Notícias de Cancún (4)

Jueves 11 de septiembre de 2003

Por Paul Nicholson / Josu Egireun

Lee Kyeong Hae, in memorian

El día de hoy se escribirá en las páginas de la historia de la OMC y del movimiento contra la globalización neoliberal como el día en que mientras los ministros que se reunían en la V Conferencia Ministerial hacían elogios de las políticas neoliberales para favorecer el desarrollo humano, un campesino koreano de 56 años, un activista por la defensa del campo, la biodiversidad y de unas políticas agrarias al servicio de las personas y de las comunidades campesinas, ha decidido poner fin a su vida (y hacerlo públicamente) en los actos de protesta contra el inicio de la cumbre: subido a la valla que el Gobierno de Fox había instalado para impedir que las demandas de la sociedad civil, de los pueblos del planeta, pudieran acceder al recinto de la cumbre. Su nombre, Lee Kyeong Hae.

Lee llegó a Cancún el día 7 como miembro de una delegación de 200 coreanos (hombres y mujeres) que veían la necesidad de sumarse a las protestas de la OMC acudiendo desde aquellas lejanas tierras para aportar su grano de arena a la solidaridad de los pueblos contra la globalización neoliberal. Durante tres días le hemos visto participar en las Asambleas del Foro Indígena y Campesino, en los talleres de trabajo y también construyendo un féretro: el de la OMC. Porque él, como el resto de los que estamos reunidos aquí, tenemos evidencias claras y un convencimiento profundo de que el desarrollo de la OMC significa la muerte para millones de personas, para la cultura y la biodiversidad del planeta. Y que si queremos preservar la vida y vivir con dignidad no hay otra solución que enterrar la OMC.

Precisamente hoy a la mañana, en el acto de clausura del Foro Indígena y Campesino, el representante de FOEI, Amigos de la Tierra Internacional, el salvadoreño Ricardo Navarro, recordaba que "todo el mundo sintimos una gran conmoción por las 3.000 víctimas de los atentados terroristas del 11 de setiembre, sin embargo nadie se acordó de que ese mismo día 17.000 personas morían víctimas de la contaminación ambiental, del agua y de las políticas agrícolas en el planeta. Y no sólo ese día, sino que todos los días. Y la OMC es responsable directa de ello. Por eso tenemos que acabar con la OMC".

Tras la clausura del Foro, diez mil indígenas y campesinas y campesinos, junto al resto de activistas que estamos en Cancún hemos iniciado una marcha por el derecho a la vida, a la soberanía alimentaria, a la soberanía de los pueblos y el derecho a decidir nuestro futuro, un futuro en el que no caben institución tan opacas como la OMC; instituciones que arruinan la vida de millones de personas, destruyen comunidades, la biodiversidad del planeta y las culturas milenarias de los pueblos.

Lee, junto al resto de la delegación coreana, caminaba en la parte delantera de la manifestación. Su voluntad, como la del resto de manifestantes era traspasar la valla metálica que el Gobierno Fox había puesto para impedir que accediéramos a la Conferencia. Quería llegar allí y hacer frente a la delegación gubernamental que con la adeptación que en el marco de los acuerdos de la OMC (sobre todo en el capítulo del arroz) está destruyendo la vida de los 3,5 millones de campesinos y campesinas coreanos.

Pero, en el camino, seguro que en más de una ocasión le habrá llegado el recuerdo de que hoy es un día importante para el campesinado en Corea, porque celebran su fiesta anual que, con la simbología que le caracteriza, es como un rendir cuentas de lo que los logros durante todo el año. Y seguro que la emoción habrá sido fuerte, porque de año en año, la esperanza de vida del campesino en corea, el valor de la recolección de sus frutos y las condiciones en las que tienen que producir los alimentos, se cierra como una válvula obstruida y la angustia de un futuro incierto está presente en el día a día. Y seguro que entre esa angustia y la imposibilidad de superar las barreras que le impedían frenar ese coche sin frenos que arrasa la vida de las comunidades campesinas, le habrá sumido en un estado de desesperación, más fuerte que todas las proclamas de esperanza que estamos lanzando estos días.

Porque la esperanza se construye con la lucha, pero a veces la lucha nos hace pagar un precio injusto. Hace dos años fue el joven Carlo Giuliani en Génova; hoy es Lee Kyeong Hae, en Cancún, a miles de kilómetros de su tierra y su comunidad. Partió de allí para impedir que las políticas del OMC les conduzcan a una muerte segura y decidió no tomar el camino de vuelta. Pero su historia no es una historia aislada. Hace 7 años 400 campesinos hindúes decidieron suicidarse colectivamente para protestar contra las políticas de la OMC, el FMI y el BM que les habían sumido en la ruina total. Y entre campesinos y campesinas el índice de suicidios aumenta sin cesar: la expresión más rotunda (qué más hace falta) de la quiebra social, política y moral que inducen las políticas de la OMC.

Lee Kyeong Hae, su memoria queda entre nosotros; pero sobre todo lo que queda es el compromiso de continuar su lucha, una lucha que es la nuestra, para que nunca más ningún otro Lee Kyeong tenga que desplazarse desde Corea a Cancún, o de cualquier parte del planeta a otro, para defender el derecho a la vida, la suya y la de la comunidad.

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