No renunciamos a nada: La revolución climática será ecosocialista* o no será

* Es decir: social, feminista, internacionalista, campesina, antirracista, indígena, decolonial.

La movilización por el clima no para de ampliarse. Al extenderse, desborda ampliamente los círculos de activistas de la causa ambiental, gana nuevas capas sociales, adquiere un carácter cada vez más masivo y tiende a expresar una crítica sistémica del productivismo capitalista que sólo se sostiene por la competencia lucrativa.

La entrada en la lucha de los jóvenes es un hecho importante que acentúa esta tendencia. El 15 de marzo, más de un millón de personas (en su mayoría jóvenes) de todo el mundo siguieron una jornada de huelga y se manifestaron siguiendo la llamada de la sueca Greta Thunberg. Se trata de un movimiento profundo. Aúnque la movilización de la juventud se limita por el momento a los países occidentales, implica un nuevo reparto de cartas, modifica las agendas y pone a todos los actores (políticos, sindicatos, asociaciones, movimientos sociales) ante la obligación de responder a dos preguntas fundamentales: 1º ¿por qué no hacen todo lo posible para limitar al màximo la terrible catástrofe que crece día tras día, y para ponerle límites dentro del respeto a la democracia y la justicia social? y 2° ¿Cómo se atreven a transmitir semejante despojo a sus hijos y nietos?

 
La vaca sagrada del crecimiento capitalista

Estas dos preguntas permanecen sin respuesta porque tocan la vaca sagrada del capitalismo: el crecimiento. "Capitalismo sin crecimiento es una contradicción en los términos", dijo el economista Schumpeter. Hoy, esta contradicción se despliega delante de nuestros ojos como la causa fundamental de un antagonismo insuperable entre el capitalismo y una relación respetuosa de la humanidad con el resto de la naturaleza, basada en el "cuidado" y no en el saqueo.

Si insistimos en este punto, no es principalmente por razones ideológicas, ni porque el "decrecimiento" constituya un proyecto social por si mismo, sino porque la capacidad para limitar la catástrofe climática actual depende directamente de la rapidez y de la determinación con las que la sociedad reduzca el consumo y dehescho de materias. Es urgente reducir estos flujos (especialmente los de CO2), salir del productivismo y entrar en un nuevo modo de producción de la existencia social, respaldado por valores de compartir, cooperar, y respetar la igualdad de derechos. Esto sólo es posible aboliendo la producción de valores de cambio para el beneficio de los capitalistas que rivalizan con un nuevo motor social: la producción de valores de uso para satisfacer necesidades humanas reales, emancipadas del fetichismo mercantil, determinados democráticamente en el respecto de los límites de los ecosistemas.

La naturaleza radical de la transformación que debemos llevar a cabo se desprende del Informe especial del IPCC sobre los 1.5 ° C. En su resumen, el IPCC asume la necesidad de reducir las emisiones mundiales netas de CO2 alrededor de un 45% en 2030 en comparación con 2010 y aboga por este objetivo de "transformaciones profundas en todos los niveles de la sociedad".

Sin embargo, esta conclusión, ampliamente repetida por los medios de comunicación del mundo intero, ofrece una imagen ligeramente suavizada de la gravedad extrema de la situación. El informe completo compara cuatro escenarios posibles para reducir las emisiones.

De acuerdo con el escenario 1 (1), para tener una oportunidad sobre dos (¡no es mucho!) para permanecer por debajo de 1.5 °C de calentamiento durante este siglo, es necesario seguir una trayectoria en tres fases: 1 °) las "emisiones netas globales" de CO2 deben disminuir un 58% entre 2020 y 2030; 2 °) deben seguir disminuyendo para llegar a cero antes de 2050; 3 °) de 2050 a 2100 las emisiones deben permanecer negativas.

Los escenarios 2, 3 y 4 muestran que, cuanto más lejos de esta trayectoria, mayor es el riesgo de superar los 1.5 °C, que solo se puede corregir eliminando el CO2 de la atmósfera a través de "Tecnologías de emisión negativa" (TEN). El objetivo de reducción de 45% en 2030 sugerido por el IPCC en su comunicación y retomado por los medios de comunicación corresponde a una trayectoria ubicada entre los escenarios 2 y 3, lo que implica un aumento ligeramente superior a 1.5 ° C hasta 2050 y un posterior despliegue de las TEN. Ya en su informe anterior (AR5, 2014), el IPCC presentó escenarios basados, al 95%, en el uso de TEN.Ahora confirma ese planteamiento. Sin embargo, es un marco muy cuestionable. De hecho, el grado de despliegue de TEN indica el alcance de nuestra incapacidad a detener el tren delirante de la acumulación capitalista. Suponiendo que estas tecnologías evitaran el cataclismo que amenaza más allá de los 2 °C (esta suposición probablemente sea ciencia ficción), el antagonismo fundamental descrito anteriormente volvería a surgir con más fuerza. Esta es la razón por la que no estamos en una "crisis", sino en una elección de civilización.

Volvamos a los cuatro escenarios. Para entenderlos, hay que saber que las "emisiones netas negativas" significan que la Tierra absorba más de CO2 de lo que emite. Las "emisiones netas" se obtienen deduciendo las absorciones de las emisiones. Estas absorciones son al principio naturales: las plantas verdes se alimentan del CO2 del aire y el CO2 se disuelve naturalmente en el agua. Como resultado, actualmente, aproximadamente la mitad de las 40 Gigatoneladas de emisiones de CO2 anuales "antropogénicas" (debidas a la actividad humana) se eliminan de la atmósfera. Las "emisiones globales netas", por lo tanto, rondan los 20GT / año (2). Para reducirlos a cero para 2050, el escenario 1 del IPCC se enfoca, entre otros, en la posible intensificación de estos mecanismos naturales, a través de la reforestación y de una mejor gestión del suelo. El principio de precaución recomendaría detenerse aquí y prohibir las TEN. Pero en este caso, sería necesario atacar muy, muy radicalmente la carrera al lucro. Sin embargo, el IPCC excluye esta posibilidad. Fue escrito negro sobre blanco en su quinto informe: "Los modelos climáticos asumen una economía de mercado totalmente funcional y mecanismos de mercado competitivos". Así que adelante para la huída hacia adelante tecnológica. ¿Pero qué nos reserva?

 
El núcleo político de la pregunta

La más importante de las "tecnologías de emisión negativa" es la bioenergía de captura y secuestro de carbono (BCSC). Consiste en reemplazar los combustibles fósiles con biomasa y almacenar el CO2 de la combustión en capas geológicas profundas. A medida que las plantas verdes crecen absorbando al CO2, la BCSC, debería disminuir la concentración atmosférica de este gas. Además del hecho de que los reservorios geológicos no siempre son impermeables, esta "solución", para tener un impacto significativo, requiere áreas muy grandes (equivalentes a alrededor del 15% -20% de la área cultivada permanentemente en la actualidad) para ser dedicada a la producción industrial de bioenergía. Tanto si estas áreas se instalan en zonas cultivadas o no cultivadas, esto solo puede, en ambos casos, intensificar peligrosamente la presión ya considerable que la bioenergía ya ejerce sobre la biodiversidad y los cultivos alimentarios. Por lo tanto, se debe hacer todo lo posible para evitar la BCSC. Sin embargo, si se debe implementar para evitar lo peor, debe limitarse de manera muy estricta. En cualquier caso, es categóricamente necesario favorecer la reducción de emisiones más fuerte y más rápida posible.

Pero ese es precisamente el punto central político de la cuestión. El capitalismo se construyó y sigue siendo construido sobre los combustibles fósiles. Dado que los gobiernos no han hecho casi nada desde la Cumbre de la Tierra (Río, 1992), las emisiones han aumentado constantemente, lo que resulta en la situación crítica en la cual estamos ahorita. De repente, la reducción mayor y más rápida posible de las emisiones implicaría necesariamente la destrucción muy rápida de una gran cantidad de capital, una "burbuja" sin precedentes. Los sectores más importantes del capitalismo se oponen a eso con todas sus fuerzas, de modo que dos tendencias se cristalizan en la clase dominante: la de Trump, Bolsonaro y algunos otros líderes negacionistas del clima por un lado; y, por otro lado, la del "capitalismo verde" que, para evitar una explosión demasiado brutal de una burbuja demasiado grande, aboga de facto por el escenario 4 - con un despliegue masivo de la BCSC, "adelantamientos temporales" de 1, 5 °C y enfriamiento del planeta durante la segunda mitad del siglo (porque estas personas se imaginan que la temperatura de la Tierra es tan fácil de regular como la de su confortable "casa inteligente"...).

Todos entienden que la primera tendencia es simplemente criminal, pero la segunda lo es apenas menos. Por tres razones:

1. Nadie sabe si la BCSC y las otras tecnologías previstas eliminarán realmente suficiente carbono de la atmósfera para volver a caer por debajo de 1.5 °C después de superar este umbral.

2. Nadie sabe cómo evitar los efectos adversos probables de la BCSC y otras llamadas soluciones, especialmente en la biodiversidad y en la alimentación de la población mundial.

3. El cambio climático no es un fenómeno lineal. El riesgo de que ocurra un accidente grave, con consecuencias irreversibles, aumenta muy seriamente durante el "desborde temporal": por ejemplo, la interrupción de los gigantescos glaciares Thwaites o Totten en la Antártida, lo que finalmente resultaría en un aumento de tres a seis metros del nivel de los océanos.

 
Tomar la medida a un desafía vertiginoso

Repitámoslo: diga lo que diga el IPCC, se debe hacer todo lo posible para tratar de encajar en el escenario 1 y seguir las tres etapas de la trayectoria mencionadas anteriormente, o desviarse de ella lo menos posible. Este debería ser el objetivo del movimiento por el clima. Pero debemos tomar la medida de lo que esto implica. Para ello, deben considerarse los siguientes elementos:

- Las emisiones de CO2 representan 76% de las emisiones de gases de efecto invernadero "antropogénicas.

- Más del 80% de las necesidades energéticas de la humanidad están cubiertas por el uso de estos combustibles;

- Estas instalaciones representan aproximadamente una quinta parte del PIB mundial, a las cuales ese deben agregar los activos constituidos por reservas de combustibles fósiles que deben permanecer en el suelo (9/10mo para tener un poco más de una posibilidad sobre dos que no exceda 1,5 °C);

- Las instalaciones fósiles más recientes se encuentran en los países llamados "emergentes" (China, India, Brasil, en particular) y en otros países del Sur global, que no son los principales contribuyentes históricos al cambio climático;

- La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (adoptada en Río en 1992) afirma: ¡con razón! - que cada país debe contribuir a salvar el clima de acuerdo con su responsabilidad y capacidades históricas;

- Las energías renovables son suficientes para satisfacer las necesidades humanas, pero las tecnologías necesarias para su conversión son más intensivas en recursos que las tecnologías fósiles: se necesitan al menos diez veces más metales para hacer una máquina capaz de producir un kWh renovable que para fabricar una máquina capaz de producir un kWh fósil. Sin embargo, la extracción de metales es muy demandante de energía (y agua).

De estos datos, la conclusión que se debe extraer es obvia: el Escenario 1, óptimo para humanos y no humanos, representa un desafío gigantesco, no solo técnico y conceptualmente, sino sobre todo en términos de la necesaria coordinación para los equilibrios globales. De hecho, se trata de respetar el principio clave de la justicia climática Norte-Sur (denominado "principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas" por la Convención Marco de las Naciones Unidas) mientras se desarrollan una serie de medidas:

1. Hacer grandes inversiones para construir un nuevo sistema de energía global basado a 100% sobre las energías renovables;

2. Usando para esta construcción una energía que aún es fósil a más del 80%, por lo tanto, emite CO2;

3. Usar parte de esta energía para extraer y refinar los metales raros y las "tierras raras" esenciales para el funcionamiento de las tecnologías "verdes" (cuando en realidad la extracción de estos metales consume mucha energía y agua, y genera mucho desperdicio porque su presencia en las rocas es difusa);

4. Y permanecer dentro del marco de las drásticas reducciones en las emisiones globales netas de CO2 mencionadas arriba (58% de reducción entre 2020 y 2030, etc.).

Lo decimos con fuerza: es estrictamente imposible de respetar el conjunto de restricciones sociopolíticas, temporales y físicas resumido anteriormente sin un programa general anticapitalista radical. No se trata solo de planificar y racionalizar la producción, sino que debe reducirse drásticamente para reducir la cantidad de energía consumida siempre que sea posible. Sin esta drástica reducción, será imposible compensar las emisiones de la construcción del nuevo sistema de energía renovable, por una parte, y el derecho de prioridad del Sur, especialmente de los países que las instituciones internacionales llaman "los menos avanzados". - a desarrollarse usando lo que la humanidad todavía puede usar de combustibles fósiles. Si no compensamos estas dos causas de emisiones, es totalmente imposible mantenerse en la cúspide de reducir las emisiones globales en un 58% para 2030, en un 100% para 2050 y en más del 100% en la segunda mitad del siglo. Incluso bajo el supuesto - preferido por el IPCC – de una reducción del 45% de las emisiones para 2030, el problema es insoluble si no vamos más allá de la lógica capitalista.

 
Hacer posible lo necesario

La dinámica de crecimiento del capital y la inacción de sus representantes políticos nos han llevado literalmente al borde del colapso. ¿Qué se debe hacer para evitar caer? Esa es la pregunta. En un primero momento, es imperativo responder objetivamente, sin autolimitarse subjetivamente, es decir, sin estar obsesionado por lo que es factible o no en el contexto político, económico, social e ideológico capitalista, que lo distorsiona todo y pone la realidad de cabeza. En un segundo paso, debemos ver cómo actuar para que sea posible lo que es necesario, qué obstáculos se deben revertir, en qué momento pueden aparecer, con qué consecuencias y cómo enfrentarlos. Proceder en la otra dirección, comenzar desde el "posible capitalista" para determinar qué "debe" hacerse (en realidad, lo que el capital permite), es postular que las leyes históricas y sociales del beneficio deben tener prioridad sobre las leyes físicas del clima de la tierra. Esta es un absurdo metodológico absoluto (por cierto, esta tontería muestra que la ideología de la "dominación" humana sobre el resto de la naturaleza no solo es absurda sino también cegadora, ¡y por lo tanto peligrosa!).

Objetivamente, es indiscutible que detener la catástrofe requiere un plan anticapitalista muy radical, que reoriente completamente la producción, los intercambios, las relaciones con el "Sur global" y la cosmovisión. En los llamados países capitalistas "desarrollados", los ejes principales de este plan serían:

1. Eliminar producciones innecesarias y peligrosas. "Cada tonelada de CO2 que no se emite cuenta", nos dicen los científicos. Pero no sacan la conclusión lógica: la prioridad debería ser detener la producción y el consumo de armas, envases y aparatos de plástico, combatir la obsolescencia de los productos y prohibir la publicidad. En los Estados Unidos, a modo de referencia, las emisiones combinadas de la industria militar y del Departamento de Defensa son alrededor de 150 millones de toneladas de CO2 al año (¡sin contar las emisiones de las aproximadamente 700 bases militares de los Estados Unidos en el extranjero!).

2. Eliminar el transporte innecesario de mercancías, localizar la producción lo más posible, favorecer los circuitos de proximidad, imponer un impuesto al keroseno en aumento (que se distribuirá a los países del Sur mediante el Fondo Verde para el clima). Las emisiones del transporte aéreo y marítimo representan actualmente el 5% de las emisiones globales de CO2 y están aumentando rápidamente como resultado de la globalización capitalista. Según un estudio del Parlamento Europeo, estos sectores podrían producir, respectivamente, hasta el 22% y el 17% de las emisiones globales de CO2 en 2050. Es urgente cerrar este grifo.

3. Para la movilidad de las personas, inviertir masivamente en el transporte público y promover efectivamente el uso de la bicicleta en buenas condiciones. Desalentar el uso del automóvil privado, promover el empleo cerca del hogar, volver a cubrir los territorios. Racionalizar el transporte aéreo mediante títulos de movilidad aérea gratuitos, personalizados y no intercambiables.

4. Crear empresas públicas territoriales para aislar y renovar todos los edificios en diez años. La política neoliberal de incentivos e impuestos sobre la renovación del aislamiento es demasiado lenta, socialmente injusta y se centra más en promover la producción de energía renovable por parte de los hogares en propiedad – y en el desarrollo irracional de los mercados del "capitalismo verde" – en lugar de reducir el consumo de energía a través del aislamiento. La emergencia y la razón nos obligan a salir de esta política lo más rápido posible.

5. Dejar los combustibles fósiles en el suelo. Expropiar y socializar los sectores de energía y de la finanza sin compensación ni redención. Constituir un servicio público de energía descentralizado. Los sectores fósiles y financieros están íntimamente vinculados a través de préstamos de inversión y propiedad de acciones. Sin romper el cerrojo que constituyen, no es posible organizar en diez años la rápida transición a una economía basada en el 100% renovable (por lo tanto, sin energía nuclear). Esta es la piedra angular de las reformas estructurales a imponer.

6. Romper con la agroindustria y la explotación capitalista de los bosques. El aumento de las absorciones naturales de CO2 no reemplaza la reducción de emisiones, sino que la complementa. Promover la agroecología utilizando técnicas apropiadas para acumular el máximo de carbono en los suelos. Promover vínculos directos entre consumidores y productores. Prohibir la agricultura industrial y popularizar la dieta no cárnica. Replantar setos, restaurar humedales, detener la "concreción". Este es el freno de emergencia, que se debe utilizar inmediatamente.

7. Respetar la justicia climática Norte-Sur. Esto implica en particular: abolir las deudas; por lo menos honrar el compromiso de los países del Norte de otorgar $ 100 mil millones al año al Fondo Verde por el Clima; para cubrir además de las "pérdidas y daños" causados al Sur por el calentamiento causado principalmente por el Norte; abolir el sistema de patentes sobre las tecnologías energéticas; prohibir las compras de créditos de emisiones, los mecanismos de compensaciones de carbono, las importaciones de biocombustibles y otros tipos de relaciones características del "neocolonialismo climático"; garantizar la libertad de movimiento e instalación de las personas migrantes.

 
Una vida mejor para la mayoría

A menos que se recurra a métodos despóticos, es obvio que un plan de este tipo ni siquiera es concebible si no incluye también un componente social igualmente radical. Esto es esencial, en particular para abordar adecuadamente el problema de los cambios en el comportamiento social. Tomados por separado a través del consumo, es probable que algunos de estos cambios sean "impopulares" para ciertos segmentos de la población (por ejemplo, la fiscalidad del queroseno y el racionamiento de los viajes aéreos). Es a partir de esta observación, elaborada desde el lado estrecho del embudo, que ciertos ecologistas (de círculos acomodados) piden un "poder fuerte". Sin embargo, el surgimiento de la dictadura capitalista de la ganancia en la esfera de la producción permite trazar en la esfera del consumo el camino de una transición ecológica que no es sinónimo de regresión, sino sinónimo de una mejora sustancial de la democracia y la calidad de vida de la mayoría social. Esto es lo que debe hacerse para que la transición sea deseable.

En los países del Norte, los ejes principales de esta segunda parte de la alternativa anticapitalista son los siguientes:

1. Redistribuir la riqueza, restablecer la igualdad tributaria y la progresividad del impuesto sobre el ingreso globalizado. Determinar un salario máximo. Volver a dotar financieramente el sector público, la educación, la investigación, el sector de la salud, de la infancia y de la cultura. Acabar con la subordinación de la investigación científica a los beneficios, refinanciarla, orientarla hacia el apoyo a la transición y mejorar el estatuto de los investigadores;

2. Salir de la dinámica de «mercado para todo»: educación gratuita, transporte, salud, guarderías. Consumo gratuito de agua y electricidad de acuerdo a las necesidades básicas, con precios rápidos y progresivos más allá de este nivel;

3. Prohibición de despidos, trabajos decentes, un ingreso digno para todos. Capacitación en nuevos oficios para los trabajadores de las actividades a suprimir, con garantía de mantenimiento de los ingresos, las conquistas sociales y las organizaciones laborales, bajo control de estos. Compartir el trabajo necesario entre todos (la llamada "escala móvil de horas de trabajo"). Reducción radical del tiempo de trabajo, sin pérdida de salario, con la combinación del costo en el nivel de gestión. Descenso de la edad de jubilación a 60 años para todos. Prolongación de las licencias de maternidad y paternidad. Frente a los desafíos del clima y de la revolución digital, se necesita una jornada laboral reducida a la mitad (o incluso menos) sin pérdida de salario para dar trabajo a todos mediante la redistribución de la riqueza, pero también para evitar un cambio completo de Fuerzas sociales al detrimento del trabajo. La conquista del tiempo liberado es, además, el avance cualitativo clave que puede suplantar los impulsos consumistas que sirven como una miserable compensación por la miseria de las relaciones humanas dominada por el fetichismo de la mercancía.

4. Extensión radical de los derechos democráticos. Derechos de voto y elegibilidad en todos los niveles, para todas las edades, a partir de 16 años. Revocabilidad de los funcionarios electos e ingresos alineados con el salario medio. Política activa dirigida a ampliar el control y la participación ciudadana, en particular sobre los diversos aspectos del plan de transición (en particular, el aislamiento y la renovación de edificios, el transporte y la movilidad, la reconversión económica, los cambios en el modelo agrícola, la gestión de territorios, etc.). Descentralización y democratización al nivel territorial.

5. Igualdad de derechos para las mujeres y LGBTI+. Fin de las discriminaciones en la educación, el empleo, en la ciudad. Paridad de género en asambleas representativas y en todos los órganos de la transición ecológica. Aborto y anticoncepción libres y gratuitos. Socialización de las tareas de reproducción social.

6. Desarrollar una cultura de "cuidados a los demas", responsabilidad y sobriedad. Mayor apoyo a la educación permanente. Reforma ecológica de la educación, orientada en el despertar de la conciencia de pertenencia a la "naturaleza". Fortalecimiento y socialización de las actividades de atención a personas y ecosistemas. Gestión municipal y pública de recursos (agua, renovables, paisajes, ...) bajo control democrático. Desarrollo de una densa red de actividades de reparación / reciclaje / reutilización / reducción apoyada por las autoridades públicas. Fomento de las actividades cívicas con respeto a la autonomía de los movimientos sociales.

 
Pequeños pasos y una gran brecha

Como dijo Einstein, "un problema creado no se puede resolver pensando de la misma forma que creó el problema". Al sacrializar la "economía de mercado en pleno funcionamiento y los comportamientos competitivos del mercado", el propio IPCC bloquea cualquier oportunidad para resolver el problema climático. Rechazar el "realismo" capitalista, esta estúpida carrera de ganancias, es esencial para trazar un camino que limite la catástrofe y evitar que se convierta en un cataclismo.

La principal dificultad no es técnica sino social, por lo tanto política: la alternativa necesaria no puede organizarse desde arriba. Requiere imperativamente una poderosa movilización social en la base, una responsabilidad generalizada. Vamos a atrevernos a decir que necesitamos una revolución global de autogestión para abordar democráticamente, en todos los niveles, la solución conjunta de la crisis social y la crisis ambiental. Solo los explotados, los oprimidos y los jóvenes podrán completar las reformas necesarias en todas las áreas. Sin embargo, hoy existe un abismo entre esta alternativa anticapitalista urgente y el nivel de conciencia de la mayoría social. ¿Cómo llenarlo y cómo llenarlo lo antes posible? Este es el problema estratégico a resolver.

Como anticapitalistas, nos enfrentamos a diario con esta objeción: "Probablemente tengas razón, pero lo que propones nos deja con hambre, no es factible, necesitamos respuestas concretas, «mejor pájaro en mano». Por lo tanto, surge la pregunta: ¿no deberíamos optar por pequeños pasos? O, por otro lado, admitir que "todo está arruinado", que el "colapso" es inevitable y que la única salida es "crear pequeñas comunidades resilientes" (como dicen los "colapsólogos").

Los anticapitalistas están en favor de las reformas, no enviamos todo a la "gran noche". Los pequeños pasos son positivos cuando refuerzan el movimiento social y lo alientan a avanzar. Lo que estamos cuestionando es la idea de que sería posible introducir otra sociedad gradualmente, a través de una estrategia de pequeños pasos. ¿Por qué? Una de las razones es que esta estrategia dilata la transición en el tiempo, lo que está en clara contradicción con la urgencia. También rechazamos – a menudo van de la mano – las "soluciones milagrosas", que tampoco están a la altura del desafío. Por lo tanto, ¿qué hacer, qué perspectiva adoptar, qué estrategia proponer para no caer en un abismo entre un minimalismo insignificante y maximalismo impotente?

 
Primero, decir la verdad...

Creemos que lo primero es decir la verdad. ¿Nuestra alternativa anticapitalista te deja con hambre? Es normal, no podría ser de otra manera. Juntos, necesitamos transformar el hambre en un apetito por otra cosa, para propagar y hacer deseable en el imaginario la idea de una sociedad que produce menos y comparte más, por necesidades reales, con respeto por los seres humanos y las personas. no humano Esta es la función del esquema de programa de 13 puntos resumido anteriormente. Es necesario combatir tanto los discursos derrotistas como los que provocan ansiedad, y los discursos seudo-realistas, creando la ilusión de que el escenario óptimo (escenario 1 del IPCC) podría realizarse, o al menos abordarse, siguiendo un camino menos radical.

En los Estados Unidos, Alexandria Ocasio-Cortez ofrece un "New Deal Green". En Europa, Jean Jouzel y Pierre Larrouturou abogan por un "plan de financiamiento climático" ... Hoy en día, hay más y más propuestas de este tipo para caminos menos radicales. Las líneas se mueven, es innegable un efecto positivo del movimiento social. Sin embargo, si los examinamos en detalle, vemos que estas propuestas tienen tres puntos en común: 1) pasan por alto la cuestión clave de la reducción indispensable del consumo de energía, de la producción material y el transporte; 2) no excluyen el uso de tecnologías de emisión negativa como BCSC o las llamadas "tecnologías milagrosas" como el hidrógeno; 3) la mayoría de las veces, se abstienen de tomar una posición clara en el respeto de los compromisos con el Sur, en contra de la compra de créditos de emisión y mecanismos de compensación de carbono, etc. Por lo tanto, debemos ser claros: estos caminos menos radicales, que son más realistas que la alternativa anticapitalista, se ajustan más o menos claramente (muy claramente para Larrouturou-Jouzel, que quiere salvar a la Unión Europea) en el Proyecto de "capitalismo verde". Todos implican grados variables de "neocolonialismo climático" e impactos más importantes del calentamiento para humanos y no humanos que en el escenario 1, sin mencionar la espada de Damocles de la reversión irreversible y a gran escala mencionada anteriormente...

 
... Y apostar por la movilización social

El problema estratégico de la brecha entre la necesidad objetiva y las posibilidades subjetivas no se resolverá proponiendo alternativas con descuento. Solo puede ser llenado por el desarrollo de la movilización social. Es precisamente en este desarrollo que se encuentra la palanca para avanzar el nivel de conciencia en una escala masiva. La línea que proponemos para hacer esto se puede resumir en algunas líneas: no renunciar, expandirse, converger, organizar, democratizar, profundizar, desafiar, radicalizar, inventar. Comentemos brevemente sobre ellos:

- ¡No pasarán! La tarea que tenemos ante nosotros es a largo plazo. Tenemos la oportunidad de limitar el daño solo si nos registramos en la perspectiva de una lucha permanente. En el plazo inmediato, esto significa, en primer lugar, rechazar cualquier idea de una tregua electoral, en el marco de las elecciones europeas u otras encuestas. A más largo plazo, esto significa apostar conscientemente por la desestabilización y la deslegitimación de los poderes existentes. La agenda política, su temporalidad y sus instituciones no son nuestras. "No defendemos la naturaleza, somos la naturaleza que se defiende a sí misma". Apoyémonos en las manifestaciones perceptibles de la catástrofe que está en marcha; ¡que no faltan, por desgracia! - Para aumentar la presión y reiniciar la acción.

- ¡Expandir! El movimiento se está expandiendo constantemente desde la ola de calor del verano de 2018 en el hemisferio norte. Este es una de nuestras principales ventajas. Debemos seguir conscientemente este camino, establecer nuevas convocatorias, repetir la huelga del 15 de marzo en una escala más amplia, sentar las bases para un levantamiento global a favor del clima que involucra a decenas de millones, cientos de millones de personas. Somos la vida frente a la muerte. Nuestra ambición debe ser acorde con el desafío.

- ¡Converger! No se trata solo de ganar nuevos sectores de la juventud, o nuevas regiones, nuevos países. También se trata de trabajar pacientemente para unir las luchas sociales, sindicales, feministas, campesinas, antirracistas, decoloniales e indígenas a nivel de base, a través de las fronteras. La contribución de las feministas es importante, especialmente porque enfatizan la importancia de "cuidar". La de los pueblos indígenas es inspiradora porque muestra la posibilidad de una nueva visión de las relaciones entre humanos y no humanos. Las activistas de Vía Campesina ya están a la vanguardia, con su programa agroecológico y sus prácticas de acción directa... El desafío estratégico clave es separar al movimiento social-sindical de su alianza con el productivismo; esto implica principalmente la reapropiación de la reducción colectiva del tiempo de trabajo, para convertirlo en el reclamo ecosocialista por excelencia.

- ¡Organizar, democratizar y profundizar! Estos tres objetivos van de mano. En general, con algunas excepciones, el movimiento actual sufre de una falta de organización y democracia. Esto es en parte el resultado de su espontaneidad, que obviamente es agradable. Pero hay un vacío. Hoy en día, está lleno de individuos, de estructuras asociativas de larga data y de iniciativas de pequeños grupos en las redes sociales. Debemos ir más allá de esta etapa, evitar "sustituir" y prevenir intentos de recuperación. Para no ceder nada y construir convergencias a largo plazo se requiere un movimiento arraigado en estructuras básicas democráticas y no excluyentes, es decir, asambleas generales que elijan a personas revocables para que las representen de manera transparente en los lugares. Donde la lucha se coordine y decida sus objetivos. Este modo de organización es la mejor manera de profundizar la conciencia, pasar de los problemas inmediatos (clasificación de residuos, etc.) a cuestiones mas estructurales.

- ¡Desafíar! Greta Thunberg ha liderado el camino. Los líderes políticos y económicos están tratando de apropiarse su imagen, pero hasta ahora no cae en el marco del greenwashing. En Davos, frente al Parlamento Europeo y en otros lugares, no dudó en culpar a líderes carentes de compromiso. Sigamos su ejemplo. Abandonemos cualquier ilusión de que la política "llegará a entender" la necesidad de ser "más ambiciosa" porque alcanzará las llamadas soluciones "win-win" para conciliar el crecimiento-beneficio y el clima (que son una burla, porque no existen). Adoptemos una posición autónoma, de desconfianza sistemática e intransigente. Atrevámonos a desobedecer. Ataquemos sistemática, feliz y deliberadamente, la legitimidad de los propietarios, sus representantes políticos y todos aquellos que se niegan a abandonar el marco productivista y de crecimiento.

- ¡Inventar! Como parte del desafío, las acciones legales como "el acuerdo del siglo" y las demandas inmediatas tienen su lugar. Desafiemos a los que toman las decisiones para que adopten medidas concretas de inmediato: incluir la obligación de reducir las emisiones en la ley, aislar todos los edificios públicos y parapúblicos, hacer que el transporte público sea gratuito, prohibir la publicidad, abandonar obras importantes, etc. ... La lista de posibilidades es infinita. Más a largo plazo, el movimiento climático implica que hemos entrado en un nuevo período de la historia en el que la "cuestión ecológica" cruzará y articulará cada vez más claramente todas las cuestiones sociales. La consecuencia lógica es que tenemos que trabajar hacia la convergencia de luchas en una perspectiva interseccional. Esto plantea ahora una larga serie de preguntas sin resolver. Por ejemplo: ¿Qué herramienta política se debe forjar en el curso de la lucha para que ésta pueda pasar de la lucha anticapitalista a la construcción de un nuevo mundo?

- ¡Radicalizar! Debemos tomar conciencia de nuestra fuerza. Sin el movimiento climático, la COP21 no habría establecido el objetivo de mantener el calentamiento por debajo de 1.5 ° C. Debemos exigir que este paso sea seguido por medidas concretas y asegurarnos de que están a la altura del desafío y socialmente justos. Este es el significado del movimiento actual. Los propietarios y sus representantes políticos están bajo presión porque saben que el desafío del cambio climático es potencialmente revolucionario. Todas las corrientes están bajo presión, por lo que las líneas tienden a moverse. Entonces, en lugar de dejarnos arrastrar por el terreno minado de la estrategia de pequeños pasos, ampliemos la brecha. Para hacer esto, confrontemos cada nueva propuesta con el diagnóstico científico de lo que se debe hacer para mantenerse a menos de 1.5 ° C de calentamiento sin recurrir a tecnologías peligrosas y respetando las obligaciones hacia el Sur y la justicia social. Descubrir que "no encaja" ayudará al movimiento a radicalizarse hasta el punto en que podrá proponerse un programa anticapitalista hasta el desafío y luchar para imponer la formación de un gobierno sobre esta base.

 
Una temible carrera

¿Funcionará? Nadie puede garantizarlo: estamos atrapados en una aterradora carrera de velocidad entre la esperanza de la salvación y la caída a la barbarie. Desde este punto de vista, la situación presenta ciertas analogías con la que existía antes de la Primera Guerra Mundial, que Lenin caracterizó como una "situación objetivamente revolucionaria". El factor subjetivo fue totalmente incapaz de evitar la carnicería de 14-18, pero de la carnicería surge la revolución rusa ... que fue sofocada por fuera y estrangulada por dentro. Un siglo más tarde, surge una pregunta similar, en una escala aún más perturbadora: ¿hasta qué punto tendrá que llegar la humanidad en las trincheras de la catástrofe climática antes de, finalmente, volverse contra el capitalismo para deshacerse de este sistema criminal? La revolución, la irrupción de las masas en la escena en la que se juega su destino... ¿acudirá a la cita? ¿El capitalismo, por el contrario, mantendrá su poder de embrujo? Preguntas sin respuesta que nos devuelven a Gramsci, a su famosa cita sobre el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad. Este optimismo es un imperativo categórico, porque solo estamos seguros de una cosa: es el resultado de la carrera de velocidad entre el desastre y la conciencia de desastre que depende de la reaparición a escala masiva de un proyecto emancipador en el apogeo de las terribles amenazas cuya locura productivista amenaza a la humanidad. Un proyecto ecosocialista. No hay otra vía posible más que la lucha, no hay atajo.