Víctor Colomer | Entrevista
a Josep Maria Antentas en el Diari Sabadell
Profesor de sociología a la UAB, militante de Revolta Global-Izquierda Anticapitalista y activista en varios movimientos «antiglobalización», el sabadellense Josep Maria Antentas Collderram, 33, es co-autor del libro Resistencias globales de Seattle a la crisis de Wall Street. La otra co-autora es la también sabadellense y luchadora incansable, Esther Vivas.
Si la justicia, la solidaridad o vuestro propio movimiento tienden a ser globales, por qué os llamáis «antiglobalización»?
Efectivamente es un término equívoco. También se llama altermundialismo que ya es más positivo.
¿Qué quiere decir que el libro
hace un recorrido por la «geopolítica
de las resistencias»?
Es el itinerario por el planeta de las diversas movilizaciones: Seattle, Oporto
Alegre, Barcelona, Niza, Praga, Florencia...
Movimientos que surgen siempre como reacción a reuniones, cumbres económicas o políticas: G-20, G-8, Banco Mundial, Davos...
La idea es ir a los centros de poder dónde se toman las decisiones que nos afectarán a todos. Cada vez más tenemos agenda propia.
Pero nunca os escuchan. Siempre hay un cordón policial entre vosotros y ellos.
Son dos lógicas diferentes: una defensa el poder de una minoría y la otra los
bienes comunes y la solidaridad.
¿Se ha conseguido nunca algo
concreto?
El balance de los diez años es contradictorio. Hemos tenido éxito al
desautorizar y deslegitimar las políticas neoliberales, pero se han conseguido
muy pocas victorias.
¿Qué perseguíais?
Reducir el poder de las finanzas, eliminar paraísos fiscales, perdonar la deuda
externa a los países del sur, reforzar los pequeños campesinos... ya se habla
de todo, pero nada ha cambiado.
Sarkozy pide una reforma del
capitalismo.
Con la crisis se ha acelerado tanto la desautorización del sistema que los
propios gobernantes se ven obligados a reconocer que algo no funciona.
¿Pura retórica?
Sí porque sólo se habla de cambios
cosméticos en el sistema. Hemos conseguido deslegitimar como nunca el sistema
económico. Pero nada más.
¿Hay una alternativa al
capitalismo más justa?
El movimiento antiglobalización propone planes para hacer más democráticas las
instituciones internacionales.
¿Propuestas concretas?
El impuesto Tobin, por ejemplo, impediría el movimiento especulativo de capitales. De ideas hay muchas.
¿Solidaridad contra enriquecimiento?
Todo es resume en un concepto: el mundo no es una mercancía.
A los granos ejecutivos esto los suena a
pura tontería de cuatro alocados.
¿Todavía estáis a años luz las dos visiones el mundo?
Sí porque se defienden intereses contrapuestos. Son lógicas irreconciliables.
Nuestro movimiento desgasta las políticas, pero todavía es débil para
cambiarlas.
Saben los amos del mundo que sus
decisiones son injustas?
Sí, perfectamente. No pueden alegar ignorancia porque las consecuencias de la política neoliberal ya hace años que son
evidentes.
¿A qué se refiere?
Las condiciones de vida en, por ejemplo, América Latina, se han hundido. A los
años 80 se los recuerda como «la década perdida» y en los 90 se repitió la
fórmula.
Pues duermen muy tranquilos.
Claro, favorecen sus intereses, los del gran capital y las multinacionales.
¿La actual aceptación del cambio
climático demuestra que, a la larga, algunos movimientos populares acaban
siendo asumidos por los políticos?
A veces llega un punto en qué los políticos ya no pueden seguir negando
evidencias y no tienen mas remedio que
asumirlo. Pero cuidado porque entonces sólo adoptan medidas muy superficiales.
¿A los poderes económicos no hay manera de influenciarlos?
Es que el mismo poder económico no debería tener tanta influencia en la sociedad. Los políticos son sus títeres.
¿El capitalismo es
antidemocrático por definición?
Casan mal.
No hay feeling.
Izquierda Anticapitalista




