Izquierda Anticapitalista
1.Una Europa que garantice trabajar menos para todos y todas.
La Unión Europea de las multinacionales y los banqueros y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento se ha convertido en un arma de destrucción de derechos sociales, de fomento del paro masivo (23,5 millones de personas en 2009), de la precarización laboral (alrededor de 100 millones de personas en 2007) y del empobrecimiento creciente de amplias capas de la población (79 millones en el mismo año) que, con la excusa de la crisis provocada por el propio sistema que pretenden perpetuar, amenaza ahora con proseguir por ese camino con mayor intensidad y dureza mediante políticas como la “flexiguridad”. La Europa por la que luchamos deberá basarse en la armonización por arriba de los derechos sociales, empezando por la prohibición de los despidos en las empresas con beneficios y la garantía de recolocación, sin disminución de salarios, en los sectores en crisis mediante su reconversión bajo control social hacia la satisfacción de necesidades sociales compatibles con el medio ambiente. Promoverá el reparto de todos los trabajos –incluidos los no remunerados- mediante
la derogación de la Directiva que sigue permitiendo la prolongación de la semana laboral más de 48 horas, estableciendo la reducción de la semana laboral a 35 horas, sin disminución de salarios, y la socialización de las tareas de cuidado. Reducirá radicalmente la temporalidad en la contratación laboral mediante la consideración de la contratación indefinida como norma y la eventual como excepción. Asimismo, propondrá un aumento sustancial del Salario Mínimo en toda la UE (que en el Estado
Español debería alcanzar 1.200 euros), un Ingreso Social equivalente
para todas las personas desocupadas y unas Pensiones dignas a partir
de la jubilación a los 60 años, en el camino hacia una Renta Básica
Universal. Igualmente, frente a las sentencias del Tribunal Europeo
de Justicia favorables al “dumping” social, derechos básicos como
el de huelga y la igualación de condiciones laborales y salariales,
independientemente del origen del país de procedencia, deberán ser
reconocidas plenamente.
2. UNA EUROPA QUE ASPIRE A LA SOCIALIZACIÓN DE LOS BIENES COMUNES Y DE LA BANCA Y AL REPARTO DE LA RIQUEZA
El agua, la tierra, la sanidad, la educación, la cultura son bienes comunes que han de garantizar una vida digna para todos y todas, por lo que deben ser reconocidos constitucionalmente como derechos fundamentales. Frente a los procesos de liberalización y privatización de los servicios dentro de la UE y a las directivas que las promueven –que deberían ser derogadas-, tiene que haber unos servicios de propiedad y de gestión
100% públicos, paralizando todos los procesos de privatización y exigiendo el retorno al sector público, bajo control social, de los ya privatizados. Garantizará el derecho a la salud universal, equitativa y gratuita, así como a la educación pública y gratuita desde los centros infantiles hasta la Universidad; paralizará el Plan Bolonia y asegurará una Universidad Pública y de calidad al servicio de las necesidades sociales; que reconozca la vivienda como un derecho fundamental y no como un negocio, procediendo a la expropiación de viviendas vacías y a la creación de un parque público para alquiler social, no superior al 20% del salario y prohibiendo los desahucios por impago de hipotecas de hogares afectados por el fraude inmobiliario y el paro. Revisará profundamente la Política Agrícola Común (PAC) de la UE para ponerla al servicio de quienes trabajan la tierra y a favor de un mundo rural vivo, que exija que la agricultura y la alimentación estén fuera de las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, que prohiba los transgénicos y exija la abolición de los festejos con malos tratos a los animales. Promoverá una política cultural que garantice que los medios de comunicación públicos estén al servicio de la ciudadanía, la creación artística desmercantilizada, el copyleft y el apoyo a los medios de comunicación alternativos.
Frente a la
socialización de las pérdidas, adoptada por los gobiernos al servicio
de los banqueros, los especuladores y los estafadores para luego volver
a privatizar sus beneficios, la Europa que queremos deberá promover
una Banca Pública bajo control social para poner en marcha un sistema
de préstamos ecosociales que facilite la transición hacia otro modelo
productivo al servicio de las necesidades básicas de la población.
Será una Europa que abolirá los “paraísos fiscales” existentes
dentro de su territorio, establecerá un control estricto e impuestos
sobre el libre movimiento de capitales, los beneficios de las
multinacionales
y las grandes fortunas y promoverá una armonización hacia arriba de
las políticas fiscales hsta conseguir la desaparición de todos los
“paraísos fiscales”.
3. UNA EUROPA QUE LUCHE CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y SIENTE LAS BASES DE OTRO MODELO CIVILIZATORIO
Frente al cambio climático el sector energético ha de ser considerado un servicio público
planificado democráticamente en toda Europa y, por tanto, pasar a ser de titularidad pública. La UE es la segunda emisora de gases de efecto invernadero (24 %) del planeta y, pese a su retórica verde, prosigue ese camino con su obsesión por el “crecimiento económico” y proyectos como las grandes infraestructuras. La Europa que queremos debería asegurar el cumplimiento efectivo del compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40 % para 2020 con respecto a los niveles de 1990, la renuncia a la energía nuclear, el abandono progresivo de las energías no renovables y la adopción de un Plan europeo de suministro energético que tienda a basarse en un 100 % en energías renovables. Deberá establecer una Moratoria de nuevas infraestructuras de transporte, proceder a una reevaluación de los proyectos ya en marcha
y el abandono o reconversión de aquéllos que sean considerados
innecesarios
o destructivos, suspendiéndose la financiación a la inversión en
este sector y redirigiéndola prioritariamente a gastos sociales. Todo
ello con el propósito de emprender una transición efectiva hacia otro
modo de producir, distribuir y consumir sostenible y socialmente justo,
hacia un “Buen Vivir” que cuestione radicalmente la lógica depredadora
de recursos del actual sistema y el fetichismo del “crecimiento
económico”
ilimitado que le acompaña.
4. UNA EUROPA BASADA EN LA IGUALDAD PLENA DE TODAS LAS MUJERES, EN SU DERECHO A DECIDIR Y EN EL RESPETO A LA LIBERTAD SEXUAL
Frente a una UE que mantiene una sociedad patriarcal y discriminatoria y a las restricciones que persisten en muchos países –como Irlanda, Polonia, Malta y, también,
pese a los avances logrados, el Estado español- al derecho a decidir de las mujeres, reivindicamos una legislación común a escala europea que garantice la despenalización total del aborto y el derecho a la interrupción del embarazo y a la contraconcepción libres y gratuitos a cargo de la Sanidad Pública. La maternidad ha de ser también libre y deseada y por ello es imprescindible una educación sexual y afectiva, honesta y sincera, para evitar embarazos no deseados. Reivindicamos el derecho a las prestaciones sanitarias públicas para la maternidad y reproducción asistida sin límite de edad, territorio, orientación sexual o modelo de convivencia doméstica. Exigimos la igualdad de género
en todos los trabajos y consideramos urgente poner fin a la precariedad
laboral en forma de contratos temporales y parciales y discriminación
salarial, los cuales aefectan de forma particularmente severa a las
mujeres. Rechazamos la consideración de las tareas de cuidado como
“inherentemente femeninas” o “cosa de mujeres” y apostamos por
una educación y una socialización de los y las jóvenes que no perpetúen
los actuales roles de género. Con el objetivo de conseguir la plena
responsabilidad pública respecto al cuidado, deberían adoptarse leyes
a escala europea que garanticen el acceso al cuidado público gratuito
y de calidad para todas las personas en situación de autonomía
restringida
y el desarrollo de los equipamientos sociales necesarios que faciliten
el uso equitativo de los tiempos de vida cotidiana de las mujeres y
del conjunto de la sociedad. Debería establecerse también una
legislación
europea contra la violencia machista, garantizando un servicio público
de acogida, alojamiento y protección de las mujeres víctimas de
violencia
y la equiparación de derechos para las mujeres inmigrantes
independientemente
de su situación legal. Finalmente, frente a las discriminaciones y
frecuentes violencias homófobas que persisten en la práctica totalidad
de países de la UE, rechazamos la imposición de la “norma” heterosexual
y reivindicamos la libre opción sexual y plenos derechos y protección
para gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgéneros.
5. UNA EUROPA SIN MUROS NI GUETOS. NINGÚN SER HUMANO ES ILEGAL.
La Unión Europea, al mismo tiempo que facilita la sobreexplotación de la fuerza de trabajo
inmigrante en función de las necesidades empresariales, se está
convirtiendo
en una fortaleza llena de muros, vallas y Centros de “Internamiento”
de Inmigrantes (CIEs) dentro y fuera de sus fronteras, y prosigue las
expulsiones masivas (medio millón de personas en 2007), basándose
en un racismo institucional que tiene en la Directiva de la “vergüenza”
(mal llamada de “retorno”), aprobada por el Parlamento Europeo y
la casi totalidad de eurodiputados del PSOE, su peor expresión. La
Europa que queremos derogará esa Directiva, suprimirá los CIEs y las
leyes discriminatorias (como la Ley de Extranjería española),
desmantelará
el FRONTEX y las vallas fronterizas en el Norte de Africa, derogará
la política restrictiva del derecho de asilo, despenalizará la ayuda
y el apoyo a la entrada, circulación y estancia de inmigrantes y
demandantes
de asilo y garantizará la tutela efectiva para las personas menores
de edad no acompañadas. La Europa que queremos respetará el derecho
a la libre circulación y elección de país residencia y regularizará
y garantizará plenos derechos para todas las personas residentes en
suelo europeo, sin distinción de nacionalidad, etnia o religión, con
o “sin papeles”.
6. UNA EUROPA DEMOCRÁTICA Y LAICA QUE RECONOZCA TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS, TODOS LOS PUEBLOS Y TODAS LAS CULTURAS
El proceso de “integración europea” y, luego, de la UE tuvo un carácter antidemocrático desde sus mismos orígenes y, tras el Acta Única de 1986 y el Tratado de Maastricht de 1992, llegó a su culminación con el proyecto de Tratado
Constitucional Europeo, finalmente frustrado por el rechazo de los
pueblos
francés y holandés. Ahora, con el Tratado de Lisboa, pese a su rechazo
por el pueblo de Irlanda, se pretende legitimar de nuevo un régimen
oligárquico y despótico que tiene sus peores expresiones en el Banco
Central Europeo, el Tribunal Europeo de Justicia y la Comisión Europea,
al servicio todos ellos de los “lobbies” de las grandes multinacionales
europeas y de la libertad empresarial. La Europa por la que luchamos
derogará el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y, en el caso de que
finalmente se apruebe, el Tratado de Lisboa; romperá con el marco
procapitalista
e institucional de la UE y deberá ser refundada desde abajo, desde
el reconocimiento de todos los derechos –incluido el de la
autodeterminación
y la independencia- para todos los pueblos y para todas las personas
residentes en suelo europeo. Sólo un nuevo proceso constituyente,
libremente
pactado y basado en la decisión soberana de los pueblos, podrá
establecer
las bases de otra Europa democrática, plurinacional y pluricultural.
Será una Europa que luche contra la profesionalización de la política,
limitando la permanencia en cargos públicos a no más de 2 mandatos,
con salarios no superiores al salario medio del país respectivo, con
derecho de voto a partir de los 16 años, la regulación generosa de
los derechos de iniciativa legislativa popular y el referéndum, la
derogación de toda la legislación “antiterrorista” de excepción
incluida la Ley de Partidos vigente en el Estado español-, la
separación
total entre los Estados y las iglesias y la democratización de todas
las instituciones, incluida la jefatura de los Estados.
7. UNA EUROPA RESPETUOSA DE LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS DEL SUR Y FUERA DE LA OTAN
La UE ha sido uno de los principales motores de la globalización neoliberal y neoimperialista, siendo ahora sus más claros ejemplos los “Acuerdos” y “Tratados” de “Libre Comercio” que pretende imponer en países como Africa, Caribe y Pacífico o Centroamérica., contrarios al respeto a la soberanía
de los pueblos sobre sus bienes y recursos naturales y al servicio del
saqueo de sus recursos en beneficio de las grandes multinacionales del
Norte, como se comprueba en el documento de la Comisión Europea “Europa
Global: Competir en el mundo”. Al mismo tiempo, su política exterior
y de defensa comparte en lo fundamental los intereses geoestratégicos
de EE UU y se desarrolla en el marco de la OTAN y de las guerras que
emprenden en países como Iraq y Afganistán. La Europa que queremos
deberá cancelar la Deuda Externa contraída por los países del Sur,
reconocer la Deuda Ecológica hacia los mismos, derogar los injustos
“Acuerdos” y “Tratados” comerciales y establecer una relación
solidaria con ellos basada en el respeto a su soberanía. Será una
Europa que deberá romper todos sus compromisos con el FMI, el BM y
la OMC. Apostará radicalmente por establecer unas relaciones pacíficas
con todos los pueblos empezando por la retirada inmediata de sus tropas
de Afganistán y Líbano, rompiendo todo tipo de vínculos con la OTAN
y exigiendo su disolución. Asimismo, anulará el Acuerdo Preferencial
de Comercio con el Estado de Israel y suspenderá todo tipo de relación
con ese Estado mientras persista sus constantes violaciones de derechos
humanos fundamentales del pueblo palestino, reconociendo a sus
representantes
elegidos democráticamente. También deberá proceder al reconocimiento
diplomático de la República Árabe Saharaui Democrática, solidarizarse
con el pueblo marroquí frente a un régimen que es el principal aliado
del imperialismo en el Norte de Africa y respetar el derecho a la
autodeterminación
de todos los pueblos.
Izquierda Anticapitalista





