¿QUÉ PAZ PARA MAÑANA?

Entrevista con Michel Warschawski, a proposito de su libro "Israel-Palestina: la alternativa de la convivencia binacional" (editado por Los Libros de la Catarata, serie Viento Sur)

Esta entrevista fue publicada en "Bandiera Rossa" el 26 de febrero de 2002

 

En tu libro hablas de un "sueño andaluz", ¿por qué?

 La perspectiva binacional no es presentada en ese libro como una opción política concreta e inmediata, sino como una alternativa global a una concepción que constituye la sustancia misma del sionismo. Concepción que supone que normalidad sea sinónimo de homogeneidad cultural, étnica, nacional, que toda sociedad plural (pluralista) en términos de existencia nacional sea por definición problemática. Lo que he intentado describir en el libro es por qué esto representa una opción a la vez negativa y, en el fondo, destructiva.

En el contexto concreto de Palestina, y de Oriente medio, una opción distinta de la binacional no puede realizarse sin que ello suponga una política permanente de depuración étnica, de negación del otro, de represión, de "apartheid" y de expulsión masiva. Ya se hable del "pequeño Israel" o del "gran Israel", hay por definición en esa voluntad de Estado "exclusivamente judío" o de Estado judío "tanto como sea posible", el rechazo del otro. Y el rechazo del otro implica por definición la degeneración de sí mismo. No he presentado la concepción binacional como una alternativa a una eventual división. Aun asumiendo la división, el problema sigue estando ahí. Israel es un país que no es ya un Estado exclusivamente judío, incluye una importante minoría árabe, otra rusa no judía, otra creciente de trabajadores inmigrantes, y todo eso plantea el problema de un Estado democrático multicultural y multinacional, cualesquiera que sean las fronteras.

¿Ha cambiado algo el 11-S de 2001 en Israel?

 Creo que el 11 de septiembre ha tenido dos consecuencias. En primer lugar, ha situado la política de represión, de violencia y de negación del otro en un contexto mundial. En Israel había miedo a ser vistos, incluso por el mundo occidental, como un "Estado diferente", como un factor desestabilizador, como una situación de "anormalidad". Ariel Sharon y la clase política y militar israelí se han visto consolados por el hecho de que el 11-S "todo el mundo" les comprende, se identifica con su política, sigue su política. El resultado del 11-S ha sido que hoy EEUU se muestran casi completamente blandos ante la política israelí, con el silencio y la pasividad cómplice de Europa. En resumen, si antes del 11-S Israel podía ser considerado como un factor de "riesgo" para la estabilización imperialista de la región, hoy Israel reivindica su propio mérito de estar en la vanguardia de la cruzada imperialista contra los pueblos, con la coartada de la lucha contra el terrorismo. La segunda consecuencia, que es la misma en todas partes del mundo, en EEUU y en Europa y también en Israel, es la utilización de la psicosis antiterrorista y esa nueva legitimidad dada por la "guerra de civilización" para reforzar la deshumanización de los palestinos y la deslegitimación de toda tentativa de diálogo.

Inmediatamente después del 11-S, Colin Powell declaró que él mismo estaba dispuesto a hacer un discurso ante la ONU sobre la necesidad de un estado palestino. Poco después, de manera aparentemente brusca, la política de EEUU ha "cambiado" para volver a avalar la represión israelí bajo todas sus formas. ¿Qué opinas sobre esto?

 Creo que Powell, pero no solamente él –eso ocurre también en Europa- ha establecido una especie de comparación con la guerra del Golfo de 1991, creyendo que en la guerra actual, lanzada por EEUU, era necesario construir una gran coalición internacional con la aportación sustancial de los países árabes. Y para hacer eso hacía falta, como en los tiempos de la guerra del Golfo, poner un freno a la política de represión de Israel, para dar satisfacción a sus aliados árabes. Ese es el sentido de las declaraciones de Powell. Y ésas son las apreciaciones que algunos han formulado sobre lo que ha pasado pero creo que equivocadamente. La opción de EEUU consiste en desarrollar una guerra sin compromisos, en apoyarse en las declaraciones más extremas de Bush en términos de "guerra de civilización", de guerra sin límites, incluido el caso israelí. Y es esto lo que predomina partiendo de la hipótesis de que los Estados árabes y los Estados musulmanes no iban a atreverse a frenar la voluntad belicista de Bush y el carácter total de esta guerra. Desgraciadamente Bush ha tenido razón, ya que no hay grandes protestas o cuestionamiento de la coalición ni por parte de Egipto ni de Arabia Saudí, dejando así campo libre a una política sin compromisos con el mundo árabe. Una guerra definida como una guerra contra el extremismo, pero en realidad una guerra de realineamiento del mundo entero y del mundo árabe en particular.

Los Refuseniks Yesh Gvul ("Hay un límite") han comenzado una campaña de contrainformación en el seno del ejército a partir de la segunda Intifada. ¿Crees que los Refuseniks han podido servir de estímulo a lo que se llama "el despertar del pacifismo israelí"?

 Hay dos momentos importantes en el movimiento de soldados. Desde las primeras semanas de la Intifada y la represión masiva en los territorios ocupados, Yesh Gvul ha reanudado la campaña de rechazo al servicio militar en Cisjordania y Gaza y centenares de soldados han firmado esa petición. Muchos de esos soldados han pagado esa opción con la cárcel. Esta primera etapa puede ser considerada, en cierto modo, como la continuación de lo que había pasado durante la guerra de Líbano en 1982 y la primera Intifada. Hay una continuidad y Yesh Gvul ha sido la organización más activa en la movilización. Lo que hay de nuevo ahora es un nuevo movimiento paralelo, y más amplio, de soldados firmantes de la petición que no se reconocen en Yesh Gvul pero que, debido al horror por los métodos empleados por el ejército, por los crímenes de guerra permanentes cometidos en los territorios ocupados, han decidido tomar una nueva iniciativa que quería desmarcarse de la de Yesh Gvul. Es un rechazo derivado de la Intifada misma, de la política aplicada, no es un rechazo en una lógica más sistemática de oposición a la ocupación. Esos soldados dicen: no queremos participar en esta guerra. Esto ha abierto una brecha en el seno de la sociedad israelí hasta tal punto que Sharon se ha visto obligado a tenerlos en cuenta en su discurso a la nación, lo cual está abriendo un gran debate en el seno del ejército y de la opinión pública.

¿Y Arafat?

 Creo que Arafat tiene un pasado y continúa practicando una doble política. Esta consiste en buscar un compromiso, que sigue sin tener el consenso dentro de la comunidad palestina y que provoca debates y conflictos incluso graves. Pero esa política de compromiso tiene un límite. Arafat es un dirigente nacional, abierto a grandes compromisos que pueden y deben ser sometidos a discusión y que lo son. Ahí está el inmenso error derivado de la arrogancia colonial de Barak, el de haber creído haber conseguido imponer a Arafat un plan de "bantustanes". Arafat había aceptado ya un compromiso todavía mayor: renunciar al 80 % de la patria, aceptar la reconciliación con Israel, pero no está dispuesto a negociar el 20 % restante. El umbral mínimo está claramente definido en la política de Yasser Arafat. La arrogancia colonial ha conducido a Barak a creer que podía transformar a Arafat y a la Autoridad Nacional Palestina en ministros israelíes dedicados a ka destión de un sistema de "bantustanes", a un sistema de "apartheid". Creo que la política de Arafat sigue jugando un papel, no ha cerrado la puerta a una cooperación con Israel, pero ésta tiene un límite. Israel tiene razón en quejarse del "doble juego" de Arafat: éste negocia y está dispuesto a jugar un papel conforme a una política de pacificación de la región, pero eso tiene un precio y, mientras Israel no esté dispuesto a pagar ese precio, Arafat dirigirá en parte la resistencia a la ocupación. Doble papel, por tanto: resistencia a la ocupación y negociación de un compromiso con Israel. El problema está en que Ariel Sharon y antes de él Barak han reducido el margen de maniobra de Arafat, empujándolo más a la resistencia que a la cooperación, no porque lo quiera él así sino porque no puede hacer de otro modo. Está preso en Ramallah mientras el ejército destruye las infraestructuras de la policía y de la administración palestina. La capacidad de Arafat de "mantener el orden" y un mínimo de resistencia para obtener un compromiso aceptable por la población palestina es muy limitada.

¿Está haciendo emerger un nuevo liderazgo la Intifada?

 Es verdad que desde hace más de un año y medio hay una dirección que combate contra la ocupación y que proviene del interior, una nueva generación, militantes de la primera Intifada, de todas las formaciones políticas pero principalmente de Al Fatah, que constituye el nuevo marco de la resistencia actual. Esta no se define en ruptura con Arafat, se sitúa en una relación conflictiva con él y la ANP. Incluso la detención de militantes del FPLP o el cierre de las oficinas de Hamas o las detenciones de algunos militantes y dirigentes de Hamas, son operaciones que han sido "negociadas" en cierto modo entre la ANP y las organizaciones afectadas. Sabemos que Arafat se encuentra diariamente con los dirigentes de la oposición. Existen al mismo tiempo un frente unido anti-israelí y medidas represivas, las cuales lógicamente no satisfacen a Israel. Se trata de una maniobra cuyo desenlace es incierto ya que, a diferencia de los otros gobiernos israelíes, Sharon no tiene nada que proponer. Sería lógico si Sharon dijera lo que quiere y su precio, y entonces Arafat podría decir entonces: de acuerdo, pago el precio por tener lo que me ofreces. Pero se puede constatar que nada es nunca suficiente, como se ha visto con la detención de los militantes del FPLP acusados del asesinato del ministro Zeevi. Arafat toma esas medidas no tanto, y no solamente, de cara a Sharon sino más bien a la opinión pública internacional. Con esas detenciones Arafat se dirige, en efecto, a Bush y a Europa: para demostrar lo que puede hacer. Se trata más de un trabajo de propaganda política que de represión propiamente dicha.

En Italia el movimiento "Action for Peace" ha encontrado mucho eco. ¿En tu opinión, ¿eso es suficiente como labor de solidaridad?

Considero que el envío de misiones italianas e internacionales a Palestina es importante por tres razones. Primero, porque la expresión de la solidaridad con los palestinos es muy útil desde el punto de vista moral, ya que se encuentran muy aislados. Y el aislamiento puede convertirse en un factor de desmovilización. En ese sentido el hecho de que una parte de la sociedad civil europea e internacional exprese su solidaridad es muy importante. En segundo lugar, esto produce una disminución de la represión israelí. La presencia de la prensa internacional, pero también la de militantes internacionales en los puntos clave y en las calles crea dificultades a una parte del ejército y de la clase política. Pero la tercera razón es en mi opinión la más importante: estar en condiciones de servirse de los testimonios de los que vienen y ven para reforzar en sus países respectivos un movimiento de solidaridad de masas y hacer presión sobre los gobiernos. Esa es la prioridad. Y en algunos países, como Francia y Bélgica que conozco más, se ha producido un cambio en un sector muy importante de la opinión pública. Incluso después de la ofensiva antiárabe post-11S.

Has participado en el Segundo Foro de Porto Alegre, ¿crees que ha abierto nuevas perspectivas?

En mi opinión creo que Porto Alegre es el lugar en donde el movimiento interncional contra el neoliberalismo ha conocido un giro. Pero pienso también que entre quienes orientan y dirigen el movimiento, se presta mucha atención a la economía y menos al análisis de la política. Siguen así la hipótesis según la cual la globalización neoliberal pasa exclusivamente por la dictadura del mercado. La guerra, en cambio, no ha sido un tema central en Porto Alegre. Pienso que los periodistas "neutrales", "burgueses", han hablado mucho del mercado, pero poco de la dictadura de la guerra imperialista, que es parte integrante de la globalización. A pesar de las grandes manifestaciones contra el FMI y los McDonalds, las manifestaciones contra la guerra concreta, hoy contra Afganistán, mañana contra Iraq, en Europa, con la excepción de Italia, han sido limitadas.

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