Pregunta fácil para Dragui: ¿Se está saltando el BCE las reglas?

Hoy participo en las jornadas de presentación de los resultados del Comité de la Verdad y de la Auditoría de la deuda griega, coordinada por Eric Toussaint desde el Parlamento Heleno. Según los documentos ya publicados en http://www.auditamosgrecia.org/es/ se han observado graves irregularidades que atañen no sólo a Grecia sino también al propio proyecto de Europa.

El pasado lunes Draghi no sabía, ante las preguntas que le formulé en la comisión parlamentaria, si desautorizar al que consulta mediante el cinismo, si dar una respuesta vaga y autorreferencial o si irse por los cerros de Úbeda. Como presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi ha de facilitar determinadas respuestas que son importantes para ayudar a la ciudadanía a discernir. Tenemos derecho a comprender las políticas de la principal institución financiera de Europa de la que es el máximo responsable sin recurrir a circunloquios o frases vacías de contenido.

Antes de los mal llamados rescates de 2010 y 2012, nadie puso objeciones, desde luego ningún banco central en Europa, a que la banca privada comprase deuda griega a sabiendas de su insostenibilidad financiera. Insostenibilidad enormemente agravada por las condicionalidades impuestas por los memorandos que ocasionaron una pérdida del 25% del PIB griego en apenas cinco años y que elevaron drásticamente la ratio Deuda/PIB en el país hasta alcanzar el 181%.

En el contexto del Segundo Programa de Ajuste de 2012 aplicado a Grecia se llevó adelante una operación de canje de bonos. Las instituciones públicas europeas compraron bonos a los antiguos acreedores privados hasta acaparar el 80% de la deuda griega, lo que evitó a importantes bancos centroeuropeos una fuerte exposición al riesgo de impago. En Abril de 2015, detrás del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el FMI, el BCE es el tercer mayor acreedor de Grecia, con 27 millones de euros (abril de 2015).

¿Puede entenderse esta operación como una medida que aprisiona a Grecia agravando la insostenibilidad financiera del país?, ¿y como una medida de socialización paneuropea de pérdidas si se produjese una probable suspensión de pagos y por tanto recayese sobre la espalda de todos los contribuyentes, especialmente aquellos que no pueden evitar pagar a hacienda? Se nos puede contestar que en la práctica el BCE realizó una operación de compra a la baja de los bonos griegos, con un movimiento especulativo bien comprobado e intenso, para luego exigir a Grecia que devolviese su valor completo más los intereses. En tal caso, quizá no sería tanto una socialización paneuropea, pero en tal circunstancia, el pagadero sería el pueblo griego con el objeto principal de librar de la exposición al riesgo a bancos privados centroeuropeos.

Diferentes analistas estiman que el BCE puede estar incumpliendo algunos artículos del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. En particular, el artículo 125, sec. 1, que prohíbe prestar a Estados miembros o cualquier otra institución financiera pública a cualquier otro Estado miembro; también parece haber indicios evidentes de haberse forzado el artículo 122, secc. 2, comparando la crisis Griega con un desastre natural fuera de control para justificar el tipo de intervención realizado.

Para el rescate de Grecia, como también en otros casos que han pasado por diferentes rescates, se establece como requisito que se lleven a cabo las condicionalidades que se aprueben en el FEEF/MEDE. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que se aplicó a Grecia, y precedió al Mecanismo Europeo de Estabilidad, una entidad formada por una serie incompleta de Estados Miembros liderados por Alemania y Francia que se constituye como un hedge fund privado con sede en Luxemburgo y que se configura al margen de la legislación europea. Las concesiones de préstamos del BCE tienen entre sus condiciones que el FEEF/MEDE apruebe préstamos para los países involucrados. ¿No se está violando el art. 130 al condicionar la operativa del BCE a que previamente el FEEF o el MEDE aprueben las condicionalidades que estimen, aún a pesar de que estos fondos no cumplen los procedimientos democráticos de la UE, y se imponen por una serie incompleta de Estados Miembros liderada por Alemania y Francia, algo expresamente prohibido por el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea?

El 6 de septiembre de 2012 el BCE anunció el reemplazo del programa SMP (Programa del Mercado de Valores) por el Programa OMT (transacciones monetarias simples). Dentro del Programa OMT, el BCE anunciaba que estaría dispuesto a comprar sin límite bonos públicos de los estados de la UE. Tan sólo aquel efecto anuncio contuvo la situación de la especulación contra el euro. El siguiente episodio fue la apertura de un plan de compra de activos en el mercado secundario desde Marzo de 2015 hasta septiembre de 2016 por un valor equivalente a 1,1 billones de euros, con el fin de frenar la deflación y supuestamente evitar la recesión (consiguiendo apenas no más una pequeña contención de la crisis y propiciando miniburbujas). Sin embargo, el BCE excluye a Grecia de este esquema, impidiéndole obtener, a modo de castigo, las ventajas de este programa de Quantitative Easing. Esta decisión es netamente política y discriminatoria, algo que rompe con lo establecido para un banco central independiente que debiera ser neutral, pero sobre todo no debiera ejercer su poder para favorecer a grupos socioeconómicos privilegiados perjudicando a una sociedad entera.

Hasta ahora el BCE no ha comprado bonos griegos en el mercado secundario. ¿No puede entenderse esto como un acto discriminatorio de carácter político que sesga la conducta del BCE e incumple el principio de neutralidad que se le exige en la legislación?

Con esto no queremos afirmar que pensemos que las reglas europeas nos convenzan, tan sólo queremos poner de relieve que los poderes financieros que penetran las instituciones que nos gobiernan ponen al frente a cargos que se las saltan cuando se les antoja. Sea bien por convicción propia, si son independientes, o mandatados por gobiernos –algo ilegal- o por intereses ajenos a los intereses generales. Muy lejos de su ropaje tecnocrático se esconde un proyecto siniestro para Europa, un proyecto que se puede poner en entredicho si no se aniquila políticamente a Syriza y su programa antiausteridad para el pueblo griego. Lo que persigue el BCE es debilitar al Gobierno griego para que se doblegue y no suponga un ejemplo de nada para nadie porque la batalla de fondo es si las políticas neoliberales de austeridad aplicadas durante los últimos años son el único marco posible dentro de la UE o si hay una alternativa.

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