Julien Salingue/ Viento Sur
Los debates sobre las declaraciones de Mahmoud Abbas (Abu Mazen), que
amenaza con no volverse a presentar a la Presidencia de la Autoridad
Palestina (AP), se focalizan sobre una pregunta: ¿Estamos, si o no,
ante un “farol” del Presidente palestino, destinado a “poner bajo
presión” a la Administración Obama para que ésta suba su nivel de
exigencia respecto a Israel?. Esta pregunta, demasiado coyuntural,
oculta lo esencial: la decisión de Abu Mazen, aún cuando la
reconsiderara, revela en realidad el callejón sin salida estratégico en
el que se encuentra la dirección de la AP y, más allá, anuncia el fin
del “proceso de paz” abierto en 1993.
Un aparato de Estado sin Estado.
La “Autoridad Palestina de autogobierno interino” creada por los
Acuerdos de Oslo (1993-1994), fue concebida como un proto-aparato de
Estado encargado de administrar las “zonas autónomas” palestinas,
territorios palestinos ocupados desde 1967 de los que el ejército
israelí se ha retirado progresivamente a partir de 1994. Para extender
la superficie de los territorios bajo su responsabilidad, y para
avanzar hacia un “acuerdo sobre el estatuto final”, la AP debía
demostrar su capacidad de imponerse como poder legítimo y estable,
capaz de mantener el orden en “sus” zonas, previniendo todo acto de
hostilidad hacia Israel, instalaciones militares israelíes y colonias.
Desde 1967 y la conquista militar del conjunto de Palestina, Israel
estaba confrontado a una dificultad mayor, revelada a ojos del mundo
entero por la Intifada de 1987: el Estado “judío y democrático”
administraba directamente territorios poblados por varios millones de
no judíos y debería tarde o temprano elegir entre el carácter judío y
el carácter democrático del Estado. La creación de la AP debía
responder a esta problemática, librando a Israel de la gestión de las
zonas palestinas más densamente pobladas a la vez que no ponía en
cuestión su dominio sobre más del 90% de la Palestina histórica.
La AP no ha sido jamás, en los hechos, el futuro gobierno del futuro
Estado palestino sino un aparato de Estado sin Estado integrado en las
estructuras de la ocupación y sobrefinanciado por los países donantes.
Su tarea ha sido descargar a Israel de las atribuciones que
corresponden, según el derecho internacional, a toda potencia ocupante
(educación, salud, servicios sociales…). Ha jugado también el papel,
vía una cooperación securitaria cotidiana con los servicios israelíes,
de subcontrata de las tareas de mantenimiento del orden en las zonas
autónomas. En fin, mediante la firma de acuerdos económicos con Israel,
ha jugado un papel clave en la normalización de las relaciones
comerciales israelo-árabes.
Durante los “años de Oslo”, los territorios palestinos han sido
fragmentados en decenas de entidades con estatus jurídicos diversos,
aisladas las unas de las otras por múltiples puntos de control
israelíes y las carreteras reservadas a los colonos. El número de
colonos se ha doblado entre 1993 y 2000, mientras que la superficie de
las zonas autónomas alcanzaba a penas el 18% de Cisjordania y Gaza.
Desprovista de soberanía real, la AP ha desarrollado un sistema
patrimonial, autoritario y clientelista, en el que solo una minoría de
privilegiados ha parecido beneficiarse del “proceso de paz”.
Abbas, ¿”Hombre adecuado”?
Todas las condiciones estaban reunidas para un nuevo levantamiento, que
ocurrió en septiembre de 2000, dirigido tanto contra la política
israelí como contra los atascos del proceso negociado. Yasser Arafat
alentó este levantamiento sobre el que esperaba apoyarse para obtener
más en las negociaciones, a la vez que favorecía su militarización para
no perder terreno frente a Hamas. Israel decidió entonces aislar a
Arafat y favorecer el ascenso de dirigentes más proclives al
compromiso, en cuya primera fila estaba Mahmoud Abbas. Fue así como
Abbas fue invitado a una “cumbre por la paz” con Georges Bush y Ariel
Sharon en junio de 2003, mientras Arafat seguía encerrado en su cuartel
general en Ramalá.
¿Iba a triunfar Abu Mazen allí donde Yasser Arafat había fracasado? Tal
fue la apuesta de los Estados Unidos y de Israel cuando apoyaron al
candidato Abbas en las elecciones presidenciales de 2005. Pero las
legislativas de 2006 revelaron el carácter arriesgado de la apuesta:
victoria de Hamas y derrota de la mayor parte de los dirigentes de la
AP. La población palestina expresó su rechazo al sistema de Oslo y a su
personal político, eligiendo una organización que encarnaba la
prosecución de la resistencia a la ocupación y el rechazo a los
compromisos. Son las contradicciones inherentes al proceso de Oslo las
que quedaron al desnudo: ningún poder autóctono será legítimo y estable
si no obtiene la satisfacción de los derechos nacionales de los
palestinos.
Rechazando admitir el fracaso de la lógica de Oslo, la “comunidad
internacional” no reconoció la victoria de Hamas. La dirección
histórica de la AP, por su parte, hizo todo lo posible, en el espíritu
de Oslo, para conservar su legitimidad internacional a la vez que se
debilitaba un poco más aún en el plano interno: nombramiento de un
antiguo alto funcionario del FMI al puesto de Primer Ministro (Salam
Fayyad), desarrollo de un régimen policial y desarme de la resistencia
en Cisjordania, demanda de atraso del examen del informe Goldstone…
Abbas ha aceptado todo. A cambio de nada. El muro y las colonias han
continuado extendiéndose (500.000 colonos hoy, es decir 4 veces más que
en 1993), la judaización de Jerusalén se ha acelerado, las incursiones
israelíes en el corazón de las zonas “autónomas” son cotidianas….
Más que el desgaste de un hombre, las amenazas de Abu Mazen son
reveladoras del desgaste de un proyecto. Ante nuestros ojos se cierra
el paréntesis de Oslo: el “proceso de paz” es una ficción, la autonomía
palestina una quimera, y el Presidente de la Autoridad Palestina no es
en realidad Presidente de nada. La descomposición del sistema puesto en
pie por los Acuerdos de Oslo se acelera y es la idea misma de un Estado
palestino independiente la que esta desapareciendo. El Estado de Israel
se verá entonces confrontado a una situación que ha querido siempre
evitar pero a la que su política le habrá inexorablemente llevado:
palestinos que no luchan por una entidad política independiente sino
por la igualdad total de derechos, en el seno de un mismo Estado.
Publicado el 23 de noviembre de 2009 en http://www.rue89.com/2009/11/23/ver...
NB: Una versión más amplia de este artículo estará pronto disponible.
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR
Izquierda Anticapitalista




