Hugo Pérez Remis ( del sindacto STEC y miembro del Comité de Apoyo a Izquierda Antcicapitalista-Cantabria)
(En respuesta a Jesús García, de Izquierda Anticapitalista de Puertollano).
Para ver el artículo de Jesus Garcia aquí, para ver el artículo de "Notas para un análisis de la educación en su dimensión política, aquí
Quisiera agradecer, para comenzar estos breves apuntes, el interés que se ha tomado Jesús García con mi artículo, y me alegra que quiera iniciar un debate sobre política educativa porque creo que es muy conveniente y me parece que está realmente ausente en la actual sociedad española. Las razones de esta ausencia quizá se deban al ruido mediático, a la visión cortoplacista de los políticos, al hecho de que nuestra sociedad haya llegado a pensar que toda la educación se recibe en el ámbito escolar e incluso esté comenzando a concebir éste como un servicio social complementario con funciones de guardería; pero también a que existen pocos sectores docentes de verdad interesados en la reflexión sobre el papel de la escuela en la sociedad, por no hablar de las consecuencias prácticas de las conclusiones resultantes en nuestro quehacer cotidiano.
Creo que si se leen todos los puntos del artículo que comenta Jesús García en su adecuado contexto, se puede deducir que éste va mucho más allá de la preocupación, tan en boga, por la mercantilización de la escuela; pero sin excluir una postura contraria a la mencionada mercantilización, que se da por descontada. Sin embargo, el autor (o sea, yo) intenta insertar el análisis del fenómeno educativo en un contexto más amplio: sistémico.
Porque, a fin de cuentas, no es la deriva neoliberal de las últimas décadas lo preocupante, a mi entender; pues, previamente a esa deriva neoliberal, creo que no existía (entre nosotros, al menos) una institución educativa pública en general muy merecedora de ser idealizable. No creo que la escuela franquista fuera tan ejemplar, ni en sus procedimientos ni en sus resultados, como ahora muchos pretenden añorar desde tribunas públicas y mediáticas (supongo que, en esto estará Jesús García de acuerdo conmigo); y respecto de la escuela republicana (primer intento serio en nuestro país de extender la educación pública y hacerla llegar a todos los menores) la experiencia se truncó, por lo que nunca podremos hacer una valoración muy completa de sus resultados.
(Por cierto que la escuela republicana es creada por una República burguesa; no creo que las luchas obreras hayan sido el único factor de extensión de la educación pública en España; desconozco con detalle la evolución de otros países a este respecto).
Por lo tanto, quisiera comenzar aclarando que me interesa analizar el papel de la escuela (pública y privada) en el ámbito del sistema capitalista. Ya Marx habló de una infraestructura económica disfrazada por el velo ideológico de una superestructura cuya finalidad básica era crear una falsa conciencia de la realidad entre los oprimidos. No me cabe duda de que las instituciones educativas ayudan decisivamente a la causación de esa falsa conciencia; pues difícil sería generarla en adultos que no hubieran interiorizado un universo ideológico desde la infancia. Como yo ya voy teniendo alguna edad, recuerdo los libros de texto de la época franquista: hagiografías, heroísmos patrióticos... y no hablo de los años 40; sino de los primeros 70. Supongo que los libros tenían esos contenidos, sospecho que rezábamos el ángelus y nos levantábamos cuando entraba la profesora en el aula, intuyo que las clases transcurrían de manera mecánica y unidireccional por alguna razón que tiene que ver con la transmisión, la reproducción, de una ideología.
Poco importaría que un modesto profesor de provincias como yo tuviera estas intuiciones desordenadas; pero es que la Escuela de Frankfurt, que tanto se preocupó por la ideología, también estudió estas cuestiones. Asimismo, Gramsci estaba interasado en el papel ideológico de la escuela. Más próximo en el tiempo, Giroux, entre otros, ha dedicado su labor a analizar, precisamente, la institución escolar como el lugar privilegiado de la reproducción ideológica. En nuestras latitudes, el empeño de Ferrer i Guardia no era exclusivamente contra la incultura de los niños de clase obrera; sino también contra su manipulación ideológica por parte de las escuelas religiosas. Uno de los grandes educadores de nuestro tiempo, Paulo Freire, centró toda su labor pedagógica (vamos a usar ya la palabrita) en alcanzar el objetivo de que los adultos oprimidos a los que alfabetizaba no se quedasen en el silabeo y el aprender (formalmente) a leer; sino que adquirieran conciencia de su condición de oprimidos.
Agradezco mucho que Jesús García me haya aclarado las ideas respecto a la red Ires y el manifiesto "No es verdad". Desconocía que fueran agentes de la reacción neoliberal. Sin duda, él estará mejor informado. Por mi parte, no pertenezco a ese grupo; pero firmé el manifiesto porque estoy de acuerdo con sus postulados. Será porque, en mis años de experiencia docente, me siento bastante solo trabajando en institutos en los que sólo un diez por ciento del profesorado está comprometido con una perspectiva crítica, socialmente liberadora, de la labor docente; y, por lo tanto, siempre ando por ahí buscando compañeros de viaje: que si los freinetianos del MCEP, que si los freireanos...Se ve que me habían conseguido engañar los de la red Ires a pesar de (o, precisamente, por) sus crónicas de sus viajes a Latinoamérica, sus contactos con Venezuela, etc. Uno nunca sabe dónde puede hallarse la Quinta Columna. También he de confesar que firmé el manifiesto porque me lo pasó uno de los pocos profesores que tuve (cuando adolescente) que no me pedía reproducir acríticamente el contenido del libro de texto; sino analizar, de manera libre y convincente, relacionando, infiriendo, aplicando, e incluso intuyendo y asociando, fuentes mucho más diversas y más cercanas a mi experiencia. Su ejemplo me animó a ser profesor; pero esto es sólo una experiencia personal, limitada y no generalizable.
Me sorprende, sin embargo, que Jesús García confunda pedagogía con didáctica y que le niegue a la primera su condición de científica. La pedagogía es una reflexión, filosófica y sin duda política (pero en ningún momento alejada de la práctica, en la que se cuestiona permanentemente a través de la dialéctica de la investigación-acción) acerca de lo que es educar (y la educación) en una sociedad y en toda sociedad. Se sirve de otras disciplinas (no voy a decir ciencias, para no discutir) como la sociología (de la educación), la psicología (evolutiva, y del aprendizaje; esta última derivada de la Teoría del Conocimiento), la lingüística (sobre esto, sé algo)...e incluso se apoya en una técnica (a veces ofrecida en cursos para profesores con gran aparato terminológico de caríz tecnócrata y evanescente) llamada didáctica que se puede definir como "el arte de impartir clases". Esta didáctica bebe de las ramas del conocimiento arriba mencionadas y se supone que encuentra su contraste y perfeccionamiento en la práctica cotidiana, mediante la apuntada dialéctica de la investigación-acción (proceso de probar, observar, elaborar una teoría, probar otra vez, observar de nuevo, modificar la teoría...). Bueno, yo pienso que esta metodología se parece a la científica; pero estoy dispuesto admitir que el estatuto epistemológico, tanto de pedagogía como de didáctica, sea otro; siempre y cuando se me defina lo que es ciencia y se me caracterice a estas disciplinas no científicas, para poderlas comparar con esa previa definición y, así, comprobar (científicamente) que, en efecto, ni la pedagogía ni la didáctica son científicas. Otra cuestión es que se me quiera hacer comulgar (soy ateo) con la rueda de molino de que la pedagogía y/o la didáctica son supercherías del tipo de la creencia en el Yeti o en el Monstruo del Lago Ness.
Finalmente, otro aspecto destacable de mi artículo, que Jesús García me parece no menciona, es la consideración del sistema educativo (tanto público como privado; tanto transferido a la empresa o los sindicatos o la banca como retrotraído, a través de la máquina del tiempo, a la época del BUP y el COU) como un mecanismo de selección social. Se pueden consultar, e invito a ello, las estadísticas, tanto del Ministerio de Educación como del Sistema Estatal de Indicadores de Educación en España (todos, se hallan con facilidad en Internet) y poner en relación los datos de fracaso escolar con las comunidades autónomas, el sistema productivo y ambiente social de las más exitosas comparado con el de las que arrojan datos más pobres, la inversión por estudiante también por CC.AA.; pero, sobre todo, la vinculación entre expectativas familiares y éxito escolar, por un lado; y nivel de estudios de los padres con esas expectivas y con esos resultados,por el otro. Desde luego, no soy un experto, pero todo ello me hace pensar en que las clases obrera y campesina (y, en general, todos aquellos sectores sociales a los que podamos considerar más desfavorecidos) están abonados al abandono escolar prematuro. Y no puedo dejar de desvincular estas conclusiones con aquellas características superestructurales que tantos autores de prestigio le han atribuido a la escuela.
En conclusión, creo que mi modesta aportación sólo debe entenderse (y otras sucesivas, si voy aprendiendo más y extrayendo nuevas conclusiones) como una invitación a un aspecto del debate educativo que ha quedado oculto por la imprescindible lucha anti-Bolonia o por las muy estimables luchas sindicales de los docentes en reivindicación de la dignidad de nuestra profesión: es una perspectiva más amplia; no de mera resistencia (contra el capitalismo; por favor, no contra el neoliberalismo, porque podría hacer pensar en una postura favorable a la socialdemocracia); sino de avance (quizá utópico, ¿por qué no?) hacia propuestas de naturaleza emancipadora; pues no de otro modo entiendo la política revolucionaria. Estoy seguro de que, en ese marco, Jesús García y yo podemos encontrar abundantes puntos de coincidencia.
Izquierda Anticapitalista




