Editorial / Nuevo ciclo y viejos dilemas en la izquierda

Jueves 23 de septiembre de 2004

Después de la derrota del PP el pasado 14-M se ha abierto un nuevo ciclo político en el que algunas expectativas creadas en la mayoría social se han podido ver satisfechas por el gobierno de Zapatero, obligado a demostrar que no podía defraudarla en sus demandas más urgentes, como la retirada de las tropas de Iraq y la paralización del trasvase del Ebro. Ahora, sin embargo, finalizado el “período de gracia”, entramos ya en la etapa de las definiciones a medio plazo sobre las tareas y los retos que ha de afrontar un gobierno que no oculta su aceptación del paradigma neoliberal dominante dentro de la Unión Europea y que anuncia ya su enorme modestia en la reforma constitucional que piensa acometer para no cuestionar la “unidad de España” y la continuidad de la monarquía.

No parece, por tanto, que pese a los efectos neutralizadores de determinadas medidas “progresistas” de reconocimiento de determinados derechos civiles y a gestos retóricos magnificados a través de la “política-espectáculo”, vaya a haber una “paz social” duradera, como revelan ya, tras las luchas de inmigrantes del verano, las protestas obreras contra el proyecto de privatización del sector civil de Izar, en cuya crisis no hay que olvidar que ha influido la política restrictiva de las ayudas públicas por parte de la Unión Europea en un contexto de “dumping” fiscal y social global; ni tampoco será fácil un consenso entre las distintas propuestas respecto a emprender o no una “segunda transición” en relación con la realidad plurinacional del Estado español. La convocatoria del referéndum sobre la Constitución Europea para finales de febrero será, además, una prueba clara de que en las cuestiones fundamentales que aparecen blindadas en ella existe una amplia coincidencia entre PSOE y PP, mientras que frente a la misma se sitúan no sólo la izquierda anticapitalista y diversas organizaciones de la izquierda social sino también fuerzas políticas nacionalistas que rechazan una UE que niega los derechos de los pueblos sin Estado.

Pero sería ilusorio pensar que vaya a haber un rápido desgaste social y político de este nuevo gobierno. Porque la gran baza de Zapatero sigue siendo la utilización constante del recordatorio de la “era Aznar” y, con ella, la adaptación a ese propósito –“todos contra el PP”-, al menos hasta ahora, por parte de las fuerzas a su izquierda en el parlamento. Tenemos ya un triste ejemplo de ello en el preacuerdo con que ha empezado la negociación de los Presupuestos Generales del Estado entre PSOE, IU-ICV y ERC, pese a que los mismos se van a tener que elaborar en el marco del Pacto de Estabilidad de la UE, de la negativa a un incremento de la presión fiscal y del mantenimiento de determinados gastos, como los militares, que no pueden ser aceptados desde las premisas y valores de una izquierda alternativa.

No va a ser fácil ir reconstruyendo una oposición social y política de izquierdas al gobierno de ZP, pero no van a faltar por desgracia razones para esa tarea. Ni las políticas económicas y fiscales van a cambiar, ni las políticas sociales van a reducir sustancialmente la distancia que nos separa de la media de gasto de la UE, ni el tratamiento del “terrorismo” se va a modificar (manteniendo la Ley de partidos y asumiendo la lógica “securitaria” en detrimento de libertades básicas), ni el discurso de la “España plural” será capaz de contentar las demandas que siguen oyéndose en Euskadi, Catalunya y otras Comunidades. Tampoco, pese a la imagen paritaria del equipo gubernamental, la prometida ampliación del derecho al aborto y la precariedad femenina en el trabajo van verse satisfechas, ni hay garantías de que incluso el 0,35 % de “ayuda” a los pueblos del Sur o el Protocolo de Kyoto se vayan a cumplir. Por no hablar del riesgo de que el pueblo saharaui sea abandonado a su suerte en aras de las relaciones de “buena vecindad” con el régimen dictatorial marroquí; o de ver cada vez más implicado al ejército español en la ocupación de Afganistán y la legitimación de unas elecciones fraudulentas en ese país, mientras bases como la de Rota siguen jugando una función clave dentro de la estrategia USA en el “Gran Oriente Medio” y en la ONU se sigue haciendo la vista gorda ante la violencia terrorista con que Bush está respondiendo a la resistencia iraquí. ¿Qué decir, además, de la timidez con que Zapatero y la UE actúan frente a la impunidad con que Sharon en Palestina y Putin en Rusia usan en beneficio propio el discurso de la “guerra global permanente”?

Urge por tanto reforzar y renovar desde la izquierda anticapitalista y alternativa las redes críticas que impulsaron el largo ciclo de movilizaciones que condujo a la derrota final de Aznar, buscando su convergencia con sectores críticos de los sindicatos y otras organizaciones sociales y, sobre todo, participando en los conflictos y las movilizaciones que surjan en los próximos meses en el plano local, nacional o estatal. La campaña por el voto No a la Constitución Europea debería ser una ocasión para difundir un punto de vista crítico sobre la significación real de la UE como proyecto de desmantelamiento efectivo del presunto “modelo social” que dice defender frente a EEUU. Pero, más allá de los resultados de un referéndum que aparece como prematuro y plebiscitario ante una ciudadanía desinformada, lo más importante será poder ofrecer propuestas alternativas que contribuyan a generar nuevas iniciativas y campañas en torno a problemas concretos capaces de llegar a la población trabajadora en sus ámbitos locales y nacionales y, a su vez, las vinculen a las que se desarrollen en el marco del Foro Social Europeo.

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