Celebrada en Madrid la manifestación del Día de la Tierra bajo el lema "Cambia de vida, no de clima"

Lunes 26 de abril de 2010

Eduardo Olmedillas, Grupo de ecosocialismo de IA Madrid

Con interesante reportaje gráfico.

El sábado 24 de abril por la mañana, bajo un sol radiante y un ambiente festivo a la par que reivindicativo, tuvo lugar la manifestación con motivo del Día de la Tierra, para hacer visible la necesidad de frenar el cambio climático. 
 
Alrededor de unos 3000 asistentes nos dimos cita en esta ocasión. A ritmo de batukada, hemos exigido a los gobernantes y autoridades que prioricen esta cuestión en sus agendas políticas para evitar que estos impactos lleguen a tener las consecuencias ecológicas, sociales y económicas irreversibles que los expertos auguran. 
 
"La Cumbre de las Naciones Unidas para el Cambio Climático que tuvo lugar el pasado diciembre en Copenhague fue un fracaso global: ni se alcanzó un acuerdo ambicioso y vinculante, ni hubo justicia para los países empobrecidos. En definitiva, un fracaso mundial que nos encamina a superar los 3,5ºC de media global en las próximas décadas", señalaba Cristina Rois, activista de Ecologístas en Acción. 
 
“En este sentido, el cambio climático significa reducir emisiones de gases de efecto invernadero, y sobre todo de CO2 a través de recortes en las emisiones internas de al menos un 30 por ciento para 2020 y de un 80 para 2050 respecto de los niveles de 1990 en los países industrializados” apunta Judith Carreras, militante de Izquierda Anticapitalista. 
 
La cita de este año era especialmente importante por varias razones, ya que este año se cumplía el 40ª Aniversario de esta manifestación y coincide con que 2010 también ha sido elegido el año Internacional por la Biodiversidad. También era una fecha importante porque este día ha intentado ser una primera respuesta unitaria al fracaso de la Cumbre de Copenhaguen, y porque coincidía en tiempo y en espíritu con la Cumbre de Cochabamba, cuya declaración de los Pueblos Indígenas del Mundo puedes leer aqui.

Izquierda Anticapitalista ha estado presente de manera activa en esta manifestación, con un nutrido cortejo, lanzando constantemente consignas que resumen bien nuestra manera de entender el ecologismo y el anticapitalismo: Cambiemos el sistema, no el clima. 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MANIFIESTO POR EL DÍA DE LA TIERRA

Muchos grupos sociales aprovechamos el Día de la Tierra para llamar la atención sobre los problemas ambientales que, con un alcance sin precedentes, afectan al conjunto del planeta. Entre ellos destaca de forma muy singular el calentamiento terrestre. El último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), fechado en 2007 es concluyente al respecto. Once de los doce años más cálidos desde 1850 están entre 1995 y 2006. La temperatura media global ha aumentado 0,74ºC de 1906 a 2005 (mayor que la publicada en el anterior informe). Al tiempo que la tendencia al aumento de la temperatura de los últimos cincuenta años prácticamente dobla la de los cien anteriores. El incremento de gases de invernadero, lejos de reducirse sigue creciendo y lo hace a velocidad mayor de la prevista.

 

Pero esto no es ni mucho menos un informe alarmista, sino el informe de conclusión redactado para lograr el consenso científico. Muchísimos especialistas, entre los que se cuentan los más prestigiosos expertos, tienen una percepción aún más pesimista. Aumenta también el consenso sobre que es preciso empezar a reducir las emisiones mundiales en el próximo decenio y hacerlo de forma rápida, si se quiere evitar que la temperatura no aumente más de 2ºC, cifra a partir de la cual pueden desencadenarse fenómenos catastróficos irreversibles.

Un nuevo dato preocupante es el rotundo fracaso de la cumbre de Copenhague. Tras un largo proceso de negociación internacional que duró varios años, el único acuerdo logrado es un texto propuesto por 25 países y del que “toman nota” los restantes países asistentes.Se sabía que la cumbre de las Naciones Unidas en Copenhague no desembocaría en un acuerdo suficiente para limitar el cambio climático, pero el texto adoptado al término del encuentro es peor que todo lo que se había podido imaginar: ¡no hay objetivos cifrados de reducción de las emisiones, ni año de referencia para medirlos, ni plazos, ni fecha!. El texto contiene una vaga promesa de 100.000 millones de dólares para la adaptación en los países en desarrollo, pero las fórmulas utilizadas y diversos comentarios hacen temer préstamos administrados por las grandes instituciones financieras más que verdaderas reparaciones pagadas por los responsables del desastre.

La incoherencia del documento es total. Los jefes de Estado y de gobierno reconocieron que “el cambio climático constituye uno de los mayores desafíos de nuestra época” pero, a la salida de la 15ª conferencia de este tipo, siguen sin ser capaces de tomar la menor medida concreta para hacerle frente. Admiten la necesidad de permanecer “por debajo de 2ºC” de subida de temperatura, consiguientemente la necesidad de “reducciones drásticas” de las emisiones “conforme al cuarto informe del IPCC”, pero son incapaces de asumir las conclusiones fijadas por los climatólogos: al menos el 40% de reducción en 2020 y el 95% de reducción en 2050 en los países desarrollados. Subrayan con énfasis su “fuerte voluntad política” de “colaborar en la realización de este objetivo” . Pero no actúan en consecuencia.

Felizmente, frente a la derrota en la cumbre, Copenhague fue una significativa victoria en la base. La manifestación internacional del sábado 12 de diciembre reunió a unas 100.000 personas que, a pesar de una feroz represión policial, ocuparon la capital nórdica al grito de “El planeta primero, la gente primero”. Frente a la incapacidad total de los gobiernos, frente a los lobbies económicos que impiden tomar las medidas para estabilizar el clima respetando la justicia social, cada vez más habitantes del planeta comprenden que las catástrofes anunciadas por los especialistas no podrán ser evitadas más que cambiando radicalmente de política.

Copenhague simboliza esta toma de conciencia. Se expresa por la participación de actores sociales que, hace poco todavía, se mantenían al margen de las cuestiones ecológicas, que incluso las contemplaban con desconfianza: organizaciones de mujeres, movimientos campesinos, sindicatos, asociaciones de solidaridad Norte-Sur, movimiento por la paz, agrupamientos altermundialistas, etc. Su entrada en escena desplaza radicalmente el centro de gravedad. En adelante, la lucha por un tratado internacional ecológicamente eficaz y socialmente justo se jugará en la calle –más que en los pasillos de las cumbres- y será una batalla social- más que un debate entre expertos.

Debido a este fracaso y a que son necesarios acuerdos internacionales vinculantes que fuercen a una reducción suficiente de emisiones con un reparto justo que tenga en cuenta las emisiones históricas de cada país, la futura cumbre a celebrar en Méjico es decisiva. Es precisa una amplia movilización social que fuerce a los poderes económicos y políticos a revertir las preocupantes tendencias actuales.

Frente a esta situación la propuesta programática en los países de la UE debe pivotar sobre tres ejes básicos:

1)Vuelta a la presencia de los poderes públicos al mundo de la energía. Evidenciada en el retorno a la planificación con participación social en las actividades de generación eléctrica y en la adquisición de hidrocarburos. Supeditación de los mecanismos de mercado a la lógica social.

2)Enfoque de demanda en dicha planificaciónEl interés de una sociedad racional es consumir el mínimo de energía posible para conseguir la satisfacción del máximo de los servicios. Los segundos son los que proporcionan, dentro de ciertos márgenes, el bienestar material, mientras que la energía es un coste económico y un factor de generación de impacto ambiental.

3)Sostenibilidad ambiental y social del suministro energético. Reducción unilateral de las emisiones de gases de efecto invernadero en la cuantía y al ritmo necesario para mantener el cambio climático dentro de los límites tolerables. Rechazo a las tecnologías de riesgo como las centrales nucleares. Compromiso de la UE para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% para 2020 con respecto a los niveles de 1990. Políticas de largo alcance para descarbonificar el suministro de energía. Reducción del consumo de energía primaria en la UE en un 30% en 2020 con respecto a los niveles actuales. Fijar un objetivo de que el 30% de la energía de la UE se base en fuentes renovables en 2020. Apuntar el objetivo de conseguir un suministro energético basado 100 % en energías renovables a partir de 2040.





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