Resolución Ecosocialismo de Anticapitalistas

[Extracto del texto aprobado por el II Congreso de Anticapitalistas]
 

1. Escenario

Nuestro panorama social y ecológico está marcado por una asunción de que el crecimiento económico y la sociedad de consumo es el mejor sistema posible para alcanzar las cuotas deseadas de bienestar. Sin embargo, la realidad nos está mostrando que hemos llegado a un punto de no retorno: la capacidad de la tierra para absorber el impacto de las actividades humanas está superado. Esto, que ya había sido advertido por diversos científicos y por el movimiento ecologista desde hace cuatro décadas, y que también se encontraba potencialmente en el marxismo – aunque apenas se desarrolla, la fórmula de la quiebra metabólica (Marx, El capital) consiste básicamente en esto – se evidencia hoy en las diversas formas de interactuar con la naturaleza que suponen una erosión profunda de nuestras bases materiales hasta el punto de afectar la subsistencia de las sociedades. El neoliberalismo, como forma de desarrollo del capitalismo tardío, representa una amenaza para las formas de vida tal y como las conocemos, y su permanente huida hacia delante en la senda del crecimiento económico y la desiguadad de clase se ha convertido en una amenaza planetaria ante la cual tenemos que plantear alternativas urgentes.

1.1. El horizonte actual

Las primeras décadas del siglo XXI ofrecen un panorama político convulso que, entre otras cosas, se ha convertido en un momento crítico para los planteamientos ecologistas y, por lo tanto, ecosocialistas. Mientras la crisis acaparaba todo el interés político y social, las investigaciones climatológicas, la dinámica de sistemas y el análisis de combustibles fósiles y otros materiales, por mencionar sólo algunos temas, evidencian que las dinámicas de reproducción social del capitalismo están entrando en una vía muerta. En términos políticos, los datos científicos más fiables nos llevan a aceptar que lo que se ha producido es la superación del horizonte ecologismo clásico, en la medida en la que la actividad y el campo propositivo del ecologismo se sustentaba en la idea de que era posible plantear soluciones de transformación socio-económica que permitieran la contención de los elementos más agresivos en términos ecológicos. Ese escenario es, a día de hoy, inalcanzable, de acuerdo a la investigación solvente de los últimos lustros y especialmente en los últimos tres o cuatro años. Por otra parte, esta situación ha tenido una repercusión idéntica en los partidos ecologistas de toda Europa que, en mayor o menor grado, se entregaron a soluciones pactadas con el sistema capitalista y están hoy vacíos de contenido.

Son dos los sectores que amenazan con desencadenar la crisis a corto plazo: agotamiento de combustibles fósiles y cambio climático en el marco de una década. Científicos como Jim Hansen plantean que ni los objetivos de mantener el incremento de la temperatura por debajo de dos grados son factibles a día de hoy ni se puede considerar que un objetivo como ese contenga los resultados desastrosos. Por otra parte, la cuestión del agotamiento del petróleo y demás combustibles fósiles ha estado presente durante décadas, de forma irregular, y hoy vuelve a escena en la elaboración teórica de investigadores como Antonio Turiel, con el agravante de que el principal elemento de negación de la crisis energética, que consistía en que el desarrollo tecnológico encontrara otras formas de acceder a energía, ya no tiene ningún soporte – nunca la tuvo, aunque hoy es evidente a todas luces - una vez vistos los magros resultados de tecnologías como las arenas bituminosas o el fracking. Sin petróleo suficiente nos enfrentaremos a la incapacidad de mantener la agrícola industria agroalimentaria, los transportes o todo el sector petroquímico. Estas dos crisis desembocarán en la aceleración de otras crisis ecológicas, también en ciernes, provocando un escenario de fenómenos que se retroalimentan, lo cual nos deja un panorama de progresivo agotamiento de otros materiales, escasez de recursos estratégicos o incapacidad de explotar aquellos que aún estén disponibles por la carencia de energía, bajada dramática del rendimiento y desajuste de los sistemas de producción alimentaria, etc. Estas “crisis sectoriales” vendrán a agudizar el bloqueo del capital en la realización del proceso de extracción/producción/consumo, con el consiguiente parón de las dinámicas de acumulación y reproducción del capital, y producirá la aparición de múltiples y diversas situaciones de emergencia social: escasez alimentaria, hambrunas, intensificación de los conflictos geopolíticos y bélicos de diversa intensidad, migraciones climáticas masivas y constantes, etc. El escenario global a corto y medio plazo sería, previsiblemente, el de un – aún más creciente – control de flujos de personas y probablemente de capitales, aparición de enfrentamientos regionales por el control de recursos – agua, nichos energéticos, zonas especialmente rentables en la producción o distribución de bienes – y una reordenación general de los equilibrios del poder internacional.

1.2. Un cambio de escenario

El periodo que se abre ahora, bajo un escenario de recrudecimiento intensivo de las condiciones ecosistémicas, presenta alternativas políticas muy peligrosas. Al igual que hemos visto como la crisis económica ha desembocado en posiciones respecto a la migración que hubieran sido difícilmente concebibles hace una década – o abiertamente condenadas como fascistas – el panorama de las crisis climática y energética puede llevar a situaciones extremas y una polarización global y un repliegue violento de los núcleos de poder. Por otra parte, el hecho de que hayamos llegado a situaciones tan duras muestra una única oportunidad, y es que es previsible que lo que antes era uno de los escollos fundamentales a la hora de extender el movimiento podría vaya despareciendo. La lejanía de las amenazas ecosistémicas se está convirtiendo en una realidad pasada. Aunque tímidamente, las menciones al cambio climático en el conjunto de la población empiezan a mostrarse, como también los efectos de la contaminación urbana o el terrible deterioro de los espacios naturales ante una industria capitalista cada vez más incapaz de respetar ni un metro de terreno debido a su crisis constante. Fenómenos como el de la mina de uranio a cielo abierto en la provincia de Salamanca, que está despertando un rechazo generalizado en la población del entorno – pese a ser una zona muy conservadora en la que los argumentos productivistas calaban con facilidad – o la evidencia del incremento constante de temperatura o el alargamiento de los veranos se han convertido en temas de discusión, y esto forma potenciales grietas en el imaginario dominante. La propuesta de transformación ecosocial debería ser capaz de aprovecharlos e impulsarlos, siendo además conscientes de que la carencia energética – y con ella, la carestía o indisponibilidad de bienes y servicios – serán una realidad en pocos años. Por supuesto, no podemos predecir el desarrollo concreto de las crisis ecológicas y de las fracturas y reacciones sociales que vendrán con esas crisis, pero se trata de escenarios muy fundados.
 

2. Propuesta política

2.1. Ecosocialismo

La orientación política, de acuerdo a lo anterior, debe tratar de solucionar los problemas de despliegue de estos temas y coordinarlos con una dimensión política y de construcción de movimiento, tratando de construir un imaginario de transformación social con una propuesta alternativa que pueda funcionar como horizonte revolucionario

Planteamos que se traslade el foco de la parte más descriptiva y de denuncia hacia la parte más política, y en esta línea deberíamos a empezar a orientarnos más al ecosocialismo que a lo que es propiamente ecologismo. En primer lugar, si nuestro proyecto es de izquierda revolucionaria, la cuestión del diagnóstico ecológico es fundamental para nuestra formación y como base de la actuación, pero el centro de la actividad debe estar dirigido a una propuesta de ruptura en la que tenemos que ser capaces de mostrar el vínculo entre el capital, la crisis ecológica y la desigualdad global, de clase y de género.

En segundo lugar, debemos ser capaces de generar un nivel de propuesta focalizado en las clases populares, mostrando que si bien tienen que descender niveles de consumo, no tienen que hacerlo tanto como los sectores dominantes de la sociedad y sobre todo que esa reducción de consumo no es comparable en términos de calidad de vida a los beneficios de una proyecto ecosocialista centrado en menos trabajo, entornos de cercanía, y desarrollo comunitario. Es decir, tenemos que construir un proyecto de transformación ecosocial de clase.

Y en tercer lugar, necesitamos una aproximación que evite la culpabilización de las mayorías por los resultados de una crisis que no ha sido producida por personas sino, fundamentalmente, por la dinámica de crecimiento constante que impone la permanente valorización del valor capitalista. Necesitamos ayudar en lo concreto a visibilizar el proceso de colapso de nuestra civilización industrial; necesitamos también ayudar a deslegitimar el mantenimiento de la lógica de la modernidad capitalista y de todo su entramado cultural, económico y productivo por su incompatibilidad con el desarrollo de la vida; necesitamos igualmente ayudar a fortalecer y legitimar un nuevo relato cultural entre las mayorías sociales orientado a transitar hacia sociedades más democráticas, justas, equitativas, solidarias, sostenibles y diversas; y por último también necesitamos ayudar a visibilizar, fortalecer e impulsar en nuestros campos, barrios, pueblos y ciudades toda una diversidad de movilizaciones, iniciativas y políticas capaces de disputar de forma una vida buena que vaya construyendo las alternativas que precisamos para cuidar de la tierra y sus gentes.

2.3. Alianzas y orientación estratégica

La propuesta política debería abordar una diversidad de ejes en las que la consigna podría resumirse en construir por abajo y golpear por arriba. En lo que se refiere a la construcción, el relativo crecimiento del interés en estos temas, unido a la pobreza de las demás organizaciones políticas en ecologismo, debe entenderse como una oportunidad para ampliar el ámbito de influencia y, allí donde sea posible, intervenir en espacios o incluso crearlos, con el objetivo último de llamar la atención de nuestras socias en movimientos ecologistas sobre el hecho de que existe un conflicto de intereses en la sociedad y que la dinámica ecosistémica se debe a este conflicto, en el cual los intereses principales (o verdaderamente gobernantes) son ajenos a los que tendría hipotéticamente una mayoría social que apueste por la construcción de una sociedad alternativa

La territorialización de estas luchas ha sido un factor histórico en el ecologismo, por ejemplo con la cuestión nuclear, pero limitado. Si se va dando un incremento de la conciencia de lo ecológico como conflicto, uno de los aspectos será tratar de darle dimensión política a esa conciencia, trabajando en espacios abiertos y tratando de superar el cierre de filas interno que, por desgracia, ha caracterizado a algunos movimientos ecologistas. Además, están surgiendo realidades nuevas en torno a proyectos como Ciudades en Transición o colectivos ecofeministas y decrecentistas que hasta ahora eran casi residuales y que empiezan a atraer un público menos ideologizado pero con interés creciente. En este tipo de espacios, si somos capaces de conseguir una formación adecuada y un mínimo de coordinación, podemos aspirar a asumir funciones relevantes, asumiendo que se trata de formas de entrada al conflicto ecológico y que por lo tanto tienen un potencial amplio pero parten desde elementos muy contradictorios y aún carentes de perspectivas sistémicas ni ecosocialistas. Nuestras tareas en este tipo de espacios son de agitación y profundización para hacer visible la imposibilidad de plantear escenarios de encaje sistémico dentro del capitalismo.

2.4. Ejes programáticos

Los ejes programáticos son el conjunto de medidas que deben permitirnos dar salida político-institucional a las propuestas políticas de base, articulando de forma concreta los retos ecosociales. En la elaboración de un programa ecosocialista se juega también la presentación del propio ecosocialismo como un proyecto político de transformación sólido que pueda ser recibido como una alternativa factible – asumiendo que está por construir y es un proceso vivo con un alto grado de incertidumbre – como un conjunto de medidas que den respuesta a las cuestiones abiertas por las crisis ecológica, económica, de clase y de cuidados. Una transformación ecológica pone sobre la mesa cuestiones contradictorias con el imaginario dominante, sobre todo en lo que se refiere a niveles de consumo y disponibilidad de energía. Las propuestas programáticas deben ser capaces de plantear soluciones prácticas que aborden este tipo de las temas para hacer que esa transformación, aparentemente contradictoria con los esquemas de bienestar vigentes, muestren una potencialidad fuerte para la mejora de la vida de las clases populares. En esta línea, la reducción del tiempo de trabajo, que está en la elaboración teórica de muchos ecosocialistas, no ha llegado nunca a convertirse en un eje programático serio de una propuesta mayoritaria – si exceptuamos las luchas por las 35h, hoy descartadas, que nunca fueron puestas en relación con la temática ecosocialista. Se trata de crear un escenario en el que a la reducción de nuestra disponibilidad material le acompaña un crecimiento del tiempo libre, facilidades para el ocio comunitario o entornos urbanos liberados de usos mercantiles y disponibles para usos comunes.

Al mismo tiempo, hay una serie de medidas históricas que son herederas del movimiento ecologistas y que tienen que estar en cualquier programa, porque suponen un compromiso de cualquier propuesta ecosocialista consciente de lo que debe a décadas de ecologismo y también como forma de colaborar y establecer alianzas con los movimientos.

Es igualmente necesario desarrollar contenidos innovadores, capaces de llamar la atención por sí mismos y trabajar en la renovación de un discurso y una imagen que, aunque sea profundamente injusto, está catalogada como contenidos políticos irrealizables y poco atractivos. Esto, que algunos autores ya denominan ecofatiga, es muy dañino de cara a construir un movimiento amplio. Superarlo implica construir sobre proyectos nuevos y de carácter propositivo, pero también asumir ciertos riesgos en el área comunicativa. Para plantear una alternativa a los desplazamientos constantes en vehículo privado es imprescindible hablar de transporte público pero también es posible hablar de la instalación en pueblos y barrios de zonas de ocio al aire libre y espacios de ensayo para creación cultural o musical, de tal forma que el ocio deje de ser pasivo/receptivo y vinculado al consumo en los grandes centros urbanos y áreas comerciales. Otro tanto se puede decir de la cuestión de animalismo, que agrupa a sectores cada vez más amplios. Las diversas formas de explotación y destrucción de la vida animal (y no sólo animal) en las sociedades industrializadas del capitalismo tardío ponen de manifiesto los fundamentos de un sistema para el que todo lo vivo es reducible a mercancía.