El contexto general

La triple cita electoral del pasado 26M pone fin al intenso ciclo electoral que hemos vivido los últimos meses y establece ya el marco institucional en el que se va a desarrollar la dinámica política en los próximos años. La relación de fuerzas en el marco de la representación política queda conformada así en los diferentes niveles institucionales para el próximo periodo. Sin embargo, permanecen aún abiertos importantes interrogantes respecto a la formación de los gobiernos y la política de alianzas entre los distintos actores.

Por de pronto, el resultado de las elecciones del 26M pone de manifiesto una primera consideración: el reforzamiento indiscutible del PSOE a costa de una derrota generalizada de las fuerzas agrupadas en el denominado “bloque del cambio”. Esta restauración de la hegemonía del PSOE dentro del difuso “pueblo de izquierdas” muestra las limitaciones estructurales y estratégicas que ha venido arrastrando en los últimos años el proyecto de la dirección de Podemos y de las que el propio PSOE es el gran beneficiado.

Por otro lado, asistimos a una parcial recomposición del régimen en torno a la restitución de una vieja dinámica izquierda-derecha (siempre funcional al PSOE) y de la restitución de un neo-bipartidismo en forma de bloques. Una recomposición incompleta debido a la innegable crisis territorial que aún permanece (y que el ciclo electoral ha mostrado que sigue muy presente) y a la dificultad para la formación de una mayoría parlamentaria estable por parte del PSOE.

Un tercer elemento fundamental de balance para las fuerzas transformadoras es la derrota de las diferentes opciones electorales que se han presentado, bajo distintas fórmulas, en estas elecciones. Todo un ciclo político se cierra con ello bajo el colapso estratégico, la extrema debilidad organizativa, el fracaso de un modelo de unidad sin anclajes y el agotamiento de la fuerza social que había acompañado a las fuerzas del “bloque del cambio”. En este sentido, el fuerte retroceso de Podemos a nivel autonómico viene acompañado de la pérdida de prácticamente todos los “ayuntamientos del cambio”, así como de las diferentes y diversas experiencias municipalistas. Una derrota sin paliativos que bien merece una reflexión y auto-crítica profunda que no busque excusas de mal perdedor ni busque solo en causas ajenas respuestas a problemas de fondo que vienen arrastrándose desde hace años.
 

Breve balance elecciones europeas, autonómicas y municipales

Las elecciones europeas se han desarrollado en una ausencia absoluta de debate sobre el proyecto europeo. Nuevamente, la trascendencia del marco europeo para la lucha política y las estrategias de transformación ha quedado sepultado en la batalla local. En este contexto, el PSOE, siguiendo la estela de las elecciones generales, ha obtenido una contundente victoria y aparece ahora como una referencia para el nuevo intento de recomposición del proyecto de la UE junto a liberales como Macron. El resultado de UP en estas elecciones supone un fuerte retroceso aunque, paradójicamente, sitúa al espacio de UP (junto al Bloco de Esquerda portugués que, en la práctica, es la única opción claramente de izquierdas en toda Europa que mejora sus posiciones) como una referencia en un contexto general de fuerte declive las opciones de izquierdas en prácticamente todos los países de la UE.

Las elecciones autonómicas, por su parte, arrojan un resultado en el que el PSOE afianza territorialmente su estructura de poder y donde las fuerzas transformadoras (bien en el marco de candidaturas de UP o en el de otras experiencias) obtienen unos pésimos resultados. La debilidad endémica de las organizaciones de izquierdas, la falta de credibilidad de su discurso o los erráticos procesos de “unidad” son solo algunas de las cusas de esta derrota en los distintos territorios. En este sentido, el voto útil frente a la (extrema) derecha ha vuelto a ser un elemento tremendamente funcional para el PSOE.

Respecto a las elecciones municipales la derrota de las izquierdas transformadoras es si cabe aún más dolorosa. La pérdida de enclaves importantes en capitales de provincias es solo la parte más llamativa y la punta del iceberg de un retroceso muy fuerte de la representación en el ámbito local. El progresivo desinfle y desorientación estratégica de las experiencias municipalistas y de unidad popular ha significado un resultado que, salvo excepciones, nos retrotrae a posiciones muy anteriores al 2015. Entre estas excepciones no podemos dejar de señalar (y alegrarnos) por el triunfo de la candidatura de Adelante Cádiz encabezada por nuestro compañero José María González “Kichi”. Una experiencia que ha conseguido ampliar su base electoral en un contexto muy complicado gracias a un trabajo sostenido durante años de implantación social en la ciudad.
 

Perspectivas para el ciclo que viene

Todo un ciclo político se cierra dejando tras de sí un reguero de oportunidades perdidas y de posibilidades alternativas inexploradas. También de valiosas lecciones para el futuro. Sin embargo, partimos para lo que está por venir de una situación de derrota que conviene no minusvalorar. La progresiva reducción de las expectativas de la forma y contenido del cambio han devenido en un reforzamiento de la parte progresista del Régimen, los modelos verticales sostenidos por hiper-liderazgos han contribuido al vaciamiento de las estructuras organizativas y los mecanismos colectivos, la ilusión institucional y gobernista nos deja un agotamiento de la fuerza social y de las instituciones populares para la lucha socio-política. En este sentido, la fórmula subalterna de relación y negociación con el PSOE para un gobierno de coalición a escala estatal no parece la mejor para la construcción de un proyecto alternativo. Situar una serie de demandas y políticas concretas en el centro del debate se impone, a nuestro entender, como una tarea primordial en estas semanas para arrancar victorias concretas que mejoren la vida de las clases populares.

En las próximas semanas, desde Anticapitalistas iniciaremos un proceso de reflexión profunda, debatiendo colectivamente entre nuestra militancia y simpatizantes, de forma abierta y ya sin urgencias electorales. También con la gente de los movimientos sociales y las organizaciones aliadas. Somos conscientes de que tenemos que pensar y proyectar una salida creíble para la crisis de las izquierdas transformadoras. Una salida que rompa con la inercia auto-destructiva que se ha ido imponiendo en los últimos años. Sabemos que esto no va a ser fácil: la situación de la izquierda post-15M es la de una derrota de las fuerzas transformadoras y una preponderancia de las fuerzas transformistas en el seno de la izquierda. Necesitamos más organización, y una política unitaria, pero también renovar discursos, repertorios y prácticas políticas ante el evidente agotamiento del ciclo y de nuestras hipótesis. Aún es pronto, en todo caso, para formular recetas pero queda claro que reconstruir la posibilidad de la transformación política desde la lucha es un horizonte más necesario que nunca. Seguir abonando ideas y proyectos más ambiciosos que el simple “mal menor” va a ser imprescindible frente a las urgencias ecosociales que tenemos por delante.

Ni un paso atrás, por tanto: debatir colectivamente, implicarse a tope en las resistencias de nuestras comunidades y de nuestra clase, dialogar y pensar desde la humildad, no encerrarse en la tentación sectaria ni en el oportunismo posibilista, ir armando una nueva posibilidad política con todo el mundo que quiera sumarse. Después de una derrota, toca aprender, nunca rendirse. Si quieres seguir luchando, contamos contigo.