8 de marzo ¿derechos civiles conseguidos?

Jueves 3 de marzo de 2005

Alicia López y Mª Jesús Miranda

El 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres, surge por la voluntad de las mujeres de los movimientos revolucionarios de aunar las voces de todas las mujeres por sus reivindicaciones específicas.

Atrás queda un siglo XX en el que las mujeres hemos luchado por enormes cambios: el derecho al voto, al divorcio, a decidir sobre nuestro cuerpo; a que el matrimonio, el hogar y la maternidad no sean nuestro único destino; al acceso a la educación, a la independencia económica a través del trabajo retribuido, incluyendo muchos empleos que antes por costumbre o por ley nos estaban vedados. Hemos luchado por romper el silencio y la invisibilidad en los que el patriarcado ha mantenido nuestra aportación al pensamiento, la ciencia y el arte, recuperando y reconstruyendo nuestra historia y nuestra memoria de género.

Estos logros no han sido iguales para todas las mujeres y tenemos que seguir luchando por más espacios de libertad. Por conseguir todos los derechos ciudadanos que nos son cercenados por un tratado de Constitución Europea aprobado “por arriba” y que no respeta los que conseguimos con tanto esfuerzo y que no asume los que nos falta por conseguir.

Por todas estas razones tenemos que seguir denunciando y exigiendo:

Que no se produzcan más muertes de mujeres (17 en lo que va de año) y agresiones. Se puede considerar que hemos dado un paso con la “Ley Integral contra la violencia de genero” pero es muy pequeño. Solo se conseguirá terminar con la violencia machista cuando acabemos con los mecanismos que mantienen la desigualdad, que generan discriminación y la posición de poder de los hombres sobre las mujeres. Cuando una Constitución Europea denuncie estos mecanismos en lugar de fomentarlos.

El empleo femenino no pasa de ser una promesa. En un estudio presentado en la Comunidad de Madrid por CC.OO. se constata que de la totalidad de las personas en paro el 59 % son mujeres y que las mujeres que trabajan en su mayoría lo hacen en precario, percibiendo un 31 % menos de salario que los hombres en trabajos de igual valor.

La precarización también afecta, y mucho, al trabajo doméstico, que sigue recayendo de forma desproporcionada, si no exclusiva, sobre las mujeres y que se incrementa al tener que paliar la carencia de servicios sociales que cada vez se recortan más. Este trabajo no remunerado representa el doble del remunerado, y la jornada laboral total de las mujeres duplica a la de los hombres.

Las mujeres transexuales se encuentran con todo tipo de obstáculos médicos y legales para poder decidir sobre su cuerpo y su género, y a ser respetadas y tratadas como ciudadanas de pleno derecho.

Las mujeres prostitutas tienen derecho a ejercer su trabajo, sin mafias o proxenetas, y en consecuencia sin ver su salud e integridad física en peligro, y a ser respetadas por una sociedad que con demasiada facilidad práctica una doble moral.

Sabemos que el 97% de las mujeres que abortan lo tiene que hacer en clínicas privadas, cuando tendría que ser la red sanitaria pública quien atendiera esta demanda. Mientras no se modifique esta situación y se despenalice el aborto, el derecho de las mujeres a decidir estará condicionado y tutelado. Exigimos que la píldora del día después, se facilite en la red sanitaria pública.

Hay quien dice que las mujeres ya hemos conseguido los derechos de ciudadanía. Sin embargo, muchas siguen siendo “ciudadanas de segunda categoría”. Como las mujeres inmigrantes, quienes viven y trabajan de manera ilegal, sin derecho a la obtención de un permiso de trabajo y residencia que les garantice una calidad de vida, es decir exentas de derechos formales y reales y expuestas a la violencia institucional.

Nos preocupa el estatus privilegiado que los fundamentalismos religiosos, como el Vaticano, tienen en las Naciones Unidas, pone en peligro la salud y la vida de las mujeres, anteponiendo la tradición patriarcal a los derechos humanos. Exigimos el fin de las agresiones continuas de los poderes religiosos contra nuestros derechos y la libertad de decisión sobre nuestro propio cuerpo y sobre nuestra sexualidad.

Sabemos que en el resto del mundo hay muchas mujeres que luchan por la misma causa. Porque el nacer en determinados países conlleva que las mujeres sean condenadas a pasar la vida bajo un chador o desaparecer bajo el sudario de la burka. Son mutiladas genitalmente en la más tierna infancia o en su juventud, en nombre de viejas tradiciones, y ven vulnerados todos sus derechos sistemáticamente. Exigimos les sea concedido asilo político a cuantas mujeres decidan huir de las situaciones de opresión patriarcal a las que se ven sometidas en sus países de origen. Expresamos, también, nuestra solidaridad con todas estas mujeres y con aquellas que, víctimas de las guerras, se convierten en territorios de conquista de regímenes militaristas.

Por todo esto y mucho más, os animamos a todas las mujeres a seguir reivindicando nuestros derechos y a unir nuestras voces para manifestarlo públicamente este 8 de Marzo.

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