
BLONDIN Thibault
20 de enero de 2010
No hay “maldición”1/ en Haití, sino sencillamente un ensañamiento que no tiene que ver nada con el azar.
En 1995, un terremoto de la misma magnitud causó 6.437 muertos en Kobe, Japón. Los centenares de miles de muertos de Haití son debidos a la extrema pobreza del país. Sin embargo, antes de ser uno de los países más pobres del mundo, esta antigua colonia francesa era una tierra prometida de una gran prosperidad. Haití es el símbolo de la lucha contra la esclavitud y, si hay ensañamiento, no es el de la naturaleza sino el de los países más ricos. El ensañamiento de las fuerzas imperialistas y colonialistas que saquean el país desde hace 200 años, desde que los esclavos negros, los primeros de la historia, rompieron sus cadenas.
Francia y los Estados Unidos tienen una responsabilidad histórica en las razones de la inestabilidad política y de la miseria de los haitianos.
Todo comenzó en 1791, en plena revolución francesa. Un levantamiento victorioso puso fin a 300 años de esclavitud que hacía de esta colonia francesa una fuente de rentas muy importante gracias a sus recursos azucareros, y ve la nominación del primer gobernador negro: Toussaint Louverture. A pesar del envío, en 1801, del ejército por Napoleón, la independencia fue proclamada en 1804.
La joven república recibió ataques de todas partes debido a la avaricia de las grandes potencias que no pueden admitir la libertad de esos esclavos y desean las riquezas de la isla.
En 1825, el rey de Francia, Carlos X, negocia el reconocimiento de la independencia de la isla a cambio de indemnizaciones: la “deuda de la independencia”. Ésta se eleva a 150 millones de francos, es decir, ¡el equivalente del presupuesto anual de Francia en aquel momento!.
La espiral infernal de la deuda es puesta en marcha mucho antes de las políticas actuales del FMI y del BM, en una misma lógica y sobre todo con las mismas consecuencias: el empobrecimiento del país y de sus habitantes y el enriquecimiento de una minoría.
Haití cae entonces en la inestabilidad política alimentada por los países del Norte, que permite a los Estados Unidos justificar su intervención y la ocupación de la isla de 1914 a 1934. El país cae entonces bajo la influencia de los Estados Unidos que, a partir de esa fecha, formarán a sus élites y elegirán a sus dirigentes.
En 1957, la dinastía de los Duvalier se instala en el poder por 30 años. El país cae entonces en una corrupción y un endeudamiento sin precedentes con el apoyo de los Estados Unidos y de Francia, agravados por el terror que hacen reinar los “tonton macoutes”, milicia paramilitar en manos del poder.
Entre 1970 y 1986, la deuda es multiplicada por 17,5 y alcanza 750 millones de dólares (y 1.250 hoy). Cuando Jean-Claude Duvalier huya del país en 1986, irá a Francia a refugiarse con 900 millones de dólares en sus maletas, suma que supera de lejos el endeudamiento del país y pone en evidencia el carácter odioso de esa deuda, contratada por políticos ilegítimos. Durante todos esos años, el pueblo de Haití no deja de hundirse en la miseria: menos de un haitiano de cada dos tiene acceso al agua potable, un adulto de cada dos es analfabeto y cuatro haitianos de cada cinco viven bajo el umbral de la pobreza.
Los votos piadosos de los diferentes gobiernos, como el de Sarkozy o de Obama, para ayudar a Haití no son sino hipocresía. Estas dos potencias se disputan ya la gestión de la ayuda internacional con la intención de afirmar un poco más aún su dominio sobre el país. Para ayudar a Haití a levantarse, que Francia comience por coger la fortuna de Duvalier para entregársela al pueblo haitiano, el Banco Mundial y el FMI anulen la deuda y el pueblo de Haití decida, él solo, sobre su política sin ingerencias y sin el saqueo de los colonos de ayer.
Thibault Blondin
NOTAS :
1/ Le Monde, 15 de enero de 2010.
* Publicado en la revista del NAP, Hebdo TEAN 39 (21/01/10).
Traducción de Alberto Nadal
Izquierda Anticapitalista




