Jacques Radcliff (NPA)
La reforma del seguro de
enfermedad de Obama ha sido finalmente votada por el Congreso a pesar
de la encarnizada resistencia de los republicanos.
Hípervalorizada por algunos como un “giro histórico”, está sin
embargo lejos de la promesa de ofrecer un sistema de salud de calidad
para todos.
Hoy, 46 millones de americanos
están desprovistos de seguro de enfermedad. Con la nueva ley, a partir
de 2014, será obligatoria la adhesión a un seguro de enfermedad
para 32 millones suplementarios de asalariados, ayudados por una
subvención
pública. Es un progreso para ellos pero la reforma está lejos de las
promesas del candidato Obama que ha edulcorado su proyecto para
intentar, en vano, obtener el asentimiento de los conservadores.
Uno de los aspectos más
importantes
de la reforma ha sido la batalla contra la predominancia de los seguros
privados. El proyecto inicial preveía crear un seguro público que
habría hecho la competencia a los seguros privados forzándoles a bajar
sus tarifas. Pero, frente a los lobbies de la industria de la salud,
se ha renunciado rápidamente a ello. No habrá seguro público y los
seguros privados van a poder beneficiarse a tope de la llegada de
millones
de nuevos asegurados ayudados por fondos públicos. Las aseguradoras
harán pasar tests a los nuevos asegurados y los que presentan
riesgos (hipertensión, colesterol, diabetes, etc.) podrán ver doblarse
el coste de su seguro. Las aseguradoras guardarán el control de lo
que garantizan y muchos asegurados, una vez enfermos, se darán cuenta
de que no están cubiertos para la enfermedad que les afecta y
continuarán
arruinándose para hacerse cuidar.
El nuevo sistema será muy costoso para los contribuyentes de rentas medias (9,5% de sus rentas), ofreciéndoles una cobertura restringida (70%) y continuará enriqueciendo
la industria privada de la salud. Para hacer aprobar la ley, Obama ha debido también aceptar que ningún fondo público financie la interrupción
voluntaria de embarazo. 20 millones de personas seguirán sin estar
aseguradas, si se cuentan los sin papeles, lo que corresponde a 23.000
fallecimientos evitables por año.
La reforma contiene algunas
medidas positivas como el aumento de la financiación de los centros
de salud y del sistema público Medicaid reservado a los más pobres
pero éstas siguen siendo insuficientes.
Los republicanos y la extrema
derecha han llevado a cabo una ofensiva virulenta para bloquear la ley,
no dudando en caricaturizar a Obama como un « socialista » (palabra
muy fuerte en los Estados Unidos), un enemigo interior, un racista,
Hitler, o incluso el Anticristo que anuncia el fin del mundo.
El sistema de salud americano,
enteramente privado y que funciona solo sobre la base del beneficio
no es puesto en cuestión. Como dicen algunos médicos progresistas,
se ha dado una aspirina para tratar un cáncer. Los lobbies de seguros
y farmacéuticas han sido recompensados por sus esfuerzos con una ley
que protege sus intereses. Obama no ha mantenido su promesa de atacar
los intereses privados cuando su electorado se habría movilizado si
lo hubiera hecho.
Las organizaciones de
izquierda,
como el sindicato de enfermeras o asociaciones de médicos, han hecho
campaña para remplazar el sistema de seguros privados por un sistema
nacional de seguro público único, basado en la extensión y la mejora
del sistema Medicare, actualmente en vigor para las personas de la
tercera
edad. No han ganado pero han sabido hacerse oír. Los sondeos muestran
que dos tercios de los americanos y el 59% de los médicos apoyan este
planteamiento. Un buen punto de partida en la lucha, que continúa,
para imponer una verdadera reforma.
Traducido por Faustino Eguberri
de http://www.npa2009.org/
Izquierda Anticapitalista




