Daniel Bensaïd
Nunca
vimos la referencia al trotskismo como una manera de cerrarnos a los
demás. Para nosotros, era más como un reto en la discusión y la
polémica. Nosotros aceptamos la etiqueta de trotskista en nuestro
conflicto con los estalinistas, pero sin construir una identidad
neurótica a partir de ella. Tampoco minimizamos la importancia de este
patrimonio. Siempre hemos rechazado la simplificación que generalmente acompaña
este tipo de etiquetado. Nos opusimos a la ortodoxia reduccionista. Al
mismo tiempo que siempre tuvimos las contribuciones de Trotsky en la
más alta consideración, nuestra formación política ha tratado de
cultivar la memoria y la cultura plural del movimiento obrero,
incluyendo a Rosa Luxemburgo, Gramsci, Mariátegui y Blanqui, pero
también a Labriola , Sorel y la totalidad de lo que Ernst Bloch llama
la "corriente cálida del marxismo". Por supuesto, el trotskismo tiene
un lugar especial dentro de este patrimonio, que carece de herederos y
un manual de instrucciones. Gracias a la lucha de la Oposición de
Izquierda y luego de la Cuarta Internacional contra la reacción
estalinista - que costó sus vidas a Trotsky, Nin, Pietro Tresso y
muchos otros - el proyecto comunista no pudo ser totalmente usurpado
por su impostor burocrático.
Hay quienes tratan de poner la historia del movimiento obrero detrás de
nuestra realidad presente. Con la caída del Muro de Berlín y la
desintegración de la Unión Soviética la pregunta es: ¿ha sido el
trotskismo liberado de la argumentación en negativo que le correspondía
(la argumentación contra el estalinismo) y por tanto ha perdido su
“razón de ser”?. Parece claro que las actuales divisiones dentro de los
movimientos de emancipación no pueden ser conjugadas en tiempos
verbales pasados.
Las controversias que se prolongaron hasta muy recientemente - como la
que rodea el carácter preciso de la Unión Soviética - hoy ya no tienen
consecuencias prácticas. En este sentido, realmente hemos pasado
página. Sería imprudente, sin embargo, sostener que el estalinismo ha
sido definitivamente relegado al pasado. El estalinismo fue la forma
histórica particular que tomó el peligro de burocratización del Estado
y que hoy es una amenaza para los movimientos emancipatorios.
Contrariamente a las afirmaciones apresuradas de algunos, este peligro
no es el producto natural de la "forma partido" sino que es
consecuencia de la división social del trabajo en las sociedades
modernas, y esto es algo infinitamente más grave. Esta amenaza cobra
gran importancia para todas las formas de organización – ya sea
sindical, movimiento social o partido político – durante todo el tiempo
que esta división social del trabajo perdura.
La forma histórica específica del estalinismo ha muerto, pero las
lecciones que pueden extraerse de esta experiencia son en realidad más
importantes que nunca. Es fundamental garantizar el desarrollo de la
democracia socialista a todos los niveles. Estas lecciones no son
propiedad exclusiva de las organizaciones que proceden de la tradición
trotskista o comunista libertaria. Tienen una base mucho más amplia, y
esto no es algo por lo cual haya que lamentarse. Cuando lo que he
llamado el "equipaje del éxodo" se convierte en un bien colectivo de la
nueva izquierda anticapitalista, estamos ante una especie de victoria
póstuma para aquellos tan gravemente derrotados por la
contrarrevolución estalinista. El "corto siglo XX" ha terminado y un
nuevo ciclo de lucha de clases apenas está comenzando. Se plantean
nuevas y cruciales preguntas, comenzando con el desafío ecológico. Para
la LCR fue esencial romper con la rutina y tomar el riesgo de ir más
allá de sí misma, sin renunciar a su historia. El NPA no se definirá a
sí mismo como una organización trotskista. Su objetivo será reunir una
gama de experiencias y corrientes sobre la base de los hechos y las
tareas del nuevo período. En cualquier caso, para llegar lejos
necesitará de la historia y la memoria.
*Daniel Bensaïd es uno de los filósofos marxistas más importantes
de Francia y ha escrito extensamente sobre este y otros temas. Fue
durante muchos años un destacado miembro de la LCR (sección francesa de
la Cuarta Internacional) y es hoy un miembro del NPA.
Este artículo apareció originalmente en el mes de febrero de 2009 en la publicación semanal francesa “Politis”.
Ha sido extraído de www.internationalviewpoint.org
Traducción para foroanticapitalista.blogspot.














































































