En el día de hoy, 11 de febrero, la Revolución Democrática en Egipto ha triunfado. El MATS envía un caluroso saludo al pueblo y a l@s trabajador@s egipcios que han conseguido, después de 18 días de movilizaciones, huelgas y más de 300 muertos y miles de heridos, expulsar al odioso dictador Hosni Mubarak.
De algo ha servido la lucha, las huelgas y las concentraciones en la plaza de Tahrir y Alejandría. ¿Quién decía que los sátrapas y tiranos son invencibles? ¿Quién decía que frente a la opresión, la miseria y la explotación no podíamos hacer nada? El pueblo árabe está dando al mundo una lección: dos revoluciones en un mes (Túnez y Egipto). Y esto no se ha acabado. Las manifestaciones, huelgas y concentraciones se suceden en Argelia, Yemen, Siria, Jordania…
Escribimos este comunicado a las pocas horas de la caída de Mubarak con la emoción y las dudas que embargan estas ocasiones. Seguramente, todavía no es el momento de la reflexión sino de la celebración. No obstante queremos sacar algunas primeras conclusiones de lo que ha pasado y está pasando en Egipto.
En primer lugar queremos resaltar la importancia trascendental que tiene la decisión de un pueblo de luchar, de movilizarse, de resistir a los ataques de las bandas parapoliciales, las amenazas del Régimen y, como veremos más tarde, la indiferencia de Occidente. Si los concentrados en la plaza de Tahrir hubieran huido a los primeros ataques, la revolución no habría sido posible. Si la clase obrera egipcia no se hubiera unido con sus huelgas a los concentrados en Tahrir –como hicieron los miles de trabajadores del Canal de Suez y de cientos de empresas- la victoria hubiera sido mucho más difícil.
Esta es una lección que tenemos que aprender l@s trabajador@s españoles, tan acostumbrados a esperar que otros resuelvan por nosotr@s. Indiferentes y pasivos ante la que está cayendo sobre nuestros derechos sociales y laborales, y no entendiendo que no hay batalla más perdida que aquella que no se da.
Un segundo problema tiene que ver con la propia Revolución Democrática en Egipto. Es verdad que ha triunfado, pero solo parcialmente. El Régimen político que encabezaba Hosni Mubarak aún no ha sido destruido totalmente. La mejor prueba de ello es que el Ejército queda al mando de la transición. Es muy bonito ver a la población abrazarse con los soldados pero ¿Qué pasa con la cúpula militar y todos los mandos que han gobernado el país con mano de hierro durante 30 años? Si Egipto no quiere su 23-F necesita profundizar su Revolución. Avanzar la democracia, depurar los cuerpos y fuerzas policiales y militares, y sobre todo, exigir del nuevo gobierno un plan para paliar la miseria social, el paro y los bajos salarios. Para conseguirlo se necesitará, como ya está ocurriendo en Túnez, una nueva autoorganización de los trabajadores, la juventud y el pueblo.
No podemos eludir en esta nota, el cínico comportamiento de los Gobiernos de Occidente. Ahora los medios de comunicación nos quieren hacer creer que los dos grandes protagonistas de esta Revolución, han sido los militares egipcios y Obama. Unos por ser neutrales y el otro por su diplomacia. ¡Falso! Los generales no aplastaron con sus tanques la revuelta por miedo a una división de la tropa que ya estaba confraternizando con el pueblo.
¿Y la diplomacia Occidental? Su cinismo no tiene límites. Ahora todos se felicitan por el triunfo de la Revolución, cuando han sido ellos los que durante 30 años han apoyado al Dictador; han sido ellos los que le han protegido hasta el último momento intentando que Mubarak fuera el protagonista de una transición del Régimen; han sido ellos los que construyeron una alianza con la dictadura para salvaguardar los intereses del mundo capitalista occidental y del Estado de Israel. ¡Esa es la doble moral de los que gobiernan este mundo!
Acabamos nuestra nota como comenzamos, saludando la Revolución Democrática que ha comenzado en Túnez y Egipto. Apoyando incondicionalmente su lucha. Deseando que la chispa de la revolución se extienda a todos los rincones del Magreb y Oriente Medio.
MOVIMIENTO ASAMBLEARIO DE LOS TRABAJADORES DE LA SANIDAD
Izquierda Anticapitalista




