Yvan
Lemaître / NPA
A pesar de su reelección, Karzai está debilitado. Los EEUU y sus
aliados son arrastrados por el escándalo del fraude y la corrupción.
Ante
el riesgo de ver su puesta en escena electoral completamente desacreditada, los
Estados Unidos le han obligado a aceptar
una segunda vuelta, que se ha convertido en el segundo acto de la farsa
electoral organizada a cuenta de los ejércitos de ocupación por su fantoche. Fantoche
que ha cogido a sus comanditarios en su propio juego para imponerse creando una
situación de crisis que arruina las pretensiones de la nueva estrategia Obama.
A
penas Karzai designado, se sabía que su hermano, ya implicado en el tráfico de
opio en el sur del país, era pagado por la CIA desde hacía años. De hecho, lo
que los jefes de la OTAN llaman “afganización” de la guerra, es la corrupción
generalizada. El dinero gastado en el país sirve por mil y un canales para
alimentar la corrupción bajo todas sus formas, para comprar los servicios de
los señores de la guerra de los que tienen necesidad las tropas de ocupación, para comprar a los combatientes o talibanes “arrepentidos”,
etc. Y hoy Obama pretende la ridiculez de pedir a su marioneta que actúe “mucho
más seriamente” contra la corrupción cuando sabe muy bien que su propia política
está en su origen a todos los niveles del estado, con Karzai como primer
organizador y beneficiario.
En
nombre de esta cínica política Obama y sus aliados demandan a los soldados
americanos, ingleses, alemanes, franceses… que sacrifiquen su vida. El número
de soldados muertos no deja de aumentar: 56 americanos durante el mes de
octubre, el mes más sangriento para los Estados Unidos desde el comienzo de la
guerra hace ocho años. Brown, el primer ministro británico, se indigna. Declara
que no quiere en absoluto arriesgar la vida de sus hombres por un gobierno “que
no actúa contra la corrupción”. Pero ni se le pasa por la cabeza la idea de
retirar las tropas cuando la oposición a la guerra se amplía en Gran Bretaña.
Las grandes potencias están atrapadas en su propia trampa. Su política es un fracaso que no les deja puerta de salida. El jefe de las tropas de la OTAN, Stanley McChristal reclama el envío de refuerzos, entre 10.000 y 40.000 hombres. El secretario general de la OTAN, Rasmussen, exhorta a los europeos a implicarse más. Obama duda, consulta, difiere su decisión, pero no podrá de una forma u otra, sino plegarse a las exigencias de los militares, la huida hacia adelante, a riesgo de arrastrar a toda la región, incluido Pakistán, a la guerra y una crisis aguda.
Traducción Alberto Nadal
Izquierda Anticapitalista




