadores migrantes y minorías étnicas. Muros de policias contra
protestas de trabajadores y parados que empiezan a arreciar en
diferentes países. Muros constriudos para destruir pueblos enteros,
como en Palestina o el Sáhara occidental.
Son los muros de la
mentira oficial. Los muros construidos por los ministerios de defensa
cuando deberían llamarse ministerios de ataque, los llamados medios de
comunicación cuando se les debería llamar de incomunicación. Para
hablar de liberalismo y la supuesta libertad que ofrece este sistema,
hace falta ignorar y esconder esos muros, olvidarlos. Esos muros que
muestran la contradicción flagrante entre la libertad de movimiento de
mercancias y la restricción de moviento de personas. El capitalismo
necesita de fuertes muros en su práctica cotidiana; los acuerdos de
liberalización económica en el marco de la Organización Mundial del
Comercio solamente han servido para privatizar y hundir la calidad de
los servicios públicos, y solamente han necesitado como contrapartida
que la sombra de la crisis asomara un poco para que los diferentes
gobiernos reaccionaran de forma proteccionista con sus propios
mercados, poniendo más muros a los productos de países empobrecidos.
Está
claro que detrás detrás de la épica y absolutización del muro de Berlin
está el intento de hacer mirar hacia otro lado, de no querer ver los
otros muros sobre los que se sustenta el sistema capitalista
victorioso, ese que prometía libertad y justicia a todos los pueblos
del mundo. Y que para conseguir esas supuestas bondades no encuentra
otra forma que construir barreras físicas y legales para expulsar a
migrantes que escapan de miseria, invasiones de países y destrucción
del madio ambiente para disponer de materias primas baratas para un
mercado mundial de materias cada vez más competitivo. Este sistema
necesita de muchos más muros, más grandes y crueles, que cualquier otro
sistema que haya existido sobre el planeta.
Esto es lo que
quieren escondernos dirigiendo todos los focos hacia un muro que ya no
existe y cuya realidad actual se reduce a mero reclamo turístico.
Reclamo el cual, que si todo los pedazos de muro que se venden en las
tiendas del souvenirs berlinesas fueran verdaderos, debería haber sido
tan largo como para rodear no solamente una ciudad sino un continente
entero. Tal vez esta sea una buena metáfora de la crisis financiera que
amenaza con llevarse todo por delante: se pretende vender todo lo más
rápido posible, aunque no exista en realidad, y sin preucuparse por los
métodos. Son vendedores de humo. Y para vender humo hace falta mucho
espectáculo y propaganda.
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