Afganistán no es diferente a Irak

Lunes 19 de septiembre de 2005

Miquel Garcia

El pasado 16 de agosto 17 militares españoles morían al estrellarse el helicóptero Cougar de transporte en el que viajaban, cerca de la ciudad de Herat en Afganistán. Esta circunstancia puso en primer plano de la actualidad política e informativa española el conflicto afgano del cual, al contrario que del de su vecino Irak, no se habla normalmente. En los debates parlamentarios y ante la opinión pública los esfuerzos del gobierno y de PSOE se centraron en recalcar las supuestas diferencias entre los casos afgano e iraquí y en demostrar a toda costa que la caída del Cougar se había debido a accidente y no a “acción de combate”. Por contra, el PP manifestó que los conflictos existentes en Afganistán e Irak eran idénticos, siendo su conclusión que España debía intervenir en ambos.

Recordando la historia reciente

Desgraciadamente, ateniéndonos a los datos de que disponemos, en su parte analítica (que no en sus conclusiones), resulta más cercana a la realidad la tesis de los populares que no la de los socialistas. Recordemos que Afganistán fue invadido el 7 de octubre del 2001 en el marco de una operación que los estadounidenses bautizaron como “Libertad Duradera”. Dicha operación- comandada por los EEUU y con apoyo internacional, incluyendo el de España -pudo ampararse en el la resolución 1.368 del Consejo de Seguridad de la ONU, forzada por los EEUU aprovechando el ambiente de crispación generado por los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas de Nueva York. Con la invasión se pretendía supuestamente acabar con las bases de operaciones y campos de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán y dar caza al demonizado líder de ésta, Osama Bin Laden. Igualmente debía caer el régimen talibán e instaurarse la democracia y el ejercicio de los derechos humanos en en el país, en particular los referentes a las mujeres, secularmente oprimidas en Afganistán.

Tal era el discurso oficial, aunque el movimiento antiguerra internacional y muchas voces, tanto individuales como colectivas, denunciaron desde el principio que el verdadero propósito era muy diferente al enunciado: el control por los EEUU de una zona geoestratégicamente importante en el Medio Oriente, en particular de cara a la provisión de recursos petrolíferos. La posterior invasión de Irak, ya sin atentados en los que escudarse, sin conseguir la aprobación de la ONU y fabulando la existencia de “armas de destrucción masiva” en manos de Sadam Hussein, dejó en evidencia a la administración Bush y a sus aliados. Entre ellos se contó el inefable José Maria Aznar, gracias a cuyo gobierno- en contra de la muy mayoritaria opinión de la población y de sus movilizaciones masivas -las tropas españolas pasaron a apoyar a los estadounidenses también en Irak. La victoria del Partido Socialista en las elecciones del 14 de marzo del 2004, a la sombra de los atentados del 11-M, llevó a la retirada de dichas tropas. Pero el deseo del gobierno de Zapatero de atemperar el enfado subsiguiente del “amigo americano” pronto se tradujo en el aumento de los soldados españoles destacados en Afganistán, hasta llegar a los 850 actuales. Además, recientemente fuentes del Estado Mayor de la Defensa han hecho público que dado que “España asumirá el mando de la misión de la OTAN en Afganistán en el segundo semestre del próximo año”, ello implicará “un lógico aumento de las tropas españolas en ese país”.

¿Cuál es la situación actual en Afganistán?

En Afganistán está previsto que se celebren elecciones parlamentarias el próximo 18 de setiembre. Las elecciones presidenciales ya se celebraron en octubre pasado resultando vencedor Hamad Karzai, afín a las posiciones de los ocupantes. El gobierno de Karzai dispone sin embargo de una capacidad de control muy reducida sobre el conjunto del país, el cual en buena medida continúa en manos de los “señores de la guerra” como los que constituyeron la llamada “Alianza Norte”. El sur y el este se encuentran sometidos a las acciones violentas de importantes núcleos de resistencia talibanes y de Al Qaeda, cuya implantación ha aumentado en los últimos meses, llegando a controlar la administración de algunas zonas fronterizas.

El total de efectivos militares de los EEUU en Afganistán es en estos momentos de 18.300 soldados, a los que hay que añadir 10.000 más de la ISAF (Fuerzas Internacionales de Asistencia al Afganistán) de 37 países, incluyendo a España. Resulta significativo que si se relaciona el número de bajas sufridas por los EEUU, en los últimos seis meses, con el de efectivos militares presentes, la proporción en Afganistán (1 entre 243) sea mayor que en Irak (1 entre 265). Una estimación de víctimas civiles del conflicto asciende a 1.100 personas.

Sobre el estado de la población afgana, el más reciente informe del Secretario General de las Naciones Unidas (1), decía al respecto en su apartado C. Proceso de Reconstrucción, punto 50: “Cada 30 minutos muere una mujer en el Afganistán por causas relacionadas con el embarazo. El 20% de los niños mueren antes de cumplir los 5 años de edad. La esperanza de vida es de 44,5 años, unos 20 años inferior a la de todos los países vecinos. Sólo el 28,7% de los afganos de más de 15 años están alfabetizados, y 2 millones de niños (1,25 millones de niñas) siguen sin asistir a la escuela. Como consecuencia del acceso limitado al agua potable y a un saneamiento adecuado (el 23% y el 12% de la población, respectivamente), siguen prevaleciendo diversas enfermedades prevenibles.”

El comercio de estupefacientes y actividades delictivas conexas se ha ampliado después de la invasión. Como reconocía uno de los “señores de la guerra”, Brahimi, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, “en enero de este mismo año [se refiere al 2004], el tráfico de opio representaba ya la mitad del producto interior bruto afgano. Desde la entronización de Karzai como dictador impuesto, la producción de heroína se había multiplicado por diez, y Afganistán cultivaba, en 2003, el setenta y cinco por ciento de todo el opio del mundo.” [2]

Amnistía Internacional, el 23 de abril pasado, denunciaba la lapidación de una mujer “adúltera” en una localidad afgana y expresaba la opinión de que “La discriminación contra las mujeres en Afganistán seguirá teniendo graves consecuencias mientras el gobierno no tome medidas concretas para ponerle fin”. [3]

¿Qué diferencia existe entre Afganistán e Irak?

Ninguna que pueda justificar realmente la invasión y ocupación de Afganistán. Aunque al PSOE le resulte más sencillo “colar” ante la opinión pública española el envío de tropas al Afganistán (y por esta razón la presencia española en este país se ha convertido en moneda de cambio ante la retirada del Irak), lo cierto es que, en un sitio y otro han de jugar el mismo papel servil a los intereses de la administración Bush. Por esto si la retirada de Irak fue exigible, igualmente lo es la retirada de Afganistán. La verdadera aportación a la reconstrucción de ambos países no se realizará con tropas, sino mediante la aportación de recursos financieros, materiales y técnicos, planificada para obtener el bienestar de la población y no con criterios mercantilistas. Esto, y no tropas, es lo que necesitan Afganistán e Irak.

Notas

[1] “La situación en el Afganistán y sus consecuencias para la paz y la seguridad internacionales.Asistencia internacional de emergencia para la paz, la normalidad y la reconstrucción del Afganistán asolado por la guerra” (http://www.un.org/spanish/news/afganistan/sgrep.htm)

[2] “Afganistán, un sórdido futuro”. Higinio Polo. Rebelión y El Viejo Topo (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=670)

[3] “Afganistán: La muerte por lapidación, una atrocidad contra los derechos humanos”. Amnistía Internacional. (http://www.amnestyusa.org/spanish/countries/afghanistan/)

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