Ni un paso atrás: lo queremos todo ¡A la huelga feminista!

Comunicado de Anticapitalistas

El próximo 8 de marzo vuelve a convocarse huelga feminista en el Estado Español ligada al Paro Internacional de Mujeres iniciado en Argentina en 2017 y secundado por países de todo el mundo estos últimos años. Una huelga construida desde el movimiento feminista y que llama a las mujeres a parar en todas las esferas de la vida en las que se aprovechan de nuestro trabajo y nuestro esfuerzo: una huelga de cuidados, de consumo, estudiantil y laboral, que ponga de manifiesto que si las mujeres paramos, se para el mundo.

La huelga de este año llega en un momento en el que las necesidades, derechos y libertades, ya de por sí precarias tras una década de crisis multidimensional, están siendo amenazadas de nuevo por fuerzas reaccionarias en todo el mundo, también en el Estado Español. Entre los cantos de sirena del neoliberalismo y los ataques de una ultra-derecha reaccionaria, nosotras apostamos por un feminismo que llevado hasta las últimas consecuencias es necesariamente anti-racista y anticapitalista. Un feminismo ecosocialista y internacionalista. Un feminismo que, lejos de dar pasos atrás, levanta una alternativa al callejón sin salida al que nos llevan, que permita un giro completo a las políticas de austeridad y a los ataques contra nuestros derechos y libertades. Porque lo queremos todo.

Lo queremos todo, empezando por la derogación de la reforma laboral que nos impone un mercado salvaje e incompatible con la sostenibilidad de la vida. Una necesaria reorganización de los trabajos productivos y reproductivos, remunerados y no remunerados, que combata la desregulación actual. Una drástica bajada de la jornada laboral que reparta empleo, a la vez que libera tiempo para el trabajo no remunerado de cuidados. Y la equiparación de las pensiones no contributivas a las contributivas y el aumento de ambas.

Lo queremos todo, porque “poner la vida en el centro” no será posible mientras los recursos necesarios para la vida se sigan rigiendo por la lógica del beneficio privado, exigimos una regulación del precio de la vivienda y su acceso garantizado, la nacionalización bajo control social de los sectores energéticos (luz, agua, gas) y que se reviertan los recortes en educación, sanidad y dependencia constituyendo una red exclusivamente pública. En definitiva: acabar con el mercadeo de las condiciones de vida y con la sobrecarga de trabajo no remunerado para las mujeres derivada de los vacíos de las políticas públicas.

Lo queremos todo, siguiendo por la derogación de la ley de Extranjería, que condena a millones de personas a vidas precarias, inciertas y constantemente expuestas a la violencia, donde las mujeres se llevan siempre la peor parte. Exigimos el cierre inmediato de los Centros de Internamiento de Extranjeros y el fin de las prácticas que atentan contra los derechos humanos en nuestras fronteras. Además del fin de las políticas de persecución y exclusión racistas de las instituciones, así como garantizar el derecho a la nacionalidad, al trabajo y a derechos sociales.

Lo queremos todo, porque conscientes de que los derechos conquistados hasta ahora son fundamentales pero insuficientes y precarios, también en el plano sexual y reproductivo. Queremos poder ejercer autonomía sobre nuestras vidas y cuerpos sin que se nos infantilice ni tutele, y para ello necesitamos una ley del aborto que no cuestione ni judicialice nuestras decisiones y que garantice la cobertura por parte de la sanidad pública en nuestro lugar de residencia y dentro de plazo. Sin olvidarnos de una ley sobre identidades trans que no nos patologice y que nos trate como sujetos de plenos derechos dentro del sistema público.

Lo queremos todo, y esto incluye también una necesaria depuración del aparato judicial que acabe con la impunidad del machismo, clasismo y racismo que sufrimos las mujeres en los procesos judiciales por violencias machistas. Un replanteamiento legislativo que no excluya las violencias fuera del ámbito de la pareja y la ex-pareja como son el grueso de casos de violencias sexuales. Y entendiendo que hoy el movimiento feminista es el mayor revulsivo en sensibilización contra las violencias machistas, así como en empoderamiento y autoorganización de las mujeres, hacer que este sea central en la lucha contra la misoginia: protocolos, talleres, formaciones, campañas, autodefensa desde lo individual y lo colectivo, etc.

Un programa de este tipo, que ponga la vida en el centro y defienda las necesidades, libertades y derechos de todas las mujeres, sería imposible sin el proceso de autoorganización del movimiento feminista en curso. Y nos corresponde dar la pelea ahí, porque sólo mediante la articulación de estas medidas estaremos en condiciones de encarar con éxito el actual ciclo social, económico y político. No nos valen gestos ni juegos de poder político: sólo un movimiento feminista autónomo, masivo y plural, cuyas prioridades sean colectiva y democráticamente decididas y que no tenga miedo a ocupar las calles y de usar todos los medios a su alcance, puede ser capaz de empujar en este sentido.

Ni un paso atrás: lo queremos todo.

Este 8 de Marzo, ¡a la Huelga Feminista!