Editorial de
prensa Marea Socialista nº 24
El año 2009 está terminando con novedades y peligros. ¿Novedad? El discurso del presidente Chávez en la inauguración del Congreso del PSUV. Allí planteó la necesidad de atacar los problemas de fondo que sufre la revolución. ¿Novedad? El anuncio de constituir una organización internacional de izquierda. Esto último ha levantado mucho ruido en todo el mundo.
¿Peligros?
Entre el pueblo chavista, hay desilusión y en algunos casos desengaño. La enorme abstención en la elección para los delegados al Congreso del partido (más del 52% de los habilitados para votar no lo hicieron, según datos oficiales) es una muestra de eso. Lo son también las críticas, la molestia y hasta el desprecio con que sectores importantes del pueblo revolucionario catalogan a funcionarios del alto gobierno como responsables de los problemas urgentes que no encuentran solución.
En este marco, la pregunta oportuna y necesaria es: ¿Cuál es el peor enemigo de la Revolución Bolivariana? Una respuesta superficial y rápida podría designar al imperialismo, sus agresiones y sus bases en Colombia como un enorme enemigo, y esto es cierto. Otra podría imaginar a la derecha oligárquica y entreguista, y todo ello sería verdad. Inclusive, la asociación de imperialismo y oligarquía podría ser vista como un enorme escollo para el desarrollo de la revolución.
Sin embargo, en la conciencia de nuestro pueblo quedó gravado que todo 11 tendrá su 13, y que el pueblo revolucionario reaccionaría unido y decido, a dar batalla frente a cualquier ataque del imperialismo y la oligarquía. No obstante, no está aquí el principal de los problemas.
Cuando después de años y con enormes inversiones, hay que reconocer la crisis en el sistema de salud pública; cuando los apagones obligan a mirar cara a cara la crisis eléctrica; cuando el presidente reclama que aparezcan responsables de muchos de los desmanes que el pueblo sufre a diario y estos no aparecen; cuando pide que se empoderen los trabajadores que hace años vienen anunciando esta situación y la burocracia les cierra el paso; cuando por fin encarcelan a uno de los banqueros que más negocios millonarios hizo con el gobierno e intervienen a sus bancos mostrando un sistema financiero que trabaja en contra de la revolución, etc., podemos observar que no son la oligarquía o el imperialismo los responsables de esos hechos. Los responsables de esos y otros hechos están en el interior del proceso. Viven en la propia revolución: Es la burocracia, la del Estado, la del gobierno y la del propio partido.
La sensación que hay en la calle es que casi nada o muy poco de lo que se prometa o se impulse desde el gobierno finalmente será cumplido. Y esto desmoraliza, quita confianza, y hace bajar los brazos al pueblo revolucionario. El problema es que algunos están dejando de creer en el futuro de la revolución y hasta de la lucha por el socialismo. Da arrechera y desespera. Se escuchan en el Aló presidente o en las apariciones de Chávez líneas de acción e inversiones y no se termina de ver en la realidad que se avance hacia la solución efectiva de los problemas populares. Anuncios e inversiones que se pierden en el camino del burocratismo y de la corrupción.
En estos diez años de revolución se ha ido construyendo una burocracia de Estado. De un Estado Burgués, capitalista. Una parte es un lastre heredado del que no nos hemos desecho; la otra es nueva. Este Estado es un freno para el avance de la revolución, y la burocracia que lo dirige lo defiende porque es el oxigeno para mantener sus privilegios. El Estado capitalista, aunque debilitado, está todavía en pie; se mantienen íntegros los mecanismos para beneficiar a las clases explotadoras y a sus gerentes dentro de la estructura estatal.
La inversión milmillonaria en salud, vivienda y en otros sectores necesarios para el pueblo pobre no ve sus resultados más allá de los primeros logros alcanzados por el proceso. Fue necesario reimpulsar Barrio Adentro, en crisis. Es imprescindible implantar un plan de solución a los problemas energéticos. Pero, mientras el presidente dice que se debe dar participación a los trabajadores, el nuevo ministro de electricidad hace todo lo posible por no convocarlos a que se hagan cargo de la empresa. Entonces, la furia crece y, a veces, es mucha la desilusión. En medio de esto, la voluntad de lucha asoma en la Venezuela Bolivariana. La burocracia defiende sus negociados y privilegios, los trabajadores para hacerse cargo de la economía y el funcionamiento del país deberán luchar y ya lo están haciendo, duramente, contra el propio gobierno.
Congreso Extraordinario
Extraordinaria, la manipulación en cada región, gobernación, alcaldía en la elección de los delegados al Congreso del PSUV. ¿Resultado? Un Congreso con una mayoría de delegados compuesta de militantes funcionariales, vulnerables a votar cualquier cosa que sus empleadores le indiquen. El sacudón que le dio el presidente en el acto inaugural no será suficiente para que el aparato electorero y clientelar se convierta en un partido revolucionario. La burocracia no lo quiere. La base, los verdaderos delegados elegidos por la voluntad de las bases deben ser garantes del derecho de los militantes y la revolución. Sin verdadera democracia se estará construyendo una cáscara vacía. Sin participación no habrá ideas nuevas para la revolución. Sin crítica, y propuestas de profundización revolucionaria, triunfará la ideología de la burocracia, que busca que nada cambie. Se ahogarán los nuevos planteamientos que lanzó el presidente.
Es hora de cambiar
De iniciar la profundización de la revolución sin confundir al enemigo que abre la brecha a todos los demás enemigos. Si el pueblo va a gobernar no puede ser a través de la burocracia. Solo será contra la burocracia. Un nuevo impulso es necesario para salvar a la revolución bolivariana. Un impulso antiburocrático y profundamente obrero, popular y democrático. La burocracia, es el peor enemigo de la revolución. Para avanzar es necesario derrotarla.
Izquierda Anticapitalista




