Lo que está en juego en el semestre español de la Unión Europea
Jaime Pastor
La presidencia española de este primer semestre de 2010 se va a desarrollar en una coyuntura especialmente crítica para el futuro de la UE. Porque es ahora cuando se está comprobando la mezcla explosiva, por un lado, de las consecuencias nefastas de la convergencia monetarista fijada en Maastricht y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (que, además, fomentaron el fraude de más de un gobierno, como se ha podido comprobar ahora en Grecia) con, por el otro, el “efecto dominó” de la crisis financiera y sistémica desencadenada desde Estados Unidos. Pero es que, además, el “tsunami” financiero y social no ha terminado todavía y está sacudiendo fuertemente no sólo a países procedentes del extinto bloque soviético (con varias quiebras financieras y caídas de gobierno) sino también a otros como Grecia (verdadero polvorín desde finales de 2008), Irlanda, Gran Bretaña o el Estado español; sin olvidar a otros candidatos como Islandia, en donde se anuncia un referéndum popular sobre las escandalosas compensaciones que se propone hacer su gobierno a los especuladores extranjeros, la mayoría de la UE.
En este contexto las desigualdades y la heterogeneidad de intereses dentro de la UE saltan con mayor motivo a la vista, como ya hemos podido verificar con el paso atrás de Van Rompuy y Zapatero en sus tímidas amenazas de sanciones a los países miembros que no se comprometieran a volver pronto a la aplicación estricta del “Pacto de Estabilidad y Crecimiento” (no superar el 60 % de deuda sobre el PIB y el 3 % del déficit). Porque, en efecto, la existencia de un “centro” (Alemania y Francia), de un aliado firme de EE UU (Inglaterra) que se mantiene fuera del euro y de una “periferia” (a la que ya se está incorporando la economía española), crecientemente endeudada y enfrentada a un paro masivo, es cada vez más evidente y genera un creciente riesgo incluso para el futuro del euro, debilitado ahora frente al dólar.
No sorprende, por tanto, que ahora ya todos reconozcan que la famosa “Estrategia de Lisboa” de convertir a la UE en la “economía más competitiva del mundo” en 2010 ha sido un “fracaso”, pese a los duros ataques que se han ido asestando a la clase trabajadora y a la población con sus políticas neoliberales. Porque la relación de fuerzas geoeconómica y geopolítica de la UE frente a las viejas y nuevas grandes potencias sigue deteriorándose y en este semestre se buscará un nuevo “consenso” para tratar de frenar esa tendencia mediante una nueva vuelta de tuerca neoliberal y autoritaria. El objetivo, de nuevo, es un “crecimiento” económico, medido siempre con el falso baremo del PIB y destinado únicamente a restaurar la tasa de ganancia de los grandes capitalistas y a facilitar nuevas “burbujas” que no harán más que prolongar y agravar el estancamiento de la “economía real” por un largo período, especialmente en países como el español.
Ése es el propósito de la “Nueva Estrategia de Crecimiento y de Empleo 2020” que pretenden promover las elites europeas y no es casualidad que la primera reunión con la “sociedad civil” que ha tenido Zapatero haya sido con el “lobby” de la ERT (Mesa Redonda Industrial), ya que son los grupos empresariales representados en el mismo los que han ido marcando directamente la agenda de la UE desde, al menos, 1985. Una estrategia todavía por concretar pero que probablemente suponga dar nuevos pasos en las políticas de liberalización y privatización de servicios públicos (este año se inician la liberalización de las líneas ferroviarias de largo recorrido y la mercantilización de las Universidades con el Plan Bolonia), de congelación salarial ( incluyendo mayores diferencias entre hombres y mujeres) y precarización de la fuerza de trabajo (con la “flexiguridad”, además de seguir sobreexplotando los trabajos de cuidado y querer reanudar la discusión sobre la directiva de 65 horas), de deterioro y desmantelamiento progresivo del sistema público de pensiones y, por supuesto, de reforzamiento de la “Europa fortaleza” y autoritaria (con la ayuda de la “directiva de la vergüenza” y aprovechando el ascenso del racismo, como estamos viendo en tantos lugares, desde Calabria hasta Catalunya, y la “lucha contra el terrorismo”). Al lado de toda esta agenda y pese a la “decepción” de algunos gobiernos europeos por la “Cumbre” de Copenhague, la aspiración a luchar contra el cambio climático se va a quedar en mera retórica y sólo la “carbonocracia” parece que va a seguir funcionando como disfraz de un capitalismo “verde”.
La competencia con las grandes potencias en el plano económico y comercial va a ir en detrimento, una vez más, de los pueblos del Sur, especialmente los de América Latina, el Caribe y Africa. La Cumbre que se va a tener con Marruecos en Granada el 8 de marzo, por ejemplo, va a confirmar sin duda el apoyo al régimen dictatorial marroquí en su papel de gendarme de los intereses de la UE en el Norte de Africa, pese a la enorme solidaridad que se ha desarrollado a escala europea y española con Aminatou Haidar y la justa lucha del pueblo saharaui por su autodeterminación e independencia. Las Cumbres con gobiernos de América Latina y el Caribe del mes de mayo servirán también para hacer valer ante los pueblos que se siguen rebelando contra el neoliberalismo y el golpismo que deben respetar el “derecho” al expolio de sus recursos por parte de las empresas transnacionales europeas y las oligarquías locales.
En el plano geopolítico y militar tampoco quedan dudas sobre la firme voluntad de las elites europeas de subordinar su presunta “política de defensa y seguridad autónoma” a los intereses de su principal aliado, Estados Unidos. Por eso la Cumbre del 24 y 25 de mayo con Obama en Madrid adquiere especial relevancia, ya que en ella se pretenderá revalorizar la función de la OTAN como gendarme global de un capitalismo en crisis y su papel crucial en la guerra de Afganistán-Pakistán en la lucha por el control de una zona geoestratégica clave. Tampoco, desde luego, la reunión de la “Unión por el Mediterráneo” del 6 y 7 de junio en Barcelona, va a contribuir a acercar las dos orillas más distantes del mundo por sus diferencias en desigualdades sociales y, muy probablemente, se limitará a lamentos “humanitarios” por la situación del pueblo palestino para a continuación seguir considerando Estado asociado a Israel pese a ser un régimen “canalla” y genocida.
Frente a ese panorama, las campañas que se están desarrollando contra la presidencia española deberían servir para volver a poner de actualidad la necesidad de otra Europa y de una salida a la crisis por la izquierda que permita avanzar hacia una ruptura abierta no sólo con el actual “modelo de crecimiento” sino también con el capitalismo neoliberal que lo sustenta. Por eso los 7 puntos que en el número 66 de Corriente Alterna ya presentamos con ocasión de las elecciones al Parlamento Europeo continúan teniendo vigencia: Queremos una Europa que garantice trabajar menos para trabajar todos y todas; que aspire a la socialización de los bienes comunes y de la banca y al reparto de la riqueza; que luche contra el cambio climático y siente las bases de otro modelo civilizatorio; que se base en la igualdad plena de todas las mujeres, en su derecho a decidir y en el respeto a la libertad sexual; sin muros, vallas, guetos ni CIEs; que sea democrática y laica y reconozca todos los derechos para todas las personas, todos los pueblos y todas las culturas, y que respete la soberanía de los pueblos del Sur y esté fuera de la OTAN.














































































