Recuerdos de Daniel Bensaïd

Lunes 18 de enero de 2010

Carlos Sevilla Alonso

La primera vez que tuvo contacto personal con el Bensa, de quien había leído una miríada de artículos brillantes en la revista VIENTO SUR, fue en el campamento de jóvenes revolucionarios de la IVª Internacional celebrado en Brioude (Francia) allá por el verano del 2002. Era la época del “ciclo álgido” del movimiento antiglobalización, de la aparición en escena de una nueva generación militante y de la hegemonía en el movimiento de las “ilusiones económicas” (amalgamas de neokeynesianismo y de economías participativas), las “ilusiones políticas” centradas en el Estado como herramienta de cambio social y, sobre todo, de la “ilusiones sociales” de una política sin partidos. En aquel campamento, compartimos ilusiones y esperanzas por el auge del movimiento antiglobalización y por los debates surgidos tras la publicación de Imperio de Antonio Negri y Michael Hardt, la “biblia del movimiento”  por aquel entonces. Utilizando una fórmula pedagógica sencilla y eficaz, distante tanto de la pedantería académica como de las vulgatas doctrinarias, nos introdujo en apasionantes debates sobre las clases sociales y las multitudes, el nuevo imperialismo frente al imperio, la orientación estratégica frente al eclipse de la misma.

Poco tiempo después nos volvimos a encontrar en la primera edición del Foro Social Europeo en Florencia en Noviembre del 2002. Con ocasión de un seminario organizado por las redes de colectivos del movimiento estudiantil italiano, y a petición de los compas de Sinistra Critica (por aquel entonces organizados en Rifondazione Comunista), Bensa intervino junto a Marco Bascetta representante de la corriente negrista. Aún conservo las notas de su intervención centrada en el debate sobre el mal llamado “capitalismo cognitivo”, las anticipaciones de Marx en el  “Fragmento sobre las máquinas” de los Grundrisse  acerca del valor de cambio como “medida miserable” del mundo, y por último, ciertas cuestiones claves en el movimiento de aquella época como la renta básica estudiantil o la necesidad de una coordinación europea de los movimientos. De aquella época conservo también el recuerdo de su acrobática postura, cual funambulista de la pista, en las sillas desde las que pronunciaba sus discursos. Esta época fue también la de mi “encantamiento” definitivo con su obra. En el año siguiente, a partir de la publicación en castellano, de la que a mi modo de ver, es su opus magnum “Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica” (ed. Herramienta, 2003), comenzaría a devorar todo aquello que llevase su firma. La rigurosidad en la argumentación, ese estilo de escritura en travesía salpicado de lirismo poético, la conexión de los grandes debates político-filosóficos con el aterrizaje suave en la política práctica, hacían que sentarse a leer al Bensa, bien provisto de marcadores y subrayadores, fuese toda una aventura...del saber. Como lo sigue siendo hoy. Con más razón.

Levantando acta del renacimiento de los “mil y un marxismos” en un momento en el que, a pesar del retroceso del movimiento, el aire volvía a recobrar un tono escarlata en la esfera intelectual, le volví a ver, tras un paréntesis de cinco años, en el seminario internacional Pensare con Marx. Ripensare Marx organizado por el Centro de estudios Livio Maitan en la Universidad de La Sapienza de Roma a principios del 2007. Junto a otros pensadores como André Tosel, Massimiliano Tomba, Maria Turchetto o Eustache Kouvelakis, el Bensa, pronunció una conferencia que llevaba por título “Tiempo histórico y ritmos políticos”, en la cual, a través de una relectura de Marx, Gramsci y Benjamin -los tres autores de referencia del conjunto de su obra-, mostraba la primacía de la política sobre la historia y apostaba por una visión de la política como arte estratégico del presente y de los contratiempos. Señalaba en esta conferencia, la que sería una de sus preocupaciones teóricas fundamentales: la visión de un Marx en ruptura con las filosofías especulativas y deterministas de la historia universal, liberado de providencias divinas, teleologías naturales, odiseas del Espíritu y happy ends garantizados.  En esta conferencia también adelantó algunas consideraciones sobre la crisis de las categorías políticas de la modernidad (derecho internacional, soberanía, ciudadanía, pueblo, nación,etc.), reflexiones que posteriormente plasmaría en el fundamental “Elogio de la política profana” (ed. Península, 2009).

Ese mismo año pudimos verle en Madrid de visita fugaz. En casa de su querido camarada y amigo Miguel Romero (Moro) estuvimos varios jóvenes de IA charlando con él de los últimos acontecimientos políticos en Francia, de los magníficos resultados obtenidos por el cartero, Olivier Besancenot (LCR), en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Su tono cercano, su predisposición a debatir pacientemente, su sencillez y calidez, hacían que uno sintiese como la buena compañía, la asociación y la conversación que abarca al conjunto de la sociedad constituyen parte de los pilares básicos de la fraternidad humana. 

Al año siguiente, con motivo del 40º aniversario del Mayo del 68, pude verle en el mitin organizado por la LCR en La Mutualité de París. La Mutualité, fue escenario durante el mayo francés, de un mitin organizado por la entonces apenas constituida Jeunesse Communiste Révolutionnaire (JCR) -de la que Bensa fue uno de los principales impulsores- pocos días antes del desencadenamiento de los acontecimientos que convirtieron el Barrio Latino en sede de una nueva Commune. Lejos de repeticiones generales, cuarenta años después y ante una aforo de más de  2500 personas, el Bensa -junto a Alain Krivine y representantes de varias organizaciones de la izquierda anticapitalista europea- alentó contra los discursos dominantes de despolitización del 68 que pretenden reducirlo a un episodio ineluctable de modernización cultural y de las costumbres. Sin tiempo para nostalgias ni melancolías, la tarea del momento, como nos indicaba el Bensa, era apostar por la creación del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), organización a la que consagró sus últimos esfuerzos militantes y una obra titulada “Penser, agir. Por une gauche anticapitaliste” (ed. Lignes, 2008).

De vuelta a Madrid ese mismo mayo de 2008, tras el subidón sesentayochista parisino, Espacio Alternativo (Izquierda Anticapitalista) organizó un acto conmemorativo del 68. Para esta ocasión contamos con la presencia del Bensa. Esta fue, creo, su última visita a Madrid. Antes de ir para el instituto donde se desarrolló el acto, pude conversar con él apenas unos minutos, mientras preparábamos la logística del acto en el local de Izquierda Anticapitalista, sobre la situación política en Italia, tras el desastre de la gestión de la “izquierda de gobierno” que abrió las puertas, de par en par, al retorno de la fachada extrema del berlusconismo.

Su muerte, el pasado 12 de Enero, me pilló leyendo el prólogo que redactó a una selección de textos de Marx, de rabiosa actualidad, sobre las crisis capitalistas publicados en castellano “Las crisis del capitalismo”(Ed.  Sequitur, 2009).

Su muerte nos deja huérfanos a diversas generaciones militantes. A pesar del tremendo desgarro, Bensa sigue ahí, en sus obras, en nuestros recuerdos, en el background de una nueva generación militante. 

La mejor reparación posible es, sin duda, el cumplimiento de los objetivos por los que luchó y que no fue capaz de alcanzar.

Bensa still alive 

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