El pasado 7 de enero, se anunciaba la
firma de un importante preacuerdo entre la dirección de Transports
Metropolitans de Barcelona y los sindicatos CGT, ACTUB y SIT, que
representan las dos terceras partes del Comité de empresa. Después
de más de dos años de conflictividad, de sucesivos movimientos de
huelga y de inacabables e infructuosas conversaciones, el preacuerdo
recoge finalmente toda una serie de demandas largamente reivindicadas
por los trabajadores y trabajadoras de TMB.
Figuran, en primer
lugar, los dos días de descanso semanal, exigencia emblemática del
movimiento sobradamente popularizada entre la ciudadanía. Pero
también -y era fundamental para que aquella conquista no quedara
desvirtuada- la aplicación del Real Decreto 902/2007 sobre los
descansos diarios, así como la previsión de una reducción
escalonada de la jornada anual en el transcurso de los próximos
ejercicios.
Finalmente, se contempla el mantenimiento del
poder adquisitivo de los salarios a través de un aumento conforme al
IPC real del 2009; y de cara a los años siguientes mediante la
aplicación del IPC estimado, incrementado de un 0,25% - incluyendo
mecanismos correctivos en caso de una tendencia inflacionista más
marcada.
El preacuerdo tiene que ser sometido a la apreciación
de la asamblea antes de ser definitivamente plasmado en el nuevo
convenio. En este sentido, los sindicatos que han animado la lucha
permanecen fieles a las formas democráticas que han hecho la fuerza
de la movilización y que han mantenido la unidad de la plantilla.
A
cada etapa del movimiento, en efecto, han estado las asambleas
-a menudo realizadas en medio de la calle, ante la ciudadanía- las
que han decidido sobre la conveniencia y el ritmo de los paros, sobre
las negociaciones en curso, y sobre la conducción de la lucha en
general. Los piquetes de huelga, decisivos a la hora de
mostrar la firmeza de la plantilla, disfrutaban así de una
incontestable autoridad moral.
Los movimientos sociales de
Barcelona, solidarios, han sabido reconocer en la lucha de TMB no
sólo una lucha meritoria por mejoras laborales -en medio de una
situación dramática, marcada por los expedientes y los cierres de
empresa-, sino el retorno de los mejores métodos de acción del
movimiento obrero. Unos métodos que hará falta promover y
generalizar en la próxima etapa.














































































