Ahondar la lucha climática hacia un horizonte ecosocialista de clase

Comunicado de Anticapitalistas

Este viernes se producirá una manifestación por el clima que aspira a ser masiva y a dar cuerpo a una preocupación social mayoritaria. Desde Anticapitalistas, entendemos estas movilizaciones como un éxito y también como un punto de inflexión que marca la transformación del movimiento ecologista, que después de años de lucha en todos los frentes pasa de ser un movimiento sectorial que agrupa a elementos sensibilizados a ser una lucha común, abierta y con un amplio apoyo social.

La situación es muy grave. Los intereses del sistema y de las clases dominantes se han mantenido por encima de las advertencias que durante años han lanzado la comunidad ecologista y la científica. A día de hoy, hemos llegado a un punto límite en la que los intereses de la mayoría están amenazados hasta un punto difícil de estimar. El cambio climático es la primera de las grandes crisis en un escenario en el que continuar como hasta ahora puede conducirnos a un desastre de dimensiones planetarias. Pero no es el mundo o la vida en abstracto lo que está en juego, sino la forma de vida actual. La crisis ecológica es una crisis social, que se traduce en múltiples desajustes en el equilibrio del sistema: sexta gran extinción, escasez energética, escasez de materiales, sequías y desertificación, un largo catálogo del horror que tendrá su traducción social en términos de clases.

En lo institucional, ya conocemos los resultados. La Cumbre del Clima, una vez más, no aporta ninguna solución. Según el último Informe del IPCC, el límite para una crisis no reversible sería de 2º, sino de 1.5º, pero la brecha entre el diagnóstico y las conclusiones políticas es cada vez mayor: mientras el primero se recrudece e indica necesidades más radicales, las posiciones políticas se hacen más conservadoras y juegan todo a la carta de unas improbables soluciones tecnológicas que aún no están ni siquiera desarrolladas. Casi tres décadas de encuentros internacionales, supuestamente al más alto nivel, no han dado todavía ningún resultado.

El coche eléctrico o el consumo biológico son buenas muestras de lo que el capital puede aceptar como salidas en lo micro: soluciones para unas pocas. Pero son las mayorías las que se verán afectadas. Está en juego un incremento de la presión que el norte ejerce desde sus centros capitalistas sobre los países del sur. Pero también están en juego en todo el mundo millones de puestos de trabajo, las condiciones de vida de las clases populares en los países industrializados y el conjunto de la vida.

Los jóvenes tienen hoy un papel protagonista con el que están asumiendo un liderazgo valiente. No es de extrañar: son la primera generación que podría enfrentarse a una crisis climática de dimensiones impredecibles. Es tiempo de ahondar en esa lucha y trabajar en su faceta común, para construir un marco social de transformación que supere el capitalismo. Ahí toma cuerpo la alternativa ecosocialista: una lucha común, por la casa de todas, con los intereses de las clases populares como guía indiscutible que dota a la lucha de legitimidad y de fuerza.