Declaración de Izquierda
Anticapitalista
La ofensiva del capital
internacional, y en este caso del europeo, ha reanudado su política
de ajuste sobre las condiciones de la relación salarial, tanto en
materia
de la regulación de las relaciones laborales como de los derechos que
atañen al Estado del Bienestar. Definitivamente, los gobiernos europeos
en su gran mayoría han hecho propios los postulados para adoptar
políticas
de ajuste.
Estamos ante una
operación
a gran escala del capital para diseñar una “salida” de la crisis.
La Reforma Laboral del gobierno ZP no es más que una pieza dentro de
una estrategia integral: reducciones salariales de trabajadores públicos
y privados, recortes del gasto público, ampliación de la edad de
jubilación
y reforma del sistema de pensiones son elementos que avanzan en la misma
dirección: un incremento de la “parte del pastel” del que se apropian
los grupos de mayor renta y riqueza a expensas de las clases
trabajadoras
y populares, que verán disminuir sus salarios, sus derechos sociales
y su espacio político. Para ello es necesario infligir una derrota
de grandes dimensiones y alcance al movimiento obrero y popular. O,
lo que es lo mismo: para obtener una mejor correlación de fuerzas,
la burguesía necesita eliminar cualquier discurso disidente que
cuestione
el imperante, debilitar las libertades públicas, torpedear la
participación
social, neutralizar o eliminar las organizaciones sociales, debilitar
la izquierda política y, muy especialmente, acabar con el papel que
incluso desde posiciones pactistas y pasivas juegan las organizaciones
sindicales por el mero hecho de existir de forma autónoma. En
particular,
el objetivo es desacreditar a aquellos sindicatos que mantienen
posiciones
de clase. En esa operación, los voceros del capital quieren
desprestigiar
la misma idea de agrupación sindical y, sobre todo, quieren dinamitar
la negociación colectiva.
Por un lado, estamos
constatando cómo los gobiernos conservadores y los social-liberales
adoptan las medidas dictadas por sus patronales nacionales.
Prácticamente
se han borrado las tenues fronteras que separaban a unos y otros, con
partidos y programas casi intercambiables (al menos en la práctica).
En segundo lugar, es
patente la incapacidad de la UE para ofrecer soluciones políticas y
medidas económicas favorables para las y los trabajadores. De momento
no hay proyecto común más allá del euro y hemos visto reaparecer
en el escenario las viejas rivalidades intergubernamentales en defensa
de los intereses nacionalistas de las propias burguesías.
La tercera cuestión
es constatar el transfuguismo hacia las filas de la CEOE y el credo
liberal sin matizaciones del gobierno “socialista”, con Zapatero
a su cabeza y sin contestación ni contrapeso en el seno del PSOE. Es
el final de un proyecto político que, al rebufo de la lucha contra
la guerra de Irak, la propuesta de nuevos derechos civiles y la bonanza
económica del crecimiento basado en el ladrillo, nunca se planteó
confrontarse con el capital para hacer avanzar las conquistas y derechos
de las gentes de abajo. Simplemente repartió las migajas del banquete.
Primero vino la agresión contra las y los empleados públicos y
pensionistas.
Ahora viene un ataque contra el conjunto de la clase: éste es el sentido
de la reforma laboral.
Como correlato de lo
anterior, también cabe destacar el fin de época de la estrategia
sindical
basada en la concertación social. Los últimos meses son la expresión
acabada de su fracaso, tanto en el ámbito europeo como en el del Estado
español. Desgraciadamente, la Confederación Europea de Sindicatos
(CES) no ha emitido una sola declaración útil para el conjunto del
movimiento obrero europeo, y mucho menos ha formulado una línea de
acción y resistencia común. El único instrumento sindical europeo
realmente existente no ha servido para nada en el momento álgido de
los primeros ataques. La jornada de movilización del día 29 de
septiembre
puede ser un trámite o el inicio de una nueva época de solidaridad
y lucha a escala europea. Izquierda Anticapitalista, pese al
escepticismo
que nos inspira la dirección de la CES, apuesta por convertirla en
lo segundo.
En el ámbito español,
el punto final de la mesas sindicatos-CEOE y el alineamiento inequívoco
del gobierno socialista con la patronal, es la mejor expresión de que
las direcciones de CCOO y UGT llevan años confiando en una quimera:
la mesa de negociaciones sin movilización, no puede dar frutos. El
largo periodo de pacto social sólo ha logrado debilitarnos a las y
los trabajadores, fortalecer a las clases dominantes y permitir la
ambigüedad
gubernamental. Pero nunca es tarde si la dicha llega. Los sindicatos
mayoritarios han convocado a la calle, y la calle vamos a tomar; han
convocado a la huelga, y la huelga vamos a preparar. Y lo queremos hacer
para ganar, con objetivos claros, con propuestas alternativas y pensando
en el largo plazo. Necesitamos coraje, determinación y victorias
contundentes
para levantar la moral de los y las trabajadoras.
ANATOMIA DE LA REFORMA
LABORAL
El Real Decreto que entra
en vigor supone una nueva, pero ni la primera ni la última, agresión.
Con mala fe, entre el borrador inicial y el redactado definitivo, se
ha pasado de importantes agresiones a un claro endurecimiento de los
contenidos de la reforma laboral, posiblemente para recabar, si no el
apoyo, sí la abstención y beneplácito tácito de las fuerzas de la
derecha parlamentaria. Ahora se inicia el trámite para validarlo en
los próximos meses.
Los grandes medios de
comunicación y los poderes fácticos de la burguesía machacan
constantemente
a la opinión pública con la falsedad de que la reforma laboral es
necesaria. Pero no lo es, y de serlo tendría que tener una orientación
opuesta a la adoptada. En cambio, las políticas eficaces contra la
crisis no se están adoptando en ningún país: cambio de modelo y de
objetivos de la Unión Europea, regulación de los mercados financieros,
recuperación de la Banca pública, desarrollo de una reforma fiscal
progresiva, persecución delenorme fraude fiscaldesarrollo de una
inversión
pública planeada al servicio de las necesidades sociales, regulación
y orientación de las actividades de la economía privada en sus áreas
estratégicas. En suma, hacer que la crisis la paguen los capitalistas.
Las
reformas laborales regresivas no crean empleo. Y ésta ciertamente
no lo creará. Los neoliberales defienden cínicamente que rebajar el
coste del factor trabajo promueve la competitividad y con ello estimula
el crecimiento y el empleo. Sin embargo, la realidad se muestra tozuda
desmintiéndolo. La creación de empleo, bajo el capitalismo, depende
de la actividad productiva, de las expectativas de beneficio, de las
condiciones de la demanda y la inversión. Por mucho que se abaraten
costes laborales, si no se dan esas condiciones, y ahora estamos en
una fase de crisis en la que ciertamente no se dan y que durará, no
habrá ni inversión productiva (no confundir con la especulación
financiera)
ni creación de empleo. Abaratar costes laborales, en cambio, sí mejorará
la tasa de rentabilidad de las empresas que sobreviven (el objetivo
real pero no declarado de la contrarreforma laboral en curso), pero
a costa de deprimir la economía. El despido barato ha permitido un
rápido aumento del desempleo, ya que las empresas han ajustado
rápidamente,
de manera fácil y barata, la caída de la demanda sobre los y las
trabajadoras.
En realidad, la patronal quiere, y el gobierno acepta, que se aumente
el paro como medio para incrementar los beneficios de las empresas.
Esto es lo que realmente subyace al cinismo de la patronal y a la
hipocresía
del gobierno.
Además, esta reforma
es injusta. El gobierno dice que favorecerá el empleo estable.
Pero no es así. La contratación indefinida en este país no es estable,
pues la media de continuidad de un trabajador no pasa de cinco años
en el mismo empleo actualmente, y además la diferencia entre un contrato
temporal y otro indefinido (el fijo sólo es, en la práctica, para
el funcionariado) es el coste del despido, porque en este país despedir,
si bien no es gratis, es prácticamente libre. Mientras el coste de
emplear por vía temporal sea menor que hacerlo por vía indefinida,
seguirá siendo más barato y por tanto será la modalidad preferente
del empresariado.
Esta reforma no es un
cambio menor de la regulación de las relaciones laborales. Y no es
previsible ninguna moderación de sus contenidos. No, porque el capital
internacional, la UE y otros organismos internacionales no cesan en
exigir un endurecimiento mayor. Y porque los agentes que gestionan la
crisis capitalista han decidido que la paguen los y las trabajadoras.
Y si se exige que ésta sea la vía de cumplir el dictado neoliberal
de los Pactos de Estabilidad, las últimas medidas del gobierno no serán
más que el prólogo de un ataque contra los derechos sociales y
democráticos
de las clases populares sin parangón en Europa desde los años treinta
del siglo pasado (con las terribles consecuencias que conocemos).
Esta reforma actúa sobre
el despido. Es una mentira inaceptable decir que abaratar y facilitar
el despido creará empleo. Siempre, y más todavía en un contexto de
crisis, sólo creará más paro.
Esta reforma
generalizará
el contrato de fomento, con indemnización de 33 días por año trabajado
y 24 mensualidades, haciendo minoritario el uso del contrato ordinario
de 45 días y 42 mensualidades. El despido disciplinario improcedente
del contrato de fomento pasa también de 45 a 33 días de indemnización.
- Esta reforma abarata sustancialmente y socializa el coste del despido, no entre la patronal, sino entre toda la población asalariada. En primer lugar, porque el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) aportará lo correspondiente a 8 días por año trabajado en los despidos de cualquier contratado indefinido. Porque facilita el despido objetivo, colectivo, con una justificación muy laxa, permitiendo el despido por 20 días (que serán 12 para el empresario, al aportar el FOGASA los 8 días restantes). Además, se prevé que próximamente se implante el Fondo de capitalización individual de la indemnización, sin incrementar las cuotas empresariales, con lo que así el coste del despido lo pagarán con su salario indirecto el resto de trabajadores, en detrimento de los recursos de la Seguridad Social. Además, al contar con un fondo habilitado para pagar el despido ya no habrá obstáculo económico que disuada de echar al personal. Y el FOGASA, mientras tanto, se arruinará, perdiendo su superávit actual. Ni que decir tiene que las compensaciones que incluye sobre un gradual y ridículo encarecimiento de la contratación temporal, el límite temporal (¡que puede ser de cuatro años!) al contrato de obra y servicio, o la mejor regulación del límite al encadenamiento de los contratos temporales, son elementos cosméticos y menores respecto al conjunto de las agresiones principales.
- Esta reforma privatiza parcialmente la intermediación laboral. En lugar de promover un servicio público más fuerte, con más recursos y más competencias, asistimos a la legalización y externalización de la intermediación laboral hacia las agencias de colocación privadas; y a la ampliación del margen de maniobra de las ETTs, que podrán actuar en la sanidad y en la construcción.
- Esta reforma destinará en torno a 2.800 millones de euros para bonificar la contratación indefinida de jóvenes de entre 16 y 30 años, y mayores de 45 o más, en empresas que no hayan despedido de manera improcedente y que mantengan el empleo indefinido. Aunque la reordenación de éstas no es peor que la anterior, sería mucho más útil haber destinado estos fondos, o bien a fortalecer la Seguridad Social, bien a generar empleo público directo, bien financiar, por ejemplo, adaptaciones del entorno laboral para colectivos con dificultades como las personas con discapacidad. De otro modo, sólo servirá para cambiar la posición en la cola del paro de ciertos colectivos, pues esta medida no crea empleo, y a abaratar sustancialmente los costes laborales a la patronal. En este caso, y recordando que las mujeres están en una situación de mayor vulnerabilidad económica, la eliminación de la bonificación para la contratación de mujeres, no siendo ésta nuestra propuesta para compensar la discriminación estructural de la mujer en el mercado laboral, y no aportando otras medidas , deja en una situación aún peor a la mitad de la población.
- Se amplían las posibilidades de emplear las modalidades del contrato de formación y del contrato en prácticas, destinadas a jóvenes, pero ya no tan jóvenes (puede emplearse a colectivos de hasta 25 años). Se trata de contratos de salarios por debajo del SMI y de los mínimos en convenio, compensados con formación teórica, un certificado profesional de valor simbólico y una minúscula prestación por desempleo.
- Se da más poder empresarial para la gestión de la flexibilidad de la organización del trabajo, acortando los plazos de consulta (y, por tanto, de diagnóstico, elaboración de propuestas alternativas y negociación), con los sindicatos. Bastará un acuerdo con los sindicatos, amparado en que la solución “mejora las condiciones de competitividad de la empresa” para poder realizar medidas de movilidad geográfica y cambios sustanciales de las condiciones de trabajo.
- Esta reforma anuncia el compromiso con una posible reforma de la negociación colectiva, y como anticipo plantea una mayor facilidad de inaplicación y descuelgue salarial de los convenios. Con ello, la reforma laboral abre las puertas a la liquidación de la propia negociación colectiva, del papel que juegan las organizaciones de los trabajadores y del propio Estatuto de los Trabajadores, imponiéndose un modelo de individualización de la relación salarial en el que los empresarios puedan negociar frente a los trabajadores sin tener que verse constreñidos por convenios colectivos o regulaciones laborales. No es éste un aspecto menor, pues la reforma tiene como uno de sus objetivos la derrota y desaparición de los sindicatos, como ya hizo Thatcher en su momento en Gran Bretaña, para poder marcar unas nuevas reglas del juego en Europa entre trabajo y capital, donde no haya ninguna posibilidad de preservar los intereses más elementales del mundo del trabajo y su organización colectiva.
- La reforma no elimina los incentivos a la contratación parcial, cuando lo que debería abordarse es la reducción de la jornada para repartir el emplo. Ésta es una causa fundamental de la dualización por género del mercado de trabajo (el 80% de trabajador@s a tiempo parcial son mujeres), refuerza la inserción laboral precaria y la sobreespecialización en tareas domésticas y reproductivas (es por eso por lo que las mujeres se acogen al tiempo parcial...). Y hacemos mención a que en la reforma no hay propuesta para incluir a las trabajadoras domésticas en el Estatuto de los Trabajadores y siguen en un régimen especial que las hace más vulnerables que otros colectivos.
Y AHORA
¿QUÉ?: ES LA HORA DE LUCHAR
Esta ofensiva abierta
por la burguesía y sus políticas neoliberales se prevé sostenida
en el tiempo. De hecho, asistimos a un importante cambio de ciclo: se
ha dado un salto cualitativo en la magnitud y calado con el que se
aplican
las políticas de ajuste contra la clase trabajadora en el seno de la
UE. Hace décadas que convivimos con la ofensiva del neoliberalismo
contra las conquistas democráticas y sindicales de los trabajadores
en la UE. Sin embargo, la virulencia y la magnitud de las medidas
recientemente
tomadas por el gobierno español y por otros gobiernos de la UE se
emparentan
directamente con las medidas de ajuste estructural impuestas por el
FMI en América Latina durante los años 80, y cuyas dramáticas
consecuencias
sociales son de sobra conocidas. La orientación de estas medidas es
inequívoca: no sólo pretenden trasladar a la clase trabajadora el
coste económico de la crisis, sino que además avanzan una durísima
ofensiva contra las organizaciones sindicales y su capacidad de
interlocución
social.
Sin embargo, la
importante
indignación popular que estas medidas están generando, no se ha
traducido
hasta el momento en una contundente respuesta sindical y social. Buena
muestra de ello es el carácter limitado de la huelga del sector público
convocada el pasado 8 de junio (en la práctica una huelga de
substitución,
un pretexto de unas direcciones sindicales mayoritarias todavía
obstinadas
en evitar la convocatoria de una huelga general). Sin duda, los factores
que explican esta dificultad para activar la contestación social son
diversos. Sin embargo, hay uno que resulta evidente: la orientación
de concertación y pacto social mantenida por las direcciones de CCOO
y UGT durante esta última década ha erosionado notablemente la capacidad
de contestación de estas organizaciones, con una ausencia de relevo
sindical de generaciones educadas en las mejores tradiciones del
movimiento
obrero (asambleas generales, comités de huelga, ratificación o rechazo
de acuerdos por los y las trabajadoras, piquetes…). Sin menospreciar
su importancia táctica, muchos y muchas jóvenes cuadros sindicales
sólo han aprendido a montar elecciones sindicales, pero ese trabajo
no ha constituido un punto de apoyo para ir más allá, neutralizados
por la lógica de la concertación. Las secciones sindicales se han
diluido y, además, en esa ola de despolitización, los nuevos afiliados
sindicales no tienen una perspectiva global de la lucha de clases,
reduciendo
a menudo su análisis a la relación dentro del centro de trabajo. Además,
las direcciones sindicales han seguido apostando hasta el último momento
por el diálogo social, insistiendo en la negociación de la reforma
laboral y deslegitimando con ello la propia convocatoria de huelga en
el sector público. Resulta imprescindible apostar por una forma distinta
de hacer sindicalismo que supere esta orientación de diálogo,
concertación
y pacto social. Estamos convencidos de que una parte importante y
creciente
de cuadros sindicales reconocen este problema y están dispuestos a
luchar ensayando fórmulas combativas y democráticas y recuperando
lo mejor del movimiento obrero y a discutir una salida política
alternativa
a la crisis, que, como hemos señalado estos años Izquierda
Anticapitalista,
es tan posible como necesaria. Frenar la ofensiva a la que en
este momento se enfrenta la clase trabajadora y sus organizaciones exige
una apuesta inequívoca por la confrontación y el conflicto frente
a las medidas de ajuste y frente al gobierno que las impone. Sólo así
será posible frenar estas medidas de ajuste y la política antisindical
de la patronal y el gobierno.
Resulta imprescindible
preparar una respuesta sostenida en el tiempo, con un ciclo de
manifestaciones
y convocatorias que culminen en una potente huelga general el 29 de
septiembre. Pero para ello es necesario convocar asambleas en los
centros
de trabajo, discutir, debatir y recuperar los espacios sindicales de
intervención y confrontación, activando la respuesta social. La huelga
del 29 de septiembre debe convertirse en un importante punto de apoyo
para frenar la ofensiva de la patronal, así como para preparar las
importantes luchas que vendrán. Desde Izquierda Anticapitalista
consideramos
fundamental que las direcciones sindicales defiendan como objetivo
central
de la Huelga General la retirada de las medidas de recorte del gasto
público y del proyecto de contrarreforma laboral en curso. Es
insostenible
y absolutamente desmovilizador defender que el objetivo de la huelga
es volver a la mesa de negociación con Gobierno y patronal. Exigiremos
y defenderemos en los centros de trabajo y en las organizaciones
sindicales
en las que estamos implantados e implantadas que el conjunto de las
organizaciones sindicales (mayoritarias y minoritarias, de ámbito
estatal
y de ámbito nacional o regional, de clase o de sector o ramo, todas)
trabajen por consensuar un calendario de movilizaciones a la vez
contundente
y realista y que conceda el máximo protagonismo a las plantillas y
a las iniciativas que lleguen desde abajo. Para que ello sea factible
hay que luchar por generalizar métodos democráticos de toma de
decisiones
y de conducción de las luchas. Además, para garantizar el éxito de
la Huelga General, es fundamental que las direcciones sindicales no
se plieguen a negociar servicios mínimos concebidos para ahogar el
derecho de huelga y coaccionar a los y las trabajadoras y maquillar
las cifras reales de seguimiento. Hay que trabajar pues por paralizar
totalmente la actividad y porque la huelga sea lo más contundente
posible.
Igualmente, es
inaplazable
impulsar una orientación internacionalista de la respuesta a las medidas
de ajuste neoliberales. En este sentido, la respuesta de la
Confederación
Europea de Sindicatos ha sido tardía y decepcionante: se ha abandonado
a los trabajadores griegos a su suerte, apostándose por la inacción
y la ausencia de solidaridad internacional. La orientación de un
sindicalismo
alternativo, ahora más que nunca, debe apelar en este momento a la
solidaridad de los trabajadores europeos, quienes se enfrentan por igual
a durísimos planes de ajuste por toda la geografía del viejo continente.
La jornada de protesta internacional convocada por la CES para el día
29 de septiembre –fecha con la que se hará coincidir la huelga general
en el estado español- debería avanzar hacia la convocatoria de una
huelga general en todos los países de la UE, que traduzca el
generalizado
descontento social en una respuesta de calado internacional.
Por último, y tal y
como hemos señalado, es imprescindible también reforzar la orientación
politicosocial del conflicto sindical. La dimensión de la agresión
contra las conquistas sociales excede con mucho el mundo sindical. La
respuesta que debemos preparar, también debe de hacerlo. Es importante
concienciar a los activistas sociales de todos los movimientos de la
importancia de la batalla que se libra, así como del hecho de que su
magnitud no interpela únicamente a las organizaciones sindicales, sino
al conjunto de la izquierda política y social.
¡¡EN CONTRA DE LA
REFORMA LABORAL!! ¡¡A LA HUELGA GENERAL!!
La convocatoria de
movilizaciones
generales, la realización de una Huelga General en Euskadi el 29 de
junio, las manifestaciones del 30 de junio y la perspectiva de una
huelga
general el 29 de septiembre, que coincidirá con movilizaciones a escala
europea, abre un proceso en el que tenemos la oportunidad de abrir
debates
e intercambios en los que tienen escaso margen de maniobra las
consideracione pactistas y “nacionalistas”.
Hoy, más que nunca,
es necesario adoptar una perspectiva internacionalista y anticapitalista
contra la crisis sistémica. Es necesario organizar política y
sindicalmente
las luchas, es necesario dotarlas de alternativas y perspectiva
política.
De lo contrario, pueden darse repliegues nacionalistas, xenófobos y
reaccionarios que pongan en peligro las frágiles conquistas democráticas
del movimiento obrero, en particular en el Sur de Europa, donde la
derrota
del fascismo no deja de ser un hito relativamente reciente y cada vez
más precario.
Por eso consideramos
que la preparación de la huelga general, reclamando su extensión a
escala europea, la pedagogía en todo este proceso, y contribuir a
desbordar
contenidos y reivindicaciones para fortalecer la correlación de fuerzas
a favor de los y las trabajadoras es ahora nuestra tarea prioritaria.
Preparar la Huelga
General,
organizar la lucha, difundir las reivindicaciones que fortalezcan a
las y los trabajadores frente al discurso y la propuesta del capital
es la tarea central de las organizaciones anticapitalistas.
Preparar la Huelga
General
significa revitalizar las reuniones de las secciones sindicales, pero
sobre todo apoyar una dinámica de realización de asambleas en los
centros de trabajo con dos objetivos: el impulso junto a las
reivindicaciones
generales de la huelga de plataformas reivindicativas sectoriales y
lograr la máxima adhesión y participación activa y unitaria de las
gentes en la planificación y ejecución de la huelga, de sus piquetes,
de las culebras en la empresa, de las manifestaciones, del apoyo a la
huelga en los sectores más débiles y en los más estratégicos, como
el transporte.
Preparar la Huelga
General
significa adoptar dos ejes de trabajo: la unidad de acción en todos
los ámbitos de todas las fuerzas sindicales e impulsar una amplia
alianza
social de las organizaciones feministas, ecologistas, vecinales,
deportivas,
culturales, de emigrantes, de agricultores, trabajadores por cuenta
propia, asociaciones de padres y madres, estudiantes, parad@s, jóvenes
y jubilad@s y de cuanta gente tenga una cuenta pendiente con el sistema.
El objetivo es lograr una Huelga General en los centros de trabajo y
una movilización del conjunto de la sociedad contra el capital y sus
gestores que tenga una dimensión política lo más pronunciada posible..












































































