Mª Jesús Miranda
En julio de 2005 Amnistía Internacional publicó un informe sobre la violencia contra las mujeres en Afganistán. Preparando las vacaciones se nos pasó desapercibido.
Traduzco literalmente del informe: “En abril y mayo de 2005 fueron asesinadas cuatro mujeres en dos incidentes distintos al norte de Afganistán. A finales de abril, Amina, de 29 años, de Badakshan, provincia al nordeste de Afganistán, fue asesinada ilegalmente por varios familiares, de acuerdo con la decisión del ulema local, que la condenó a morir lapidada, tras hallarla culpable de adulterio”. Fuentes de Amnistía Internacional me han informado de que, al parecer, el primer marido de Amina había desaparecido hacía cinco años. Considerando que había muerto en la guerra, la entregaron en matrimonio a un vecino. Pero el marido volvió del frente y reclamó que se hiciera justicia. Él mismo arrojó la primera piedra sobre Amina. El segundo marido fue condenado a setenta latigazos.
La sentencia se cumplió al día siguiente de la decisión de las autoridades religiosas locales. No fue comunicada a Kabul, porque al parecer esa región está completamente fuera de la jurisdicción de hecho de Kabul. Por tanto, ni las supuestas autoridades afganas ni las tropas internacionales y ONGs que actúan en Afganistán tuvieron noticia de ello hasta que no fue demasiado tarde. . A primeros de mayo de 2005 tres mujeres de Pul-I Khumri, ciudad de la provincia de Baghlan, aparecieron asesinadas. Las víctimas habían sido violadas y estranguladas. No se conoce el motivo exacto, aunque se encontró una nota junto a los cuerpos que relacionaba los asesinatos con la pertenencia de las mujeres a ONGs afganas de defensa de los derechos humanos.
Tras la invasión extranjera, en Afganistán sigue sin constituirse un estado capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Obviamente, las tropas de ocupación tienen también otras prioridades. De modo que los menos entrenados en el manejo de las armas y en tomarse la justicia por su mano, entre los que se encuentran numerosas mujeres, pagan con su vida la avaricia y la crueldad de sus dirigentes y de los dirigentes extranjeros que pretenden salvarles de sí mismos.
Hicimos campaña contra la lapidación de Amira en Nigeria. No hemos podido hacerla contra la de Amina en Afganistán. Porque las buenas intenciones de la buena gente tienen un límite. Y ese límite lo establecen las armas.
¡Fuera tropas de Afganistán!
Izquierda Anticapitalista




