La Trampa Afgana.

Miércoles 18 de noviembre de 2009

 Yvan Lemaître / NPA

A pesar de su reelección, Karzai está debilitado. Los EEUU y sus aliados son arrastrados por el escándalo del fraude y la corrupción.

Karzai acaba de ser proclamado presidente de Afganistán como consecuencia de la anulación de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, tras la retirada de su único rival Abdulá Abdulá, que no había recibido ninguna garantía contra un nuevo fraude masivo. El rey está desnudo, sin credibilidad ni legitimidad, campeón del fraude y de la corrupción. Mascarada que ridiculiza las pretensiones democráticas de los Estados Unidos y de sus aliados. Karzai había intentado hacerse proclamar vencedor desde la primera vuelta gracias a un fraude masivo conocido por todo el mundo.

Ante el riesgo de ver su puesta en escena electoral completamente desacreditada, los Estados Unidos le han obligado a aceptar una segunda vuelta, que se ha convertido en el segundo acto de la farsa electoral organizada a cuenta de los ejércitos de ocupación por su fantoche. Fantoche que ha cogido a sus comanditarios en su propio juego para imponerse creando una situación de crisis que arruina las pretensiones de la nueva estrategia Obama.

A penas Karzai designado, se sabía que su hermano, ya implicado en el tráfico de opio en el sur del país, era pagado por la CIA desde hacía años. De hecho, lo que los jefes de la OTAN llaman “afganización” de la guerra, es la corrupción generalizada. El dinero gastado en el país sirve por mil y un canales para alimentar la corrupción bajo todas sus formas, para comprar los servicios de los señores de la guerra de los que tienen necesidad las tropas de ocupación, para comprar a los combatientes o talibanes “arrepentidos”, etc. Y hoy Obama pretende la ridiculez de pedir a su marioneta que actúe “mucho más seriamente” contra la corrupción cuando sabe muy bien que su propia política está en su origen a todos los niveles del estado, con Karzai como primer organizador y beneficiario.

En nombre de esta cínica política Obama y sus aliados demandan a los soldados americanos, ingleses, alemanes, franceses… que sacrifiquen su vida. El número de soldados muertos no deja de aumentar: 56 americanos durante el mes de octubre, el mes más sangriento para los Estados Unidos desde el comienzo de la guerra hace ocho años. Brown, el primer ministro británico, se indigna. Declara que no quiere en absoluto arriesgar la vida de sus hombres por un gobierno “que no actúa contra la corrupción”. Pero ni se le pasa por la cabeza la idea de retirar las tropas cuando la oposición a la guerra se amplía en Gran Bretaña.

Las grandes potencias están atrapadas en su propia trampa. Su política es un fracaso que no les deja puerta de salida. El jefe de las tropas de la OTAN, Stanley McChristal reclama el envío de refuerzos, entre 10.000 y 40.000 hombres. El secretario general de la OTAN, Rasmussen, exhorta a los europeos a implicarse más. Obama duda, consulta, difiere su decisión, pero no podrá de una forma u otra, sino plegarse a las exigencias de los militares, la huida hacia adelante, a riesgo de arrastrar a toda la región, incluido Pakistán, a la guerra y una crisis aguda.

Traducción Alberto Nadal

 

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