Antonio Liz
Hace ya años, en el transcurso de un debate, me dijeron que hablaba así porque era un altruista. Al contrario, respondí, porque soy un egoísta integral. Entonces y ahora lo que me mueve a luchar por una República social es la necesidad de sentir la vida, de vivir digna y conscientemente. Entiendo que luchar con el horizonte puesto en alcanzar una sociedad sin clases, el comunismo, la anarquía, es una necesidad para sentirse vivo aquí y ahora. El objetivo de batallar social y políticamente hoy es saborear un poquito de lo que disfrutarán a plenitud generaciones venideras, cuando el capitalismo sea ya una reliquia del pasado.
La primera libertad que hay que conquistar es la de disfrutar del propio cuerpo. No se puede pretender amar la vida si uno no disfruta de su propia naturaleza. Es tu propio cuerpo el que exige sus propias necesidades y estas no podrán ser satisfechas si se ven condicionadas o distorsionadas por imposiciones morales, ajenas siempre al propio ser. El disfrute del cuerpo es el gobierno del cuerpo, decidir que sexualidad se quiere, que sexo se quiere y abortar si se quiere.
La emancipación de la mujer es un derecho de obviedad manifiesta ya que nada racional hay que se pueda interponer en la estricta igualdad legal y social entre la mujer y el hombre. La emancipación de la mujer es imprescindible para que el hombre también se pueda emancipar. Sin la emancipación de la mujer la mayoría de los hombres estarían condenados en esta sociedad a la función de ser el ruin cabeza de familia, de tener que soportar más allá de lo estoico las virulencias de la patronal privada o institucional para conseguir un raquítico salario para perpetuar una asquerosa existencia con el único desahogo de reventar en casa. La libertad de ellas los librará a ellos de esa vil existencia.
El cuidado del entorno ecológico no es una cuestión de caritativos naturalistas sino la imperiosa necesidad de tener un marco natural que sea el soporte de nuestra existencia material y espiritual. La racionalidad es fusionar las necesidades materiales para una existencia digna con el equilibrio de nuestro entorno ecológico. Al decrecimiento radical de la agresiva producción mercantil le debe seguir el crecimiento posible de la necesaria producción social. La Tierra es la fuente primaria de nuestra vida y la cuna que nos mece, agredirla es más que agredirnos, un suicidio colectivo.
Toda la especie humana tiene el mismo origen material. Desde África, nuestra cuna común, se fue extendiendo por el conjunto del planeta. La necesidad de adaptarse al entorno natural fue generando razas y culturas que al expandirse se relacionaron o chocaron entre sí. La especie humana hoy somos el producto del sincretismo histórico, de la mezcla permanente de unos pueblos con otros. Si ayer esta mezcla se produjo en la mayoría de ocasiones por forzados desplazamientos y guerras de conquista hoy ya estamos en condiciones reflexivas para saborear como una multimillonaria riqueza la diversidad de razas y culturas ya que su fusión llevará a la especie humana a un sano desarrollo biológico y cultural. No sólo seremos hermanos, sino más fuertes física y mentalmente.
Lo individual y lo social son dos caras inseparables de una indivisible moneda. Lo individual se fortalece cuanto más se refuerza lo social. La conquista para tod@s de trabajo, vivienda, sanidad y cultura son las bases de nuestra libertad. Son las conquistas sociales las que posibilitan alcanzar la libertad económica y la libertad espiritual, son ellas la cimentación sobre la que se yergue la auténtica libertad individual, esa que no estará condicionada por la selva del mercado ni por el miedo a que te repriman por salirte de los cánones.
La cultura es una herramienta capital para impedir que roben lo conquistado. La mentira y el engaño no podrán hacer mella en una sociedad culta. Será la cultura la guardiana de la República social porque a través de ella sabrán las diversas generaciones las causas de la conquistada felicidad y, por lo tanto, porque hay que defender y desarrollar la República social. Conquistada la base material y el poder político, la cultura será la fuente del consciente caminar.
La clase trabajadora es la mayoría social en la sociedad capitalista. Pertenece objetivamente a ella toda persona que por estar privado de la propiedad de los medios de producción tiene por renta exclusiva su salario, cuando no está en el paro. Como toda clase social está compuesta por diversas capas ya que no es homogénea. No lo puede ser porque en el capitalismo no son homogéneos los sectores productivos ni el mercado. Pero cumplir diferentes funciones productivas, o técnicas, subordinadas dentro del proceso económico no merma la unidad social que supone que ella sea la productora de la riqueza social en bienes y servicios. Su masa numérica y su función social la transforman en el sujeto del desarrollo del proceso histórico por lo que sólo en ella pueden reposar las esperanzas de cambio porque al ser a la vez la clase social más numerosa y la creadora de riqueza se convierte objetivamente en la clase social imprescindible para generar otro mundo, el sustentado en la justicia social.
La República social sólo será conquistada si todas las fracciones políticas de la clase trabajadora van en unidad de acción contra el capital. Demoler el capitalismo será el denominador común de la acción política unitaria. Una vez conquistado esto la sociedad se tiene que construir a base de participación social. El plural debate político es imprescindible para construir una sociedad fundamentada en la razón social. No hay un modelo prefijado de antemano ya que la sociedad futura está por construir y no puede ser producto de recetas apriorísticas. Pero eso no quiere decir que no tengamos una base sólida de partida ya que sabremos perfectamente lo que no queremos: la injusticia. También sabremos que la sociedad por la que luchamos será un mundo nuevo porque en la República social todo estará permitido excepto la explotación, el machismo, el racismo, las fobias sobre las múltiples manifestaciones sexuales, el delito y el crimen.
La conquista de la República social es la esperanza de la Humanidad. Si se alcanza la Humanidad en su conjunto empezará a ser libre. Se pondrá a mirar decididamente hacia las estrellas. Navegar por el cosmos será el próximo paso. Nada es eterno, tampoco el marco natural que nos vio nacer. Pero ya entonces la especie humana será la máxima manifestación de la materia, la manifestación consciente, y se propondrá caminar por el cosmos para encontrar otros hogares naturales. Entonces el camino no tendría fin ya que la Humanidad sería parte consciente del movimiento.
Madrid, 14, diciembre, 2009
Izquierda Anticapitalista




