Editorial revista Revolta Global nº 13
El modelo de estado consagrado en la Constitución española no se aguanta más. La insatisfacción ante el sistema de las autonomías ya no es exclusiva de una mayoría ciudadana en las nacionalidades históricas; también en el resto de comunidades autónomas se espera ensanchar los límites de autogobierno conforme Euskadi y Catalunya abran nuevos horizontes. Paradójicamente, en una época histórica donde la burguesía españolista coincide con las burguesías vasca y catalana en la renuncia a cotas de poder y gobierno en materia económica y aceptan limitar las soberanías respectivas en aras de su apuesta por competir en el mercado de la UE, sus representaciones políticas tensan sus discursos y se confrontan sobre la salida a un modelo de estado en abierta crisis.
Pero no estamos ante la escenificación de un conflicto aparente. Detrás de los intereses electoralistas, de espacio político, de conservar en suma el control de la gestión de recursos y presupuestos, subyacen las fuerzas de fondo, los intereses de las clases sociales, la lucha permanente por la distribución de la riqueza, los sentimientos de opresión políticos, económicos, sociales y culturales,
Para fuerzas como el PNV, el marco de la UE ofrecía un posible escenario para la solución “formal” de la “cuestión nacional”. Disminuido el poder de los viejos estados en el supra-estado europeo, las naciones sin estado podrían acceder a una forma estatal vaciada de poderes, por tanto simbólica y con menos carga de conflicto que en el pasado. Pero entonces ¿porqué no recogen el guante de la negociación las fuerzas políticas centralistas y jacobinas, entre las cuales se encuentran PP y PSOE?
Sin duda, las inercias políticas y culturales explican esta resistencia. Pero también persisten razones económicas y de conservación del poder en toda su dimensión. Los estados aún conservan una importante capacidad de gestión sobre recursos y presupuestos, aunque con un margen menor a causa de los limites para endeudarse, para impulsar la inversión pública, o aumentar el gasto social. Así las tensiones por el reparto de una tarta más reducida acrecientan paradójicamente las tensiones entre las diversas administraciones, autonómicas y central....
El nuevo Estatuto aprobado por el Parlamento vasco, con un contenido económico social respetuoso con el capitalismo y la UE, no dejaba de ser una posible solución para mantener la unidad del estado español bajo otras formas. Es más, el procedimiento para autodeterminarse, más que la antesala para un proyecto independentista subrepticio, tiene la lectura de mecanismo de salvaguardia para garantizar la eficacia del Estatuto en su tira y afloja con la administración central.
La “derrota” del nuevo Estatuto vasco en el Congreso de Diputados puede transformarse en una victoria “pírrica” para el centralismo españolista . En lo inmediato, incrementará los sentimientos nacionalistas al comprobarse que los destinos de Euskadi siguen decidiéndose en Madrid y probablemente ello será capitalizado electoralmente por el PNV; la radicalización consiguiente reducirá los márgenes para el relanzamiento de nuevos proyectos de reforma y negociaciones de los estatutos; la “derechona” saldrá crecida y presionará a la baja en la reforma del Estatuto de Catalunya, todo lo cual puede abocar a nuevas renuncias y claudicaciones vista la predisposición de las fuerzas políticas en Catalunya a la “sensatez” y el “posibilismo”.
En Euskadi asistiremos tras las elecciones anticipadas, a una reafirmación del nuevo Estatuto mediante la convocatoria de la consulta comprometida por el Lehendakari, o a un replanteamiento de la cuestión si entra en juego el nacionalismo radical al poner en la mesa de negociación el final del conflicto armado. Pero hasta el momento, al menos en lo que concierne a Catalunya y su Estatuto, la ciudadanía no ha hablado y está a la expectativa.
La movilización ciudadana, la voz del pueblo, será una vez más quien genere nuevas esperanzas de encontrar una salida democrática a un conflicto secular, al que en propiedad hay que denominar “problema español”.
La combinación de insatisfacciones ante el curso neoliberal y antidemocrático de la UE y la gestión “socioliberal“ de los gobiernos del estado y de las comunidades autónomas, junto con la frustración sobre una salida democrática a las aspiraciones de autogobierno, puede incrementar la tensión social y ciudadana.
Debemos preparar las condiciones para dar una alternativa a la desesperanza y la frustración impulsando la movilización en defensa de los derechos democráticos nacionales y el ejercicio del derecho de autodeterminación, promoviendo la alternativa de una Europa democrática, socialista y de los pueblos frente al monstruo “neoliberal” que refleja la Constitución europea, levantando un programa que rompa radicalmente con el neoliberalismo y ponga en su centro la satisfacción de las necesidades sociales de la clase trabajadora y de la ciudadanía.
Izquierda Anticapitalista




