Entrevista a Esther Vivas, diez años después de la ‘batalla de Seattle’
Pere Rusiñol | Público
Esther Vivas (Sabadell, 1975), del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universidad Pompeu Fabra, acaba de publicar junto con Josep Maria Antentas Resistencias globales. De Seattle a la crisis de Wall Street (Editorial Popular), una crónica del movimiento antiglobalización vivida en primera persona desde sus orígenes.
¿Qué representó Seattle?
Fue el punto de inflexión de las resistencias a la globalización neoliberal. Convergieron varios actores (sindicalistas, jóvenes, etc.) y marcó el imaginario colectivo y de movilización. Pero no surgió de la nada. El zapatismo se levantó ya en 1994 contra el Tratado de Libre Comercio uniendo la lucha local con la global.
¿Qué victorias ha conseguido el movimiento antiglobalización?
La
reunión de Seattle fracasó, se logró parar el Acuerdo Multilateral de
Inversiones (AMI)... Pero ha habido dificultades en conseguir victorias
concretas porque las resistencias aumentaron, pero también la
intensidad de las políticas que combatíamos. El mayor éxito ha sido el
descrédito de las instituciones internacionales que fueron artífices
del modelo de globalización capitalista. Ahora vivimos una crisis
sistémica que da la razón a lo que decía el movimiento hace ya tanto
tiempo.
Las instituciones han asumido algunos de vuestros postulados. ¿No es
también un éxito?
Lo que ha habido es un intento de cooptar parte de
nuestro discurso para legitimar sus prácticas. Dan respuestas de
maquillaje, que no buscan cambios, sino retoques básicamente de imagen.
Cada gran cumbre es un ejemplo: hay grandes declaraciones sobre la
pobreza u otras cuestiones, pero sin repercusión práctica. Son palabras
vacías.
¿El movimiento sigue existiendo como tal?
En 2004, después de las
grandes movilizaciones contra la guerra de Irak que no lograron
pararla, las luchas se nacionalizaron y localizaron: centrándose en los
asuntos más cercanos y concretos, sin perder la perspectiva global.
Quizá es menos visible, pero ha quedado un tejido muy vivo de
resistencias, con prensa alternativa, economía solidaria y otras
fórmulas que tienen su origen en lo que pasó en Seattle.
¿Pero estas redes son reactivables para movilizaciones masivas?
Sí
porque el tejido es fértil y se han conservado espacios de referencia
como el Foro Social Mundial, pese a sus debilidades.
¿Cuál es la relación con la política de partidos?
En la primera etapa
primaba la visión que aspiraba a cambiar el mundo sin tomar el poder.
Pero se vio que el movimiento per se tiene grandes limitaciones. Ahora
está más claro que existe la necesidad de actuar también políticamente.
Entrevista en Público, 29/11/09.
























































