Sandra Ezquerra / interseccion[e]s
Hay veces en que circunstancias, conflictos o simplemente mis propias dudas me hacen cuestionar a nivel personal los espacios políticos exclusivamente de mujeres. Siento en esos momentos que puede que éstos no sean tan efectivos, tan eficaces, ni tan siquiera tan seguros como teorizamos que son o deberían ser. Hoy, no obstante, vuelvo de Granada con una ilusión, con una inercia, con una fe renovadas. Tres días entre más de 3.000 mujeres luchadoras, combativas, dialogando, debatiendo, riendo, bailando, cuestionando, proponiendo, gritando en las calles, escuchando en los debates…
Con todos sus fallos, sus limitaciones, sus contradicciones… estos días me han dado un nuevo impulso, un nuevo recordatorio de por qué soy feminista, de por qué soy militante, de por qué vivo mi vida en base a constantes interrogantes. Las actividades han ido desde charlas (sobre prostitución, sobre cuidados, sobre aborto, sobre transexualidad, sobre anticapitalismo, sobre la crisis, sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras vidas…), a los talleres, las acciones que hemos hecho, la manifestación fantástica en el centro de Granada, las cervezas en buena compañía, las charlas alrededor de esas tapas, cafés con leche y tostadas granaínas que tanto me gustan… Todos estos días me han servido para reconocerme en cientos de otras mujeres que, aunque parezca que no tienen nada que ver conmigo, comparten las mismas preguntas y las mismas ansias de respuestas y de cambios. Y es ese reconocimiento un recordatorio de la ilusión, de la honestidad, de la coherencia, de la fuerza que trae el feminismo a mi vida y a mi lucha. Y un recordatorio también de que, como muchas otras cosas, el feminismo, aunque en ocasiones sea fácil olvidarse, una vez das con él marca un camino de no retorno.
Ha sido especial también compartir momentos con numerosas compañeras de organización a las que nunca veo porque estamos repartidas por todos los lugares del Estado. Hemos compartido en Granada risas, picnics al sol, inquietudes, malestares, pasiones e ilusión. Como feminista, y como mujer, no siempre resulta sencillo militar en una organización mixta, y el poder compartir esa complejidad con camaradAs en la misma situación le imprime más sentido a la apuesta: una apuesta no identitaria por un cambio global, de arriba abajo, desde las intersecciones y encrucijadas de los múltiples tentáculos del sistema. Hablar entre nosotras de esas complejidades nos recuerda (cuando se nos olvida) por qué estamos aquí, y nos recuerda, sobre todo, que lo de que “el anticapitalismo será feminista o no será” no es una mera frase hueca heredada y readaptada, sino que es una afirmación de voluntad y de, en este caso sí, inevitabilidad. A todas ellas les mando un beso enorme y un montón de fuerzas. Y de todas ellas sigo aprendiendo cada día.
Izquierda Anticapitalista




