Marcha Mundial de las Mujeres
La raíz de la violencia
hacia las mujeres está en el sistema patriarcal y el capitalismo, que imponen
una necesidad de control, apropiación y explotación del cuerpo, vida y
sexualidad de las mujeres. El patriarcado funciona a través de dos principios:
la noción que las mujeres son propiedad de los hombres (y por eso las mujeres
estarían al servicio de los hombres y no podrían decirles que no nunca) y la
división de las mujeres en dos categorías: “santas” y “putas”. Como parte de ese
sistema, la violencia es la punición para aquellas que no se encuadran en el
papel de la “santa” buena madre y esposa. Por ejemplo, es común que los hombres
justifiquen que agredieron, verbal o físicamente, a sus esposas porque la comida
no estaba lista o porque la ropa que querían ponerse no estaba limpia. También
es un castigo para aquellas que son consideradas “putas” y los agresores y la
sociedad justifican la agresión diciendo que la mujer estaba caminando sola de
noche, o porque son lesbianas y se les debe enseñar a ser heterosexuales, o
porque la ropa que la mujer usaba no era decente.
Como parte de la cultura
patriarcal, la masculinidad está asociada a la agresividad, y a los jóvenes se
les enseña que ser violentos (y no mostrar emociones) es ser un “verdadero
hombre”, empujándolos –en algunos casos– a unirse a bandas sexistas o racistas.
Nuevas formas de violencia con respecto a jóvenes mujeres, como asedio sexual
hacia las estudiantes y violencia de grupos en las escuelas, se revelan y crecen
cada día. Las mismas instauran relaciones y divisiones sexistas de papeles entre
jóvenes mujeres y hombres sin que haya cualquier discusión pública sobre esos
estereotipos devastadores. La noción impuesta por el patriarcado
de que las mujeres son la propiedad de los hombres incluye también un aspecto
económico que se expresa en la unión entre el patriarcado y el capitalismo,
imponiendo una división sexual del trabajo con roles “naturales” para mujeres y
hombres. De esta forma, las mujeres son caracterizadas como mano de obra muy
barata siempre disponible para el cuidado de los otros y para todo el trabajo
que esto implica. Así, asistimos a dos niveles de dominación de las mujeres
dentro de los sistemas patriarcal y capitalista: por un lado, hay una
explotación del trabajo de las mujeres y, por otro, la violencia como
herramienta para mantener la dominación del hombre. Y, por lo tanto, no podemos
hablar en la erradicación de la violencia hacia las mujeres sin demandar la
erradicación de los sistemas patriarcal, capitalista y colonialista.
La violencia contra las
mujeres y la misoginia son intensificadas en la medida en que los actores y
políticas de la globalización neoliberal se afianzan en la economía. El
feminicidio
aumenta cuando se promueven y firman acuerdos de libre comercio en las Américas
(como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte – NAFTA en
inglés, bajo el cual los lugares de trabajo, como las fábricas, aprovechan de la
flexibilidad de las leyes laborales y ambientales): un gran número de mujeres
mexicanas son asesinadas, por ejemplo, cuando cruzan la frontera con los Estados
Unidos y en la propia ciudad fronteriza de Ciudad Juárez. El ataque a los
derechos reproductivos y a los servicios de salud ha ido en aumento a medida que
los servicios sociales se han ido privatizando o se les ha recortado el
presupuesto. Cada vez más, son traficadas mujeres cada vez más jóvenes, a medida
que se globaliza la industria sexual. Las mujeres son violadas en guerras
desatadas en nombre de la “propagación de la libertad” y en las invasiones
realizadas por potencias extranjeras (como la invasión americana a Afganistán)
que se “justifican” en nombre de la defensa de los derechos de las mujeres.
¿Cómo podemos luchar
contra la violencia hacia las mujeres?
En muchos países ya hay
leyes y convenciones internacionales como
Sabemos que las medidas
punitivas son necesarias, pero insuficientes para erradicar la violencia; en
aquellos países donde existen es difícil que lleguen a las mujeres que no
pertenecen a la categoría clase media, urbana y blanca. Tenemos
que exigir que nuestros Estados se hagan responsables, demandar políticas
públicas para las sobrevivientes de violencias, para las mujeres y niños
traficados, para los grupos minoritarios (mujeres de color, de determinada
religión, etc.), para las mujeres rurales, migrantes e indígenas. Pero además,
son necesarias acciones que busquen prevenir y que cohíban los actos de
violencia antes de que ocurran.
Tenemos también que
discutir el rol de los gobiernos y del Estado. Hoy día el Estado es
simultáneamente protector y opresor, a la vez portador del interés general y
defensor de los privilegios, y patriarcal y violento (contra las mujeres,
pueblos indígenas, migrantes, personas de color.
Incluso la policía que hace cumplir muchas de las políticas que demandamos, a su
vez es la misma que perpetra la violencia hacia las mujeres, reprime a los
movimientos sociales y es parcial en términos sociales y raciales. Reconocemos
la contradicción inherente de esta situación, pues el hecho es que, para muchas
mujeres, contar con el Estado, que representa un poder exterior y superior, es
la única forma que tienen para defenderse contra la violencia en sus comunidades
y familias.
Por el contrario, el Estado
que nosotras demandamos es aquel que promueva las libertades y derechos para
todas y todos, que intervenga en la economía y que esté
estructurado con formas diversificadas de democracia participativa y control
ciudadano.
Las mujeres siempre han
resistido, y siguen resistiendo, en el ámbito individual y colectivo. Siempre
que una mujer actúa de esa forma, al desafiar o denunciar la violencia contra
ella misma o mujeres de su comunidad, está rompiendo con el paradigma
dominante. Necesitamos apoyar su resistencia al condenar y
denunciar a los hombres que cometen violencia contra las mujeres, y confrontar
públicamente a los hombres y a la sociedad sobre el tema de la violencia hacia
las mujeres. También debemos denunciar la complicidad de hombres, Estados e
instituciones tales como las fuerzas armadas y religiones. Necesitamos movilizar
a la sociedad civil, pensar estratégicamente y promover acciones radicales para
la prevención y denuncia de la violencia masculina contra las mujeres. En ese
proceso, las mujeres del sector no lucrativo –que brindan servicios que son
esenciales para el empoderamiento y atención de las mujeres– y movimientos
locales fuertes –donde las mujeres de las comunidades son protagonistas– juegan
un papel decisivo.
Nosotras de
Los grupos de mujeres se
fortalecen a través de encuentros de diálogo, debates, manifestaciones, trabajos
corporales de auto-defensa. El objetivo no es ubicar a la violencia sexista como
un problema de algunas mujeres, sino fortalecernos a todas, aprendiendo y
reaprendiendo a resistir, a construir y reconstruir nuestras vidas sin
violencia.
Valorizamos como un paso
importante en esta lucha el hecho de que movimientos sociales mixtos –que sean
urbanos o rurales– se dispongan a enfrentar a la violencia contra las mujeres.
Para este fin, declaramos nuestra solidaridad con
Frente a la violencia
hacia las mujeres, demandamos:
La adopción de medidas que
indiquen el compromiso de los diversos actores para reconocer a las mujeres como
individuos y ciudadanas de pleno derecho desde la infancia. Por ejemplo: la
utilización de lenguaje inclusivo en materiales didácticos, la promoción de una
educación no-sexista que rompa con la división sexual e jerárquica de roles
entre niños y niñas, campañas de concienciación popular y la garantía de
espacios de participación política;
El apoyo con recursos a los
movimientos de mujeres y grupos de mujeres sin fines de lucro, que están al
frente en el soporte de las que se recuperan de discriminaciones, abusos y
violencias;
La atribución de responsabilidad
a los medios comerciales como portavoces de los sistemas patriarcal y
capitalista por la continua mala representación, apropiación y abuso del cuerpo
femenino;
La prevención de la violencia
hacia las mujeres y niñas por medio de actividades de sensibilización,
explicitando cómo ocurre la violencia, cuáles son sus causas, y cómo se
manifiesta, así como por medio del estimulo a la auto organización de las
mujeres;
La condenación del uso
sistemático del cuerpo de las mujeres como arma de guerra en conflictos armados,
así como el rechazo que ellas enfrentan (y los niños nacidos producto de
violaciones) de parte de sus familias y comunidades, siendo culpadas por la
violencia que han sufrido;
La punición de los perpetradores
de la violencia - sea en la esfera privada, sea en la esfera pública - hacia las
mujeres.
Y nos comprometimos
a:
Denunciar las distintas
expresiones de la violencia patriarcal hacia las mujeres en los diversos países,
como (pero no limitado a), el feminicidio, las mutilaciones genitales, el
levirat - sororat, "crímenes de honor”, turismo sexual, tráfico de mujeres y niñas, esterilización
forzada y las situaciones de violencia vividas por las mujeres comprometidas con
las luchas, las mujeres encarceladas, las lesbianas y las mujeres
con discapacidades;
Trabajar para transferir hacia
los hombres perpetradores de la violencia el estigma que actualmente recae sobre
las mujeres victimas;
Denunciar la mercantilización del
cuerpo de las mujeres y continuar el debate sobre la prostitución,
especialmente por ocasión de
Dar visibilidad a todas las
formas de resistencia de las mujeres a la violencia sexista, sobre todo en
ámbito colectivo, y de esta forma romper la cultura del silencio en nuestras
comunidades que rodean a esta violencia;
Combatir la violencia a través de
acciones de sensibilización junto a movimientos sociales aliados, y campañas de
educación popular que favorezcan la concienciación feminista;
Hacer visibles los vínculos entre
las políticas patriarcales que perpetúan la violencia contra las mujeres (tales
como la impunidad para los agresores, la negación de la autodeterminación
reproductiva, criminalización de mujeres activistas, prohibición del aborto,
etc.) y actores y políticas neoliberales. Llamar la atención sobre el
feminicidio, por ejemplo, y sus vínculos con los acuerdos de libre
comercio;
Trabajar en alianza con
movimientos sociales mixtos (en los cuales hombres y mujeres participan) para
garantizar la construcción de un ambiente en el cual la violencia contra las
mujeres no sea aceptable (y de espacios físicos libres de violencia) como
principio rector de estos movimientos.
*Texto referente al campo de acción “Violencia hacia
las mujeres”, de subsidio a la preparación de
Izquierda Anticapitalista




