Israel y su imagen
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 Michel Warschawski

Un año después de las masacres de Gaza, la Semana contra el apartheid israelí intenta atraer la atención de la opinión internacional sobre las discriminaciones del estado hebreo hacia Palestina. El movimiento de solidaridad con Palestina organizaba, en numerosos países de Europa y América, a partir del 4 de marzo, una Semana contra el apartheid israelí: conferencias y manifestaciones con el objetivo de poner en evidencia la discriminación contra los palestinos que caracteriza al régimen israelí. Ciertamente, Israel no es África del Sur, aunque no sea más que porque un millón de palestinos tienen derecho al voto y una decena de ellos tienen escaño en el parlamento. Sin embargo, el régimen israelí tiene numerosas normas que evocan el apartheid: la discriminación entre ciudadanos judíos y no judíos que está inscrita en la definición misma de Israel como estado judío y en numerosas leyes y prácticas gubernamentales.

Luego, en la existencia de “Bantustanes palestinos”,  zonas autogestionadas por la Autoridad palestina, pero controladas por el estado hebreo. Como en África del Sur de los últimos decenios del apartheid, los palestinos tienen allí su administración y sus fuerzas de policía, pero el poder real está en manos de Israel. Apartheid como filosofía también puesto que esta palabra significa en neerlandés “separación” y ésta está en el corazón de la ideología sionista dominante, y estaba subyacente en la guerra de 1948: para el sionismo, Israel debe ser un “estado judío” en un sentido demográfico, es decir un estado de judíos únicamente, o tan únicamente como sea posible.

Esta Semana contra el apartheid israelí ha tenido un real eco, en particular a causa del “efecto Gaza” que, un año después de la masacre, continúa sensibilizando a la opinión internacional. No ha dejado tampoco indiferente a Israel y sus amigos: el parlamento de Ontario en Canadá, por ejemplo, ha adoptado una moción denunciando esta iniciativa; varios diputados israelíes han pedido retirar la inmunidad parlamentaria al diputado árabe Jamal Zahalka y llevarle a los tribunales, así como a mí mismo… por traición, por haber participado en esta campaña internacional.

Paralelamente, el gobierno de Tel-Aviv ha decidido lanzar una contraofensiva y organizar actos para resaltar la democracia israelí. Esta campaña de propaganda tiene pocos efectos desde que las opiniones públicas se vieron confrontadas a las imágenes de la masacre de Gaza. Es lo que puede explicar porqué una parte de la clase política israelí ha tomado la decisión de renunciar a lo que llama la “batalla internacional por la imagen de Israel”.

Para el movimiento de solidaridad, al contrario, este estado de espíritu crítico hacia Israel ofrece la ocasión de dar un segundo aliento a la campaña BDS (Boicot, desinversiones, sanciones) que moviliza a decenas de miles de personas que desean servirse de la campaña internacional contra el apartheid en África del Sur como modelo para aislar al régimen colonial israelí. En esta campaña, Francia ha tomado un cierto retraso, comparando con los países anglosajones y escandinavos. Es hora de que el movimiento de solidaridad con Palestina pase a una velocidad superior y haga de la campaña BDS una prioridad.

Publicado por Siné Hebdo. Traducido de http://www.france-palestine.org/article14137.html

Traducido por Alberto Nadal